Inglaterra se prepara para enfrentar a Noruega en cuartos de final
En Kansas City, lejos del ruido de casa pero en el centro del huracán mediático, Bukayo Saka se planta con una serenidad que contrasta con el tamaño del partido que viene. Noruega espera en cuartos de final del Mundial, y el extremo del Arsenal llega justo cuando más le necesitan.
“Ahora mismo me siento genial y listo para jugar”, asegura. No siempre fue así. Saka admite que aterrizó en el torneo lejos del 100%, obligado a dosificarse, con el cuerpo técnico midiéndole cada minuto. Partido a partido, esa limitación se ha ido desvaneciendo. Sus apariciones han crecido, su influencia también.
Entre sesiones intensas y ratos de desconexión con sus compañeros y familias en Kansas City, el inglés ha encontrado el punto justo. Trabajo y calma. Competición y respiro. “Ha habido un buen equilibrio entre el enfoque y la intensidad en los entrenamientos y, en nuestro tiempo libre, una mentalidad más relajada, disfrutando con los chicos y nuestras familias”, explica.
Su papel cambia, su mentalidad no. “Cada partido ha sido único para mí, pero mi mentalidad no cambia mucho: salgo, juegue de inicio o desde el banquillo, e intento hacer lo que el partido necesita. Se trata de ganar, y esa es mi mentalidad”. Directo. Sin adornos.
De la noche épica ante México a otra prueba de fuego
La remontada ante México dejó cicatriz… y ciclomotor. Inglaterra salió reforzada de una noche en la que el grupo se vio obligado a responder bajo presión máxima. Saka lo reconoce: dentro del vestuario, la fe nunca se movió un centímetro. El mensaje, en realidad, iba más dirigido a casa.
“Nosotros creíamos desde el principio. La creencia era más para la gente en casa, para que nos vieran pasar por esa adversidad y salir por encima. Eso fue importante para todos”, cuenta. Aquella noche, los que menos habían jugado dieron un paso al frente, los habituales volvieron a aparecer en los momentos clave. “Todos tuvieron su contribución y fue una noche increíble para nosotros como grupo. Nuestro ánimo está alto y tenemos que llevarlo al siguiente partido”.
Pero el propio Saka sabe que vivir de la épica es el camino más corto hacia el golpe. “Hemos hablado de que necesitamos dejar atrás el drama y las emociones del partido contra México. Disfrutamos de los elogios y de todo lo que vino, pero ahora tenemos que centrarnos en Noruega, que va a ser un reto duro”. El mensaje es claro: guardar las celebraciones, sacar el bisturí.
“Estamos totalmente centrados y encantados de estar ganando. Noruega es un equipo muy bueno: juegan con confianza y con mucha verticalidad, y eso les ha funcionado hasta ahora”.
Nico O’Reilly: respeto a Haaland, fe en Inglaterra
En la otra punta del vestuario, Nico O’Reilly, de Manchester City, transmite la misma seguridad, con un matiz: él entrena a diario con varios de los que mejor conocen a Erling Haaland. Y eso se nota en su discurso.
“La victoria ante México nos da mucha confianza. Teníamos confianza antes de ese partido y la tenemos para este. Creemos en nosotros mismos, confiamos en nuestras capacidades y partimos desde ahí”, resume el centrocampista.
Cuando el nombre de Haaland aparece en la conversación, O’Reilly no necesita muchas palabras: “Erling es Erling. Todos sabemos cómo es. Puede marcar goles, es peligroso en el área y es una amenaza real”. No hay misterio, solo una certeza incómoda para cualquier defensa.
La clave, para él, está en no obsesionarse con el 9 noruego, por muy devastador que se haya mostrado: “Supongo que te condiciona, pero creo que mantener a Erling tranquilo nos da una gran opción de ganar. Con todo el peligro que puede causar, es un delantero increíble, de clase mundial. Lo ha demostrado en el torneo, marcando en cada partido que ha jugado. Estamos centrados principalmente en nosotros mismos y en nuestro juego, más que en el suyo”.
Mantener a raya a Haaland y no perder su propia identidad. Esa es la ecuación que Inglaterra se propone resolver.
