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España y Bélgica: Un Clásico Moderno en Cuartos de Final

España contra Bélgica, un cuarto de final con aroma a clásico moderno y con un premio descomunal: Francia espera en semifinales. SoFi Stadium, Inglewood, techo cerrado, césped impecable y la sensación de que uno de los grandes candidatos todavía no ha enseñado los colmillos.

España, un gigante que gana sin despeinarse

La selección de Luis de la Fuente ha llegado a esta cita sin sobresaltos, casi en silencio. Primera de su grupo con siete puntos: empate sin goles ante Cabo Verde, goleada 4-0 a Arabia Saudí y un 1-0 trabajado frente a Uruguay. Después, un 3-0 a Austria en dieciseisavos y un 1-0 agónico contra Portugal, decidido en el descuento por el cabezazo de Mikel Merino.

Lo llamativo no es tanto el camino, sino la forma: España es la única selección del torneo que no ha encajado un solo gol. Unai Simón encadena cinco porterías a cero y sostiene, junto a su defensa, un récord histórico: 609 minutos sin recibir tanto sumando este Mundial y el de 2022. Aymeric Laporte y Pau Cubarsí han blindado el eje, pero el muro empieza mucho más arriba.

España defiende con la pelota. Aplasta rivales a base de posesiones largas, les encierra, les obliga a correr detrás del balón y, cuando lo pierde, salta una presión alta coordinada que ahoga cualquier intento de salida limpia. El rival no respira. No sale. No contragolpea.

El matiz está arriba. El equipo alterna fases de fluidez con momentos espesos. Mikel Oyarzabal ha sido el faro goleador con dos dobletes, ante Arabia Saudí y Austria, pero ante Uruguay y Portugal faltó filo, faltó ese último pase o el desmarque al segundo palo que rompa partidos.

Hay dos nombres que marcan el ritmo de la expectativa: Lamine Yamal y Rodri. El extremo de Barcelona, que cumple 19 años el lunes, todavía no ha tenido su gran noche en este Mundial. Ha dejado destellos, alguna combinación fina con Pedro Porro, pero nada que se acerque a su techo. El mediocentro de Manchester City, por su parte, va entrando en velocidad de crucero: cuando Rodri se siente cómodo, España se vuelve un equipo casi imposible de desordenar.

La gran duda de De la Fuente está en la mediapunta. Dani Olmo firma un torneo correcto, con personalidad y peso en tres cuartos, pero Merino viene de marcar el gol más importante de la ruta hasta ahora. El técnico también maneja la opción de dar entrada a Fabián Ruiz en lugar de Pedri, que no ha encontrado su mejor versión. En la izquierda, Álex Baena apunta a repetir: no deslumbra, pero cumple, asocia, llega y entiende bien las superioridades con Marc Cucurella.

Hay un dato que retrata la España de este Mundial: es el equipo que más veces ha dejado en fuera de juego a sus rivales (18) y también el que más balones recupera en el último tercio (36). El brillo está en el balón; el éxito, en lo que hace sin él.

Bélgica, del caos a la cohesión

El relato belga es completamente distinto. En la fase de grupos, el equipo de Rudi Garcia parecía un proyecto sin forma. Empate 1-1 ante Egipto, 0-0 ante Irán y un 5-1 final contra Nueva Zelanda que maquilló dudas, pero no las borró.

El giro llegó contra Senegal, en dieciseisavos. Bélgica perdía 2-0 a cinco minutos del final y se asomaba al abismo. Garcia tomó una decisión que cambió el torneo: sentó a Kevin De Bruyne y a Jérémy Doku. Entraron Dodi Lukebakio y Nicolas Raskin. Sobre el papel, un movimiento conservador: Raskin es un centrocampista de trabajo, más ladrillo que pincel. En la práctica, el equipo ganó piernas, orden y agresividad.

Romelu Lukaku y Youri Tielemans forzaron la prórroga con dos goles en el tramo final. Tielemans, ya en el tiempo extra, remató la remontada desde el punto de penalti. 3-2 y una selección nueva.

Esa versión se consolidó en octavos, ante Estados Unidos. Bélgica, ya sin tanto foco en las individualidades, se mostró sólida, compacta, reconocible. Ganó 4-1 a los coanfitriones pese al contratiempo serio de la lesión de Amadou Onana, que se rompió el ligamento cruzado anterior a los 21 minutos de su primera titularidad en el torneo. Entró Hans Vanaken y el equipo no se descompuso. Mantuvo el mando, el ritmo y la eficacia.

Garcia parece decidido a mantener esa estructura. Eso implica, de nuevo, un rol secundario para De Bruyne y Doku, como ya ocurrió ante Estados Unidos. Leandro Trossard se ha convertido en el generador principal: lidera el torneo en ocasiones creadas, con 17. Tielemans, desde segunda línea, mezcla pausa con llegadas al área que hacen daño. Lukebakio aporta profundidad y trabajo sin balón. Y la dupla de centrocampistas que rodea a Raskin ofrece piernas y lectura para sostener un bloque que, por fin, se mueve como equipo.

