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Endrick se despide de Lyon y apunta al Bernabéu

Endrick se marchó de Lyon como llegan los grandes: con un estadio en pie y una ciudad entera aplaudiendo a un futbolista que solo necesitó seis meses para dejar huella. El joven brasileño, cedido por el Real Madrid, hizo oficial su adiós tras el final de su préstamo y lo acompañó con un emotivo vídeo en redes sociales, donde convirtió su paso por Francia en un relato de transformación personal.

Hace unos meses, el chico que aterrizó en Lyon venía marcado por la frustración. En España había vivido un tramo duro, con pocos minutos y muchas dudas. En Francia encontró algo distinto: continuidad, confianza y un contexto que le permitió recordar por qué se hablaba de él como de una futura estrella.

La metáfora del león

En su mensaje, Endrick eligió el símbolo del club para explicar su metamorfosis. No fue un recurso vacío. Fue casi una declaración de identidad.

“En Brasil, cuando alguien atraviesa un momento difícil, se suele decir que tiene que ‘matar un león cada día’. Durante varios meses viví una situación que ningún deportista debería vivir, pero decidí que no iba a matar un solo león. Decidí convertirme en uno”, relató el delantero, hilando su historia con el emblema de Lyon.

Y siguió: allí, dijo, encontró lo que necesitaba para recuperar fuerzas, seguir el instinto, “atacar como un león” y “defender” a su familia y a quienes le abrieron las puertas del club. No era solo un guiño al escudo. Era la forma de subrayar que, en Francia, dejó de sobrevivir para empezar a imponerse.

El fútbol hizo el resto.

Ocho goles, ocho asistencias, 21 partidos. Un impacto inmediato que ayudó a estabilizar una temporada que amenazaba con torcerse y que terminó con Lyon en la cuarta plaza de la Ligue 1, con billete para la previa de la Champions. Para el club, la cesión fue un acierto rotundo. Para el jugador, un punto de inflexión.

Un préstamo que parece guion de cine

Endrick no escondió que estos meses le cambiaron la vida. Lo dijo sin rodeos: su experiencia en Lyon “haría una gran película”. No exageraba. Pasó de la ansiedad a la alegría, de la presión de Madrid a un entorno donde volvió a disfrutar.

“El tiempo de angustia dio paso a meses de alegría, de victorias, pero también de aprendizaje. He hecho nuevos amigos. Me he acercado más a los que ya tenía y he descubierto que nuestro lugar está donde estamos con quienes amamos y con quienes nos aman”, confesó, subrayando que lo vivido en Francia se quedará con él.

La escena de su despedida lo confirmó. En el último partido en el Groupama Stadium, ante Lens, el público se levantó para ovacionarle. No era un gesto de cortesía hacia una joven promesa. Era el reconocimiento a un jugador que, en apenas medio año, se convirtió en referente ofensivo y en símbolo emocional de la reacción del equipo.

Regreso obligado… y un nuevo escenario en Madrid

El corazón de Endrick, por lo que cuenta, habría firmado quedarse más tiempo. El contrato, sin embargo, marca otro camino. Toca volver al Real Madrid, donde se espera que tenga un papel mucho más relevante la próxima temporada.

Las informaciones apuntan a que trabajará bajo las órdenes de Jose Mourinho, llamado a protagonizar un regreso de alto impacto al banquillo blanco. El contexto no puede ser más distinto al que dejó: llega con rodaje, con números, con confianza y con la sensación de haber demostrado que puede liderar un ataque de élite.

“Por desgracia… un león no puede quedarse en un solo lugar”, lanzó Endrick en su despedida, como quien asume que el viaje continúa aunque el lugar en el que está se sienta como casa. “Debo despedirme y comenzar un viaje de vuelta que será mucho más largo porque me voy con mucho más equipaje del que tenía cuando llegué”.

En ese equipaje, según sus propias palabras, viaja Lyon entero: “Incluso cuando este viaje termine, llevaré esta ciudad conmigo, para el resto de mi vida, en mi corazón y en mi memoria. Cada vez que vea la sonrisa de mi hijo, a quien Dios nos dio aquí”. Un cierre íntimo para un paso fugaz, pero intenso.

Selección, Mundial y un verano sin respiro

El calendario tampoco le da tregua. Mientras hace las maletas para regresar a Madrid, su nombre aparece en la lista de Carlo Ancelotti para la selección de Brasil de cara al próximo Mundial. Su rendimiento en la Ligue 1 le abrió de nuevo las puertas de la Seleçao y lo coloca ante el mayor escaparate posible del fútbol internacional.

La inercia es perfecta: llega al torneo con ritmo competitivo, con confianza en el área y con la sensación de haber dejado atrás la versión más dubitativa que se vio en España. Si logra trasladar a Brasil lo que mostró en Lyon, el Mundial puede convertirse en el trampolín definitivo antes de presentarse en Valdebebas para la pretemporada.

Dos clubes, dos urgencias distintas

Para Lyon, su marcha abre un vacío evidente. Ocho goles y ocho asistencias no se reemplazan con facilidad, menos aún cuando el equipo se juega su entrada en la fase de grupos de la Champions en unas previas siempre traicioneras. El club francés deberá encontrar en el mercado a alguien capaz de sostener esa producción ofensiva y, casi más difícil, esa conexión con la grada.

En Madrid, en cambio, la sensación es la opuesta. Hay expectación. El regreso de un jugador que parecía atascado y que ahora vuelve convertido en protagonista de la Ligue 1 despierta ilusión en una afición acostumbrada a exigir pero también a encumbrar a quienes responden en el césped.

Endrick ya dijo en su día que dejaría su futuro “en manos de Dios”. Hoy el camino es más nítido: Mundial con Brasil y, después, el Bernabéu. Allí tendrá que demostrar que el león que rugió en Francia no fue una aparición pasajera, sino el inicio de una carrera llamada a marcar una época.