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Cristiano Ronaldo: No soy el jugador que era antes

Cristiano Ronaldo, frente al espejo: “No soy el jugador que era antes”

En la víspera de otro todo o nada mundialista, Cristiano Ronaldo decidió adelantarse a todos. Sin rodeos. Sin disfrazar la realidad.

“No soy el jugador que era antes”, admitió el capitán de Portugal ante los medios, a 24 horas del cruce de octavos de final del Mundial contra España en Texas (20:00 BST). Lo dijo un futbolista de 41 años, que volvió a confirmar que este será su último Mundial, con tres goles en el torneo pero un debate encendido sobre su peso real en el juego.

Le preguntaron por su futuro, por las críticas, por ese runrún que no cesa. Su respuesta fue un disparo directo:

“No me está yendo tan mal. Llevan 23 años intentando matarme, pero ya habrán visto que no merece la pena, es una pérdida de tiempo, pero intentan e intentan e intentan e intentan e intentan. Como dije antes, me detendré cuando yo elija, no cuando ustedes elijan. Siempre hacen la misma pregunta. Este será mi último Mundial, pero esperemos que mañana no sea mi último partido”.

Final de una Era

Siete meses antes de cumplir 42, se acerca el final de una era: la del capitán, líder y referencia absoluta del campeón de Europa en 2016. El cinco veces ganador de la Champions League encara su “último baile” mundialista, expresión que su propia hermana utilizó antes del duelo de dieciseisavos contra Croacia en Toronto.

Perisic, el susto y el relevo

Cuando Ivan Perisic adelantó a Croacia en el minuto 53, el escenario fue brutal: el partido número 232 de Cristiano con la selección podía convertirse en el último. Un país entero contuvo la respiración.

Ronaldo no se escondió. Empató de penalti, su primer gol en fases eliminatorias de un Mundial. Un dato que, a estas alturas de su carrera, suena casi increíble. Poco después, Roberto Martínez tomó una decisión pesada como el plomo: retirar al icono nacional.

Cristiano se marchó con gesto torcido, visiblemente molesto. Pero el movimiento resultó certero. Gonçalo Ramos, el delantero señalado como heredero natural, apareció desde el banquillo y firmó el tanto que clasificó a Portugal en un final caótico.

Desde ese instante, la pregunta se instaló en todas las tertulias: ¿debe seguir siendo titular Cristiano contra España? ¿O ha llegado la hora de Ramos?

Un gigante en revisión

Ronaldo afronta este Mundial como máximo goleador histórico del fútbol de selecciones, con 146 tantos, y como el hombre que cambió la mentalidad de todo un país. Portugal ya no se conforma: compite para ganar, se mira al espejo de las grandes potencias. Y ese cambio lleva su nombre.

En sus cinco Mundiales anteriores, Cristiano aterrizó siempre con un estatus intocable. Esta vez, no. Esta vez se discute si debe dar un paso atrás, asumir un rol menor, dosificar su presencia sobre el césped.

La crítica más dura llega desde dentro de la propia historia del fútbol portugués. Antonio Simões, integrante de la selección que fue tercera en el Mundial de 1966, fue tajante:

“Él no juega para ganar, juega para ser la figura principal. ¿Entienden que es lo contrario de Eusebio? Llamemos a las cosas por su nombre. No tengo nada contra él. Todavía puedo ver, oír y pensar. Pero no puedo huir de la realidad de los hechos”.

Los hechos también se leen en las cifras. Cristiano ha marcado en los seis Mundiales que ha disputado. Empezó con un penalti a Irán en 2006, siguió con un gol a Corea del Norte en Ciudad del Cabo en 2010 y otro a Ghana en Brasilia en 2014. En 2018, dejó una de sus grandes noches: hat-trick a España en Sochi y, cinco días después, el tanto del triunfo ante Marruecos en Moscú. En Qatar 2022 volvió a ver puerta de penalti ante Ghana.

En este torneo en Estados Unidos y Canadá suma ya tres goles: dos en el 5-0 a Uzbekistán en Houston el 23 de junio y el penalti decisivo frente a Croacia en Toronto.

El debate táctico

Roberto Martínez, cuestionado por mantenerlo en el once, defiende su apuesta: “Su liderazgo y ese trabajo en el último tercio siguen siendo de los mejores del mundo”, argumentó cuando le preguntaron por qué continúa alineándolo de inicio.

Desde que el técnico español tomó las riendas en 2023, tras su salida de la selección de Bélgica, Cristiano ha jugado 36 de los 44 partidos de Portugal. La mayoría de sus ausencias se explican por lesiones o sanciones.