La idea es clara: aguantar el chaparrón de posesión que propone España, cerrar pasillos interiores y dejar la magia para el tramo final, cuando el partido se abra y aparezcan espacios para que entren desde el banquillo piezas como Lukaku o el propio Doku. De Bruyne, ni siquiera calentó en el último encuentro. Un símbolo de que la jerarquía, de momento, ha cambiado.

Hay una estadística que describe bien a esta Bélgica: ha visto cómo 32 de sus disparos eran bloqueados, más que cualquier otra selección. Solo 14 de sus 107 remates han sido “tiros claros” (con cero o un defensor entre el tirador y la portería). Ha marcado 13 de esos 14. Un aprovechamiento brutal, superior al de Francia, Inglaterra o la propia España. Cuando ve puerta, golpea.

El problema está atrás. Bélgica ha permitido 53 disparos en contra, casi el doble que España (29), y acumula seis errores que han terminado en remate rival. Solo Estados Unidos y Brasil, con siete, presentan peores números en ese apartado.

Un duelo que se abre por fuera

El partido se dibuja con un foco evidente: las bandas. Ahí pueden romperse las costuras.

Lamine Yamal es uno de los mayores talentos del uno contra uno del torneo. No ha explotado todavía, pero su sociedad con Pedro Porro insinúa algo peligroso: desborde, apoyo, pared y centro tenso hacia atrás. España, además, es de los equipos que mejor explota las superioridades en los costados. En la izquierda, Cucurella y Baena han formado una sociedad muy productiva, cargando esa zona para lanzar rupturas a la espalda, como ya se vio con claridad frente a Austria.

Bélgica, por su parte, ha encontrado en las subidas de sus laterales una vía de producción constante. Los movimientos sin balón desde atrás abren líneas de pase, fijan defensas y permiten centros rasos que buscan el remate de primera. No es casualidad que tanto España como Bélgica figuren entre los tres equipos que más ocasiones han generado a partir de centros bajos.

La otra batalla está en la reacción tras pérdida. España salta al robo de inmediato y suele recuperar muy arriba. Bélgica, en cambio, sufre cuando el rival supera su primera línea de presión. Ahí, el equipo se estira, aparecen huecos entre líneas y el mediocampo queda expuesto. Ante un rival que combina tanto y tan rápido por dentro, cada pérdida en salida puede convertirse en sentencia.

Historia, jerarquía y pronóstico

España y Bélgica se conocen de sobra. Se han enfrentado 23 veces desde aquel 3-1 belga en los Juegos Olímpicos de 1920 en Amberes. El duelo más célebre llegó en el Mundial de 1986, también en cuartos. Jan Ceulemans adelantó a Bélgica con un cabezazo en plancha, Juan Señor empató con un disparo lejano a cinco minutos del final y el pase se decidió en los penaltis. Jean-Marie Pfaff detuvo el lanzamiento de Eloy Olaya y abrió una herida: desde entonces, España solo ha ganado una de cinco tandas mundialistas.

Cuatro años después, en Italia 90, España se tomó una pequeña revancha con un 2-1 en la fase de grupos que le dio el liderato de grupo, con Bélgica pasando como segunda. Desde el inicio del siglo XXI, el dominio ha sido claramente español: cinco victorias en cinco partidos, incluidas dos en la clasificación para el Mundial 2010. Aquel 5-0 en La Coruña fue una advertencia de lo que estaba por venir en Sudáfrica. El último cara a cara data de 2016, un amistoso en Bruselas que terminó 0-2 para España, con Thibaut Courtois, Lukaku, Thomas Meunier y De Bruyne sobre el césped.

En este contexto, las previsiones apuntan a una España favorita, sólida, con oficio y con margen de mejora en ataque. Varios analistas coinciden en un mismo marcador: 2-0 para los de De la Fuente. Otros imaginan un guion más abierto, incluso con Bélgica golpeando primero antes de que la campeona de Europa imponga su control y, quizá, vea por fin a Yamal estrenar su cuenta goleadora en las rondas eliminatorias.

La sensación general es que Bélgica ya ha ido más lejos de lo que muchos esperaban tras su inicio dubitativo, mientras que España avanza sin ruido, sin goleadas escandalosas, pero transmitiendo una autoridad fría. Un equipo que no brilla cada noche, pero que siempre parece tener el partido donde quiere.

El escenario está listo: un muro que no encaja goles contra una selección que vive al límite, que ha aprendido a sufrir y a levantarse en los últimos minutos. De ese choque saldrá el rival de Francia. La cuestión es sencilla y brutal: ¿seguirá España caminando con paso firme hacia el título o tendrá Bélgica otra remontada escondida en la manga?

España y Bélgica: Un Clásico Moderno en Cuartos de Final