La extraña trayectoria de Joshua Brenet: de Hoffenheim a Curaçao
En Curaçao, una isla diminuta que sigue formando parte del Reino de los Países Bajos, el fútbol de élite se cocina lejos de casa. La mayoría de sus internacionales nacieron y crecieron en Holanda. De los 26 convocados para este Mundial, solo uno vio la luz en Willemstad. Y, sin embargo, el nombre que más ruido genera estos días es otro: Joshua Brenet.
El lateral derecho, 32 años, representa como pocos la cara más extrema del futbolista de ida y vuelta: talento indiscutible, carrera zigzagueante, problemas recurrentes fuera del campo… y ahora, un Mundial que le coloca de nuevo frente a su pasado.
De joya del PSV a “caso perdido” en Hoffenheim
Brenet no era un desconocido cuando en 2018 dio el salto a la Bundesliga. Tres veces campeón de la Eredivisie con PSV Eindhoven, internacional absoluto con la selección neerlandesa y un traspaso a TSG Hoffenheim por 3,5 millones de euros. Al otro lado del teléfono, el técnico de moda en Alemania: Julian Nagelsmann, hoy seleccionador alemán, que apostaba por él con decisión.
El arranque, sin embargo, fue un choque frontal con la realidad. Los primeros partidos de Bundesliga los vivió desde el banquillo. La paciencia del entrenador tenía un límite. Y la mecha se encendió antes del debut histórico de Hoffenheim en la Champions League, ante Shakhtar Donetsk.
Brenet se saltó una sesión de vídeo previa al encuentro. Nagelsmann reaccionó con dureza: fuera de la convocatoria. Un mensaje claro para el vestuario y un giro brusco en la trayectoria del lateral.
El técnico le readmitió más tarde, pero el daño ya estaba hecho. Sus apariciones se volvieron esporádicas, sin continuidad ni peso real en el equipo. Con la llegada de Alfred Schreuder, hoy asistente de Nagelsmann en la selección alemana, el rol de Brenet se desplomó aún más: ni un solo minuto. Después, Sebastian Hoeneß terminó de bajarle el pulgar, enviándolo al filial en la Regionalliga Südwest, la cuarta categoría alemana.
La etiqueta de “problema” empezó a pegarse a su nombre. Retrasos constantes, expedientes disciplinarios, una reputación que se erosionaba cada semana. Hoffenheim buscó una salida durante meses. Nadie quiso asumir el riesgo. Hasta que, en 2022, se marchó libre a Twente Enschede.
Renacer en Twente… y otro disparo en el pie
En Enschede, Brenet recordó al jugador que había sido. Ritmo, profundidad, llegada. El lateral volvía a imponerse sobre el expediente. Sobre el césped, la apuesta parecía ganada.
Lejos del balón, la historia se repetía.
En enero de 2023 fue sorprendido conduciendo sin carné. Dos veces. En apenas dos semanas. Ya había perdido el permiso de conducir en 2020 por un caso de alcoholemia. Esta vez, la justicia neerlandesa fue contundente.
“Claramente no tiene respeto por la autoridad. Es como si siguiera jugando al fútbol después de ver la tarjeta roja”, le reprochó el juez antes de imponerle un mes de prisión en 2024. A sus espaldas pesaba ya una condena anterior, en 2021, con pena suspendida, multa y trabajos comunitarios por violencia doméstica.
La pena de cárcel por conducir sin licencia se transformó más tarde en servicios a la comunidad tras el recurso. Para Twente, la decisión estaba tomada: rescisión de contrato. El club no quiso seguir atado a un jugador que volvía a cruzar todas las líneas fuera del césped.
Qatar, Escocia, Turquía: un nómada sin red
Sin equipo en Países Bajos, Brenet buscó refugio lejos de los focos europeos. Firmó por Al-Rayyan, en Qatar. Apenas seis partidos en la temporada 2024/25. Un paso fugaz, casi invisible.
Llegó entonces Livingston FC, en Escocia, en otoño. Nuevo país, nuevo idioma, mismo intento de reconstrucción. La etapa duró poco: a mitad de campaña se marchó a Kayserispor, en Turquía, para el segundo tramo del curso. Un itinerario que hablaba de urgencias y segundas oportunidades encadenadas, más que de un plan de carrera.
Y, en medio de ese vaivén, apareció Curaçao.
De Oranje a la isla: un cambio de bandera y de relato
Pese a haber pasado por todas las categorías inferiores de Países Bajos y haber debutado con la absoluta en la fase de clasificación para el Mundial de 2016, Brenet pidió y obtuvo el cambio de federación. FIFA autorizó el giro hacia la selección de sus padres.
Desde su debut con Curaçao en 2024, sus números hablan de impacto inmediato: seis goles en 17 partidos. Para un lateral, una cifra que pesa. En el último amistoso antes del Mundial, ante Aruba, fue titular en el carril derecho… y volvió a marcar.
El contexto también cuenta. Curaçao, reconocida por FIFA desde 2010, se ha convertido en un símbolo de la diáspora futbolística neerlandesa. Miles de curaçaoenses emigraron a Holanda durante décadas; hoy, sus descendientes sostienen la selección de la isla. De los 26 mundialistas, solo uno nació allí: Tahith Chong, el mediocampista que un día irrumpió en el primer equipo del Manchester United, pasó sin demasiada fortuna por Werder Bremen en 2021 y ahora juega en Sheffield United.
A su lado, otros nombres con pasado alemán: Gervane Kastaneer (1. FC Kaiserslautern), Riechedly Bazoer (VfL Wolfsburg), Roshon van Eijma (Preußen Münster), Jürgen Locadia y el propio Brenet, todos con huella en la Bundesliga o sus alrededores. Un grupo con biografías cruzadas entre Países Bajos y Alemania que ahora se reúne bajo la bandera azul de Curaçao.
Un estreno con cuentas pendientes
Este domingo, a las 19:00, el calendario del Mundial ofrece un cruce cargado de matices: Curaçao contra Alemania. David contra Goliat, sí, pero con una historia interna aún más afilada.
En el banquillo alemán estarán Nagelsmann y Schreuder, los dos entrenadores que marcaron el periodo más turbulento de Brenet en Hoffenheim. Al otro lado de la línea de banda, el lateral que un día fue descartado por indisciplinado, relegado al cuarto nivel del fútbol alemán, señalado por los tribunales en su país… y que ahora vuelve a escena en el mayor escaparate del fútbol mundial.
Sobre el papel, Alemania es favorita abrumadora. Para Brenet, la ecuación es distinta. No se trata solo de sobrevivir a un grupo complicado o de prolongar el sueño de una selección pequeña. Es la oportunidad de enfrentarse, en 90 minutos, a todo lo que dejó atrás.
La isla mira al Mundial con ilusión. Él, probablemente, con algo más que eso.
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