Curiosamente, las dos mayores goleadas del ciclo llegaron sin él: 9-0 a Luxemburgo en Faro, en septiembre de 2023, y 9-1 a Armenia en Oporto, en noviembre. Cada uno de esos marcadores avivó el mismo debate: ¿juega mejor Portugal sin su capitán?

Mientras tanto, el país sigue adorando al futbolista “que nos hizo soñar”.

En este Mundial, sus estadísticas son una mezcla incómoda: máximo goleador del equipo con tres tantos, pero con un peso limitado en la generación de juego. Ha intentado 15 disparos, casi el doble que cualquier compañero, y no ha creado ni una sola ocasión. Ningún otro jugador ha chutado tanto sin producir una oportunidad de gol.

En tres de los cuatro partidos disputados, Cristiano ha tocado menos de 25 balones —uno de ellos saliendo desde el banquillo—, sus cifras más bajas de participación en un encuentro mundialista. Promedia el menor número de toques por partido de toda su carrera en Copas del Mundo. Ante Croacia, su única intervención en el área rival fue el penalti que decidió el duelo.

También corre menos hacia el espacio: 4,4 desmarques al espacio por encuentro, muy lejos de los registros de los dos últimos Mundiales, cuando ya actuaba como ‘9’ referencia.

Y, sin embargo, una parte mayoritaria de la afición no quiere ni oír hablar de su suplencia.

“Creo que debe ser él quien decida si quiere seguir o no”, explicaba Angelo, seguidor portugués, antes del partido ante Croacia. “Por lo que ha hecho por Portugal como nación, él debería decidir eso al 100%”.

Ídolo global, patrimonio nacional

La escena fuera del campo explica casi tanto como las estadísticas dentro de él. Veintitrés años después de su debut con la absoluta, la fiebre por Cristiano no se apaga. Se multiplica.

En Toronto, resultaba más fácil encontrar una camiseta de Portugal con su nombre que sin él. Antes del choque frente a Croacia, la euforia desbordó las calles: los aficionados llegaron a bloquear por momentos una de las principales autopistas de la ciudad canadiense solo para intentar verlo de cerca.

Hasta quienes no siguen el fútbol saben que algo especial está ocurriendo. El taxista que llevaba a un periodista desde el aeropuerto al hotel lo resumió con naturalidad: las televisiones y radios locales llevaban días volcadas con la presencia de Ronaldo. “Debe de ser especial”, decía.

Una aficionada local confesó haber gastado el sueldo de todo un mes para comprar una entrada y poder ver en directo a uno de los grandes de la historia en un Mundial. Para muchos, una inversión emocional más que económica.

Entre los hinchas portugueses, el orgullo se mezcla con la nostalgia anticipada. “En el escenario mundial no teníamos a nadie después de Eusebio”, contaba João. “Ronaldo llegó y nos hizo soñar”.

Lucília iba más allá: “La gente habla de Portugal por él. No se olvida de dónde viene, recuerda a la gente. Lo adoro. Ronaldo significa más para Portugal que cualquier político”.

Diana, otra seguidora, se prepara para el golpe que supondrá su adiós a la selección: “Claro que voy a estar triste. El mundo entero estará triste, porque no importa a quién apoyes. Ronaldo ha tenido una carrera maravillosa y ha sido un jugador ejemplar. Yo le diría: ‘Muy bien, Cristiano. Disfruta de tu retiro. Te lo mereces después de entretener al mundo’”.

La última palabra

En la sala de prensa, Ronaldo fue despedido con aplausos. Respondió con una mezcla de desafío y serenidad.

“No voy a ser más Cristiano Ronaldo o menos porque gane el Mundial. Incluso doy las gracias por los ataques que siento desde que cumplí 40… la crítica es como creces, así que gracias por hacer esto. Pase lo que pase mañana, Cristiano Ronaldo se irá con la conciencia tranquila, no al 100%, sino al 1.000%, porque en la vida y en el fútbol lo di todo”.

La decisión ahora pertenece a Roberto Martínez. ¿Mantener al mito desde el inicio ante España, en lo que podría ser su última aparición en un Mundial, o premiar a Gonçalo Ramos con la titularidad tras su gol salvador?

Sea cual sea la elección, el partido en Texas no será solo un cruce de octavos. Puede convertirse en la noche en la que Portugal empiece, por fin, a imaginarse sin el hombre que la hizo soñar durante dos décadas.