Haaland se ríe… y pasa la presión a Inglaterra
En el otro lado del cuadro, Erling Haaland disfruta del momento con una sonrisa amplia y un discurso tan afilado como sus desmarques. Noruega no jugaba un Mundial desde 1998. Ahora está en cuartos, tras quedar segunda en el Grupo I y tumbar a Costa de Marfil y Brasil en las eliminatorias. Para un país poco acostumbrado a estas alturas, el viaje ya es histórico.
Preguntado por la presión antes de medirse a Inglaterra, el delantero de Manchester City no duda: “Sí, definitivamente. Creo que hay algunos claros favoritos ahí fuera, e Inglaterra es uno de ellos”. Y, con media sonrisa, lanza un guiño a la sala: “Creo que todos vosotros deberíais poner toda la presión posible sobre los ingleses”.
Haaland incluso anima a los aficionados rivales a sentirse seguros de sí mismos. “Deberían confiar en pasar, definitivamente. Es Inglaterra”. Frase corta, carga pesada.
Lo que vive ahora con su selección todavía le sorprende. “No me lo esperaba. Estar en cuartos de final con Noruega en el Mundial es bastante sorprendente incluso para mí”, admite. Ganarle a Brasil fue un terremoto futbolístico en su país. “Jugar contra Brasil fue algo loco para nosotros los noruegos y ganarles, y luego ir a jugar contra Inglaterra en cuartos de final del Mundial en Estados Unidos, es bastante especial”.
Haaland sabe que su país está viviendo algo que se sale de cualquier guion previo. “Es difícil asimilarlo todo porque tienes que jugar el partido como si fuera un entrenamiento. Si ves las escenas en Noruega, esto no es normal para Noruega, así que es súper especial”.
La calle opina: confianza, respeto y un punto de nervios
Mientras las selecciones afinan detalles, las líneas telefónicas de BBC Radio 5 Live hierven con opiniones. En el Reino Unido, el duelo se siente casi como una prolongación de la Premier League, con rostros conocidos en ambos bandos y un protagonista, Haaland, que domina las conversaciones.
Freddy, desde el sur de Londres, lo ve claro: “No veo a Inglaterra perdiendo mañana. De todos los rivales posibles, un cuarto de final contra Noruega es un equipo al que conocemos muy bien. Conocemos a muchos de sus jugadores. Es nuestra mejor oportunidad de llegar a semifinales. Será como jugar un partido de Premier League de altísima calidad. Los jugadores de Inglaterra estarán cómodos. Habrá una cierta previsibilidad en Noruega para la que Inglaterra estará preparada. No podríamos haber tenido un mejor emparejamiento en esta fase”.
En Leeds, Monica, aficionada noruega, mira el choque desde el otro lado del espejo. Su fe pasa, inevitablemente, por el 9: “Creo que Haaland es un delantero increíble. En algunos de los goles que ha marcado en el torneo, está casi al paso, parece que no está interesado en el juego, luego da una o dos grandes zancadas, un gran salto y manda el balón a la red de forma espectacular. Si Noruega va a tener una oportunidad, por supuesto dependemos de que Haaland esté en una forma realmente buena”.
Y desde Oslo, Bradley, inglés viviendo en territorio enemigo, confiesa una sensación que muchos comparten en silencio: “Hace unos días me sentía muy confiado, pero ahora empiezan a aparecer algunos nervios con todas las lesiones y enfermedades”.
Confianza, respeto y un ligero temblor en las piernas. El cóctel clásico de un gran partido.
Un cuarto de final con aroma a Premier… y a algo más
Inglaterra llega a esta cita con la obligación histórica tatuada en la camiseta: tres Mundiales consecutivos alcanzando al menos los cuartos, pero sin final desde 1966. Noruega aterriza sin ese peso, pero con la inercia de quien ya ha derribado una puerta que parecía blindada.
Para los ingleses, el reto es doble: controlar a Haaland sin perder su propia ambición. Para los noruegos, estirar el sueño un partido más, sabiendo que el mundo del fútbol ya les mira de otra manera.
Saka dice que está listo. O’Reilly asegura que creen en sí mismos. Haaland sonríe y les entrega la presión. El resto se decidirá cuando el balón ruede y este cruce, con sabor a Premier y a historia, dicte si Inglaterra cumple con el papel de favorito… o si Noruega escribe otro capítulo imposible en un Mundial que ya ha roto todos sus moldes.
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