Egipto denuncia injusticia tras la remontada de Argentina
Hossam Hassan salió de la sala de prensa con la misma furia con la que había vivido los 90 minutos. Su Egipto había rozado los cuartos de final del Mundial, había tenido contra las cuerdas a la campeona del mundo, y terminó eliminado por un 3-2 que deja cicatrices profundas.
Para el seleccionador egipcio no fue solo una derrota. Fue una injusticia.
“Nos han engañado, hemos sufrido una injusticia”, lanzó, sin rodeos, en una rueda de prensa incendiaria. No habló de mala suerte. Habló de “robo”.
Egipto golpea primero… y el VAR entra en escena
El plan egipcio fue valiente y eficaz. Yasser Ibrahim abrió el marcador con un cabezazo que silenció a la grada albiceleste y descolocó a una Argentina aturdida, incapaz de encontrar ritmo bajo el sol del mediodía angelino.
Con el 1-0, llegó la primera herida. Mostafa Zico cazó el segundo tanto, pero el festejo duró poco. El VAR intervino para detectar una falta previa sobre Lisandro Martínez, mucho antes de la definición. Gol anulado, ventaja mínima y una sensación de agravio que empezó a crecer en el banquillo africano.
Hassan no lo olvidaría: “Un segundo gol fue increíblemente anulado”, repetiría después, aún con la adrenalina a flor de piel.
Zico, sin embargo, no se hundió. Volvió a aparecer y, esta vez sí, dobló la ventaja. Egipto se veía a un paso histórico: acariciaba por primera vez los cuartos de final de un Mundial. Argentina, contra las cuerdas. El campeón, obligado a una remontada desesperada.
Messi falla, pero no desaparece
El partido ya venía caliente cuando llegó otro punto de inflexión. Tras el 1-0, una caída de Nicolás Tagliafico en el área egipcia derivó en penalti para Argentina. Lionel Messi, con todo el peso del torneo sobre sus hombros, se plantó ante Mostafa Shobeir.
Y falló.
El portero egipcio adivinó la intención y detuvo el disparo. Otro capítulo en la extraña relación de Messi con los penaltis mundialistas: ha errado cuatro de sus ocho lanzamientos (sin contar tandas) en Copas del Mundo, dos de ellos en esta misma edición.
Egipto lo celebró como un gol. Y lo era, en términos anímicos. El campeón parecía vulnerable, Messi parecía humano y el reloj corría a favor de los faraones.
Pero Argentina, herida, reaccionó.
Cristian Romero recortó distancias y devolvió la vida a su equipo. El 2-1 cambió el aire del partido. El campeón se instaló en campo rival, apretó, insistió. Hasta que apareció, otra vez, el de siempre.
Messi, el mismo que había fallado desde los once metros, se encontró con la pelota en zona de definición y fusiló el empate. Octavo gol en el torneo. Rugido argentino. Golpe psicológico brutal para Egipto.
El gol de Enzo y la jugada que desata la furia egipcia
Con el 2-2, el encuentro se convirtió en un ejercicio de resistencia para Egipto y de fe para Argentina. El campeón olió la sangre y se lanzó por la victoria. La defensa africana aguantó como pudo. Hasta que llegó la jugada que desataría la tormenta.
Enzo Fernández firmó el 3-2 que completaba una remontada monumental. Argentina celebró como se celebran las victorias que saben a supervivencia.
En el otro lado, la escena era opuesta: incredulidad, protestas, rabia. Egipto reclamaba que, en el inicio de esa acción, Alexis Mac Allister había sujetado claramente la camiseta de Hamdy Fathy dentro del área argentina. Para Hassan, la jugada merecía penalti. Y, sobre todo, revisión.
“Un penalti fue ignorado, ni siquiera se revisó en el VAR. Todos hemos visto la imagen de la camiseta siendo estirada”, denunció el técnico. “No hemos visto respeto ni juego limpio”.
La sensación en el banquillo egipcio era de abandono, de que el sistema arbitral no había estado a la altura. De que el sueño se les había escapado por algo más que detalles futbolísticos.
“Querían que siguiera Messi”
Hassan fue más allá en sus acusaciones. No habló solo de errores. Habló de intereses.
“Quizás querían mantener a los campeones del mundo en la competición. Quizás querían que Messi siguiera en carrera”, declaró a BeIn Sports. “En el fútbol, a veces hay factores externos que van más allá de lo técnico. Los campeones del mundo recibieron apoyo a todos los niveles”.
No aportó pruebas, pero su mensaje fue directo: Egipto se siente víctima de un arbitraje condicionado por el peso del rival y de la figura de Messi.
La FIFA tendrá su propia lectura. Egipto ya ha emitido la suya, a través de un seleccionador que decidió incluso romper con el torneo.
“No voy a seguir viendo los partidos de este Mundial”, anunció. “Esta es mi manera de alzar la voz”.
El horario, otra batalla
Hassan también cargó contra la organización por el horario del encuentro, fijado al mediodía local, apenas cuatro días después de que ambos equipos disputaran sus duelos de octavos de final.
“Quien programa estos partidos nunca ha jugado al fútbol”, disparó. “Nunca se programa un partido a las 12 del mediodía. A esa hora sales a caminar o a comer algo, no a jugar al fútbol. ¿Cuándo se supone que deben comer los jugadores? ¿A las 7.30 de la mañana?”.
Para el técnico, el calor, la recuperación limitada y el contexto general formaron parte de un paquete de decisiones que perjudicó a su selección.
“Ha habido muchas cosas que cuestionar dentro y fuera del campo”, remató.
Un campeón que sobrevive, un eliminado que no perdona
En lo estrictamente deportivo, Argentina sobrevivió a un partido límite. Remontó un 2-0 en contra, vio a Messi fallar un penalti, reaccionó a tiempo y se metió entre los ocho mejores del mundo. El campeón sigue vivo.
Egipto, en cambio, se marcha con la amargura de sentir que tocó el cielo con la punta de los dedos y se lo arrancaron del bolsillo. Con un técnico que habla de “engaño”, de “injusticia” y de falta de respeto.
La clasificación no se mueve por sensaciones, solo por goles. Pero cuando un vestuario sale del Mundial convencido de que el resultado no cuenta toda la historia, la herida tarda mucho más en cerrar.
La pregunta es si este Egipto, dolido y desafiante, usará esta noche en Los Ángeles como combustible para volver más fuerte… o como una losa que pese durante años.
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