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Cremonese sorprende a Udinese en la Serie A 2025

En el Bluenergy Stadium - Stadio Friuli, la noche dejó un marcador corto pero pesado: Udinese 0–1 Cremonese, en la jornada 37 de la Serie A 2025. Un duelo que, más allá del resultado, enfrentaba dos identidades opuestas: un Udinese asentado en la zona media (10.º con 50 puntos, balance total de 45 goles a favor y 47 en contra, para una diferencia de -2) contra una Cremonese al borde del abismo, 18.ª con 34 puntos y un lastre defensivo evidente (31 goles a favor y 53 en contra, diferencia total de -22).

La fotografía de la temporada explicaba parte del guion. Heading into this game, Udinese llegaba con una campaña irregular pero productiva: 14 victorias, 8 empates y 15 derrotas en total, con una media de 1.2 goles a favor y 1.3 en contra por partido. En casa, el equipo de Kosta Runjaic había sido más tacaño y menos brillante: solo 18 goles a favor y 21 en contra en 19 encuentros, promediando 0.9 goles anotados y 1.1 encajados. Cremonese, por su parte, vivía casi en el extremo opuesto: una escuadra sufridora, con 8 victorias, 10 empates y 19 derrotas, que en sus viajes apenas sumaba 14 goles en 19 salidas (media de 0.7) y recibía 28 (1.5 por partido).

El contexto disciplinario y de ausencias marcó el tablero táctico desde antes del pitido inicial. Udinese afrontó el choque sin K. Ehizibue (sancionado por acumulación de amarillas) y sin tres piezas que habrían cambiado el cariz del plan ofensivo: J. Ekkelenkamp (lesión de pierna), N. Zaniolo (problemas de espalda) y A. Zanoli (rodilla). La baja de Zaniolo, máximo asistente del equipo con 6 pases de gol en la temporada, obligó a redistribuir la creatividad interior y restó amenaza en las conducciones entre líneas.

Cremonese tampoco llegaba indemne: F. Baschirotto (muslo), W. Bondo (lesión muscular), F. Ceccherini (muscular) y F. Moumbagna (muscular) se quedaron fuera. Especialmente sensibles las ausencias de Baschirotto y Ceccherini, dos perfiles de zaguero que habrían reforzado la rotación en una defensa ya castigada por los 53 goles encajados en el curso.

Ambos técnicos apostaron por un espejo táctico: 3-5-2 contra 3-5-2. Runjaic articuló su estructura alrededor de una línea de tres con T. Kristensen, C. Kabasele y O. Solet delante de M. Okoye. Por fuera, H. Kamara y J. Arizala ofrecían amplitud, mientras que el carril central se sostenía con L. Miller, J. Karlstrom y A. Atta. Arriba, el plan ofensivo se resumía en la doble punta A. Buksa – K. Davis.

Marco Giampaolo respondió con su versión más reconocible: tres centrales (F. Terracciano, M. Bianchetti, S. Luperto) protegiendo a E. Audero, una línea de cinco muy trabajada con T. Barbieri y G. Pezzella por fuera, y un triángulo interior de trabajo intenso formado por M. Thorsby, A. Grassi y Y. Maleh. En punta, el binomio F. Bonazzoli – J. Vardy mezclaba apoyo, movilidad y ataque al espacio.

El Gran Duelo

El gran duelo, el “Cazador contra el Escudo”, enfrentaba a K. Davis contra la zaga más castigada de la categoría. Davis venía firmando una temporada de delantero total: 10 goles y 4 asistencias, 25 tiros a puerta sobre 38 intentos y 29 pases clave, con una calificación media de 7.04. Un atacante que, además de finalizar, sabe bajar a combinar y fijar centrales, ganando 146 duelos de 310. Sobre el papel, su potencia debía poner al límite a una Cremonese que, en total, encajaba 1.4 goles por partido.

Sin embargo, la estructura visitante logró diluirlo. Bianchetti y Luperto estrecharon el bloque, mientras Thorsby y Maleh acudían constantemente a la ayuda, cerrando líneas de pase interiores. La ausencia de un generador del perfil Zaniolo en Udinese hizo que Davis recibiera balones más previsibles, fácil presa para una defensa que, pese a sus números globales, se mostró compacta en Udine.

En el otro área, el contrapunto lo puso Bonazzoli. Con 9 goles y 1 asistencia en la temporada, 31 remates a puerta y una notable presencia en duelos (125 ganados de 242), el atacante de Cremonese simbolizaba la última esperanza ofensiva de un equipo que, en total, apenas promediaba 0.8 goles por partido. Su movilidad entre líneas, cayendo a la espalda de Karlstrom, obligó a Udinese a retroceder metros y a Kabasele a salir de zona más de lo deseado.

La Sala de Máquinas

El “Motor” del encuentro se jugó en la sala de máquinas. Sin Zaniolo, Udinese delegó la dirección en Karlstrom y Miller, dos perfiles más de ritmo y pase corto que de ruptura. Enfrente, A. Grassi y Thorsby se encargaron de ensuciar cualquier intento de progresión por dentro. La batalla se inclinó hacia Cremonese gracias a la capacidad de su línea de medios para ganar segundas jugadas y hacer bascular el bloque rival.

En el apartado disciplinario, los patrones de la temporada también pesaron. Udinese es un equipo que concentra el 27.94% de sus amarillas entre los minutos 61 y 75 y otro 22.06% entre el 76 y el 90, una clara tendencia a la ansiedad en los tramos finales. Cremonese, por su parte, reparte su agresividad pero alcanza un pico del 26.09% de amarillas en el último cuarto de hora reglamentario. Ese doble rasgo se tradujo en un tramo final áspero, con muchas interrupciones y poca claridad, ideal para que el equipo que iba por delante —en este caso Cremonese— congelara el partido.

Desde la óptica de la probabilidad y el rendimiento, el 0–1 encaja en una lectura: un Udinese que, en casa, sufre para marcar (0.9 goles de media) frente a una Cremonese que, lejos, acostumbra a vivir de marcadores cortos (0.7 a favor, 1.5 en contra). Aunque no disponemos de datos de xG del encuentro, la tendencia de ambos sugiere un choque de baja producción ofensiva, donde cualquier detalle —un desajuste en la línea de tres, una transición mal defendida— podía decidir.

Following this result, la derrota no compromete seriamente la posición de Udinese en la mitad de la tabla, pero subraya sus límites creativos sin sus piezas más talentosas. Para Cremonese, en cambio, el triunfo en Udine es una bocanada de aire en plena lucha por la permanencia: confirma que, incluso con un ataque limitado, la disciplina del 3-5-2 de Giampaolo y la jerarquía de Bonazzoli pueden sostener un plan de supervivencia a un solo gol.