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Francia espera a Tchouameni para cuartos de final en Boston

Didier Deschamps prepara un cuarto de final de alto voltaje ante Marruecos en Boston con una duda que condiciona todo el plan: el estado físico de Aurélien Tchouameni.

El centrocampista de Real Madrid sufrió una lesión en la ingle en un entrenamiento tras la victoria en octavos de final ante Suecia y ya se perdió el sufrido 1-0 frente a Paraguay en los octavos. Sin él, Francia perdió a su ancla natural, a su metrónomo, y tuvo que reinventarse.

En Filadelfia, Deschamps recurrió a Manu Koné, de Roma, para acompañar a Adrien Rabiot en el doble pivote. No fue un triunfo brillante, fue una batalla. Tensa, cortada, con roces constantes. La resolvió Kylian Mbappé desde el punto de penalti en la segunda parte, pero el mensaje táctico quedó claro: sin Tchouameni, el seleccionador no toca demasiado el dibujo, solo cambia las piezas.

Deschamps, prudente pero optimista

En la concentración francesa se aferran a la posibilidad de recuperar a su vicecapitán justo a tiempo. Tchouameni, que está a las puertas de firmar un nuevo contrato con el club blanco, apunta a reaparecer en Boston si la evolución se mantiene.

Deschamps, sin embargo, pisa el freno con las palabras, aunque deja entrever un avance significativo en la recuperación del mediocentro.

“No tengo todavía toda la información”, admitió el seleccionador el miércoles al ser preguntado por su estado. “Aurélien está mejor, pero me fui temprano esta mañana. Es el único que necesita ser revisado, pero está mejor. Puede que participe en la sesión de entrenamiento de hoy. Todos los demás jugadores están disponibles”.

Traducción competitiva: si Tchouameni llega, será titular. Si no, el plan ya está escrito.

Un once casi intocable

Si el madridista no puede arrancar de inicio, Koné y Rabiot apuntan a repetir como pareja en la medular. Deschamps, que no es amigo de experimentos a estas alturas de torneo, parece decidido a mantener la misma estructura que se impuso a Paraguay.

Mike Maignan seguirá bajo palos. Por delante, un bloque que ya se recita casi de memoria: Jules Koundé, Dayot Upamecano y William Saliba como columna vertebral defensiva. Firmeza, físico y jerarquía en duelos directos.

En ataque, pocas dudas: Ousmane Dembélé y Michael Olise acompañarán a Mbappé. Velocidad, desborde y amenaza constante entre líneas para abrir defensas cerradas como la marroquí.

Las únicas posiciones que han sufrido movimientos durante este Mundial han sido el lateral izquierdo y el extremo zurdo. Ahí, Lucas Digne y Bradley Barcola parecen haber adelantado a Theo Hernández y Désiré Doué y se han asentado como titulares. Dos ajustes que han dado equilibrio, profundidad y algo más de solidez sin balón.

Tarjetas que pesan como plomo

No todo son buenas noticias para Deschamps. La Federación francesa no logró que se le retirara a Olise la amarilla vista ante Paraguay. El castigo se mantiene, y la amenaza también: si el atacante vuelve a ser amonestado y Francia avanza, se perderá las semifinales.

La misma espada de Damocles cuelga sobre Koné y Barcola. En este Mundial ampliado, las tarjetas no se limpian por segunda vez hasta después de los cuartos de final. Cada entrada, cada protesta, cada disputa al límite tiene un coste potencial enorme.

Francia llega a Boston con su bloque definido, sus jerarquías claras y un objetivo nítido. Le falta solo una pieza para sentirse completa: el regreso de Tchouameni. La cuestión es si el tiempo, y su ingle, le darán a Deschamps el último engranaje antes de la siguiente gran escalada.