Inglaterra y Noruega: duelo de titanes en cuartos
El golpe llegó antes del siguiente asalto. La sanción de dos partidos a Jarell Quansah por su expulsión ante México deja a Inglaterra sin uno de los centrales que mejor había interpretado el plan de Thomas Tuchel. A eso se suman las dudas físicas de Marc Guehi, Declan Rice y Reece James a pocos días del duelo de cuartos frente a Noruega. La línea de fondo, que venía sosteniendo al equipo, se ha convertido de repente en la gran preocupación.
El triunfo en el Azteca fue mucho más que una clasificación. Inglaterra tumbó a los coanfitriones en su fortaleza, un estadio en el que simplemente no perdían en Mundiales. Jude Bellingham y Harry Kane mantuvieron su versión imperial, pero la historia del partido se escribió atrás: Jordan Pickford gigante bajo palos, Dan Burn entrando desde el banquillo para cerrar grietas, y un bloque que aguantó el 1-0 con un hombre menos desde antes de la hora de juego.
Quansah vio la roja, el Azteca rugió, México olió sangre. Inglaterra respondió apretando dientes y defendiendo su ventaja como si fueran los últimos minutos de una final. Esa resistencia, más que cualquier gol, fue el mensaje al resto del cuadro.
Ahora Tuchel ya puede concentrarse en un único nombre: Erling Haaland. El cruce con Noruega, a estas alturas, habría sido firmado sin dudar al inicio del torneo. Hoy llega con matices: Inglaterra ha demostrado colmillo, pero también que camina por una cuerda floja en defensa.
Noruega, el rugido de Haaland y la fe de un país
Noruega sube un peldaño en el ranking y, sobre todo, en autoestima. Ante Brasil enseñó lo que significa tener al delantero más letal del planeta: dos goles de Haaland, billete para los primeros cuartos de final mundialistas de su historia y la sensación de que, con él en el campo, ningún rival está a salvo.
Detrás de ese coloso hay un equipo que compite. El portero Orjan Nyland vive un torneo descomunal, encadenando paradas que sostienen al grupo en sus peores tramos. En el medio, Martin Odegaard marca el ritmo, baja pulsaciones cuando el partido se descontrola y acelera cuando huele debilidad. Noruega se siente cómoda con la pelota, pero no rehúye el choque físico con nadie.
El premio es un duelo cargado de historias cruzadas. Haaland, estrella de Manchester City, y Odegaard, líder de Arsenal, se medirán a muchos compañeros de vestuario vistiendo la camiseta de su país. Inglaterra sabe perfectamente lo que viene. Noruega también: si Haaland entra en racha, el guion lo escribe él.
Bélgica se rebela contra el reloj
Bélgica parecía un equipo gastado tras sus grises actuaciones ante Egipto e Irán. De repente, un 5-1 a Nueva Zelanda para cerrar la fase de grupos. Después, una remontada casi imposible frente a Senegal en dieciseisavos. El equipo que muchos daban por amortizado se ha metido en cuartos a base de orgullo y pegada.
La victoria ante Estados Unidos terminó de cambiar la narrativa. Bélgica ya no es la generación que se apaga en silencio; es el veterano que se niega a bajar del ring. La pregunta es evidente: ¿les alcanzará para tumbar a España?
La respuesta se complica con la peor noticia posible: Amadou Onana, motor de Aston Villa y pieza clave en el centro del campo, se ha roto el ligamento cruzado anterior. Un golpe durísimo para un equipo que vive un momento de inercia positiva, pero que pierde físico, altura y presencia en la sala de máquinas justo cuando el nivel de exigencia se dispara.
Suiza rompe su techo y mira a Argentina
Suiza vuelve a hacer lo de siempre… y algo más. Equipo de costumbre en las rondas de eliminación, llegó otra vez al cruce, pero esta vez dio un paso que llevaba 70 años esperando: ganó su primera tanda de penaltis en un Mundial, eliminó a Colombia y se metió en cuartos por primera vez desde que organizó el torneo en 1954.
Lo hizo, además, sin Johan Manzambi, su gran agitador ofensivo en esta Copa del Mundo, lesionado tras firmar tres goles y dos asistencias. Sin él, la creatividad se apagó: apenas dos tiros a puerta en todo el partido. Pero donde faltó chispa sobró orden. Suiza se agarró a su solidez habitual, cerró espacios y empujó el encuentro hacia el escenario que mejor domina: el sufrimiento controlado.
La recompensa es enorme y el reto, todavía mayor: Argentina espera en cuartos. La pregunta ya no es si Suiza puede competir. Es si puede repetir el mismo ejercicio de resistencia frente al vigente campeón del mundo. Ellos, desde luego, se ven capaces.
Marruecos, entre la historia y el vacío
Marruecos no alcanzó otra vez las semifinales, como en 2022, pero firmó otro hito: primer país africano en enlazar dos presencias consecutivas en cuartos de final de un Mundial. En casa quizá se sienta agridulce. En la historia, queda grabado.
Tras una fase de grupos amable, en la que arrancó empatando con Brasil, Marruecos eliminó a Países Bajos en los penaltis y después despidió con una frialdad quirúrgica a la coanfitriona Canadá con un 3-0, necesitando apenas cinco remates para hacerlo. Cuando olió la sangre, no perdonó.
Contra Francia, sin embargo, se estrelló. El equipo de estrellas de Didier Deschamps no sufrió demasiado y la ausencia de Ismael Saibari en punta se notó como un agujero negro. Faltó amenaza, faltó desborde. Aun así, el conjunto marroquí se marcha con un torneo sólido, cargado de expectativas y con la sensación de que sigue instalado entre las grandes selecciones del planeta.
Paraguay, una gesta y un techo
Paraguay tocó el cielo al eliminar a Alemania en los dieciseisavos. Una de las noches más grandes de su historia reciente. Soñar con repetir la hazaña ante Francia era inevitable. El campo, sin embargo, marcó la diferencia.
Ante el equipo de Deschamps, apenas pudieron incomodar de verdad. Casi no rasguñaron al rival con balón, aunque se mostraron durísimos en defensa, tan incómodos que quizá hayan dado pistas a otros sobre cómo sufrir menos ante Francia.
Si se mira el torneo entero, el balance sorprende. Arrancaron siendo arrollados 4-1 por Estados Unidos y terminaron dejando una imagen competitiva hasta el final. Para un equipo con ese inicio, llegar tan lejos ya es una pequeña victoria.
México, silencio en el Azteca
El Azteca, que nunca había visto perder a México en un Mundial, terminó la noche enmudecido. Inglaterra se llevó el partido, el pase y la condición de verdugo de un anfitrión que llegaba sin un solo gol en contra en el torneo hasta el doblete relámpago de Jude Bellingham.
La expulsión de Quansah antes de la hora de juego abrió una puerta gigantesca. México colgó centros, uno tras otro, buscando un milagro aéreo que nunca llegó. Dominó el territorio, pero no la calidad en las áreas. Inglaterra, con menos, hizo más.
Queda un nombre propio para el recuerdo: Julian Quiñones, cuatro goles en cinco partidos, símbolo de un equipo que se quedó corto justo cuando más se le necesitaba.
Colombia, una bala que no entró
Colombia se marchó del Mundial con la amarga sensación de haber tenido el partido en la mano. Ante Suiza generó las mejores ocasiones, empujó, buscó, pero terminó cayendo en los penaltis. Un desenlace cruel para un equipo que se veía capaz de mirar a los ojos a Argentina en cuartos y ajustar cuentas pendientes tras la final de Copa América perdida hace dos años.
En la fase de grupos había mostrado argumentos de sobra: superior a Portugal en un 0-0 engañoso que le dio el liderato del Grupo K, sólida ante Ghana en los dieciseisavos. El camino parecía despejado para algo grande.
El muro suizo no cedió y la tanda les dio la espalda. A veces, el fútbol se reduce a eso: una noche, un par de decisiones desde los once metros y un proyecto que se queda corto de lo que prometía.
Estados Unidos, choque con la realidad
Estados Unidos llegó a los octavos impulsado por una fase de grupos ilusionante y una victoria convincente ante Bosnia y Herzegovina en el cruce previo. El ruido alrededor de Folarin Balogun, en el centro de la polémica, acompañó cada paso. En el campo, sin embargo, el equipo se desinfló justo cuando el torneo se ponía serio.
Bélgica le pasó por encima. Otra derrota clara ante una selección europea de primer nivel, otra señal de que el proyecto todavía no está listo para ese escalón. La imagen, más que el resultado, dejó un sabor amargo: faltó personalidad, faltó colmillo.
Quizá nunca se sepa cuánto pesó el caso Balogun en el vestuario. Lo que sí quedó claro es que, en su Mundial, Estados Unidos se quedó lejos de la versión que había insinuado ser.
Egipto, un adiós cruel a una revolución silenciosa
Egipto llegó a este Mundial con la etiqueta de eterno decepcionado. Se marcha habiendo roto ese molde. Firmó su primera victoria en un Mundial ante Nueva Zelanda, logró su primer pase a octavos eliminando a Australia en los penaltis y tuvo contra las cuerdas a la campeona Argentina.
En el duelo de octavos jugó al límite del riesgo: contraatacó con veneno, golpeó primero, se puso 2-0 arriba. Durante buena parte del partido pareció tener la gesta en la mano. En el tramo final, se desmoronó. Faltó oficio para enfriar el encuentro, esconder el balón, matar minutos.
El resultado duele, pero el torneo deja una certeza: Egipto ya no entra en la categoría de comparsa. Ha cambiado su historia en el escenario más grande.
Canadá, entre el hito y la duda
Canadá vivió su mejor Mundial y, al mismo tiempo, dejó preguntas sin respuesta. Sumó su primer punto en la historia del torneo, alcanzó por primera vez las rondas de eliminación y se despidió en octavos con un 3-0 ante Marruecos que no cuenta toda la verdad: antes del descanso desperdició una colección de ocasiones claras.
El contexto, sin embargo, obliga a matizar. Su grupo era asequible, y sus únicas victorias llegaron ante Qatar y Sudáfrica. Con los años de inversión, planificación y trabajo destinados a construir una selección a la altura de un país anfitrión, la sensación es ambivalente.
Quizá el mayor triunfo no esté en este Mundial, sino en lo que venga después: que Canadá se convierta en una presencia habitual en esta cita.
Cabo Verde, el cuento que nadie quería que acabara
Cabo Verde se ganó un lugar en el corazón de medio mundo. Llegó como debutante, empató 0-0 con la campeona de Europa, España, y se metió en octavos como segunda de grupo tras quedar por delante de Uruguay, sin perder un solo partido en la fase inicial.
Lo mejor lo guardó para el día más grande. Ante Argentina, remontó dos veces, se negó a aceptar el papel de víctima y forzó al campeón a jugar al límite. Vozinha, uno de los grandes nombres del torneo, firmó ocho paradas y sostuvo el sueño hasta el final. Roberto “Pico” Lopes volvió a mandar en el área propia.
El momento icónico lo dejó Sidny Lopes Cabral, lateral con alma de delantero, con un disparo curvado desde un ángulo imposible que ya compite por ser uno de los goles del Mundial. Cabo Verde se va, pero su primera aparición en la élite deja una huella que no se borra fácil.
Brasil, otra generación que se queda a medias
Brasil se marcha antes de tiempo. Otra vez. El país de las cinco estrellas encadenará 28 años sin levantar la Copa cuando llegue la próxima edición, su sequía más larga. Ni siquiera la figura de Carlo Ancelotti en el banquillo ha evitado una eliminación prematura en octavos.
Contra Noruega, la selección brasileña se mostró extrañamente pasiva, lejos del vértigo ofensivo que siempre se le exige. El dato duele: en cinco enfrentamientos oficiales, sigue sin poder con el conjunto nórdico.
Neymar entró tarde y dejó más ruido que fútbol: palabras cruzadas con Nyland antes de lanzar su penalti, un choque con Odegaard y, al final, lágrimas cuando el árbitro señaló el final. Otra generación que se queda con la sensación de haber sido menos de lo que prometía.
Portugal y el último capítulo mundialista de Ronaldo
Portugal se marcha con la sensación de haber brillado a ráfagas. Solo ante Uzbekistán, en el 5-0 de la fase de grupos, pareció un equipo claramente superior a su rival. En el resto del torneo, la jerarquía individual no se tradujo en dominio colectivo.
En octavos, ante España, la