Argentina subcampeona: polémica por feriado nacional
Argentina perdió la final. Cayó 1-0 en la prórroga ante España, castigada por un gol de Ferran Torres y por una noche sin un solo remate al arco en Nueva York. No retuvo la corona del mundo. No hubo épica, ni remontada, ni hazaña. Y, sin embargo, el Gobierno decidió abrir la puerta a un feriado nacional para homenajear la campaña.
Un feriado por un segundo puesto
El anuncio sorprendió incluso en un país acostumbrado a los extremos. El Gobierno informó que serán los propios jugadores y el cuerpo técnico quienes elijan el día que podría convertirse en feriado nacional para celebrar el subcampeonato.
El presidente Javier Milei lo comunicó por X, sin rodeos: si el plantel define una fecha para festejar “el logro alcanzado”, ese día será declarado feriado. Una concesión inusual para un equipo que, esta vez, se quedó a un paso.
La decisión chocó de frente con el dato frío: la Albiceleste no solo perdió la final, sino que ofreció una actuación deslucida, sin colmillo, sin tiros al arco, sin el fuego que había marcado su camino al título anterior.
Ausencia en la final y superstición presidencial
Milei ni siquiera viajó a la final. No por agenda, no por conflicto diplomático: por superstición. Eligió seguir el partido a la distancia, convencido de que su presencia podía “mufar” al equipo. Argentina perdió igual, y el presidente terminó en el centro de la escena por otro motivo.
Mientras el país digería el golpe deportivo, el mensaje presidencial empezó a circular. El tono fue de agradecimiento al plantel, con una defensa explícita de Lionel Messi y sus compañeros. En otra publicación, Milei escribió un “gracias totales” a los jugadores y celebró que el equipo peleó “hasta el final con las botas puestas”, rematando con un concepto que repite como mantra: Argentina “siempre en la cima”.
El elogio contrastó con el humor social. Una parte de la hinchada no estaba para celebraciones.
Orgullo, enojo y sospechas
La reacción fue inmediata. Para muchos argentinos, decretar un feriado por un segundo puesto sonó a desmesura. O, directamente, a error técnico. Las redes se llenaron de mensajes preguntando si se trataba de una confusión administrativa o de una lectura equivocada del clima callejero.
El desconcierto se mezcló con un argumento recurrente: el plantel, dicen muchos hinchas, preferiría volver a sus clubes cuanto antes, descansar, cambiar el chip, antes que subirse a un nuevo desfile por un logro que no fue el máximo objetivo.
Otros, en cambio, reivindicaron el camino recorrido, el desgaste físico y emocional, la presión de defender el título. Para ellos, el reconocimiento oficial no sobra, aunque el resultado final haya sido una derrota.
Entre el orgullo por la camiseta y la incomodidad por el festejo oficial, el país quedó partido en sensaciones.
Messi, el ocaso y la reconstrucción
Mientras el Gobierno discute feriados, la Selección entra en otra etapa. El cuerpo técnico debe girar la mirada con rapidez: se viene el recambio. El núcleo veterano que sostuvo los últimos años dorados empieza a despedirse de la escena internacional.
Todo apunta a que Lionel Messi disputó su sexto y último Mundial. A los 39 años, con Inter Miami como base de operaciones, el capitán todavía no anunció formalmente su adiós de la Selección, pero el final se siente cerca. Cada partido con la Albiceleste tiene ahora un aire de epílogo.
Para el banco de Lionel Scaloni y su equipo de trabajo, el desafío es claro: encontrar la próxima columna vertebral mientras se va apagando la generación que lo ganó casi todo.
La pregunta ya no es solo si habrá feriado o no. La verdadera incógnita es otra: quién tomará la posta cuando Messi y los suyos den el paso al costado y Argentina tenga que aprender a pelear sin ellos en la cima del mundo.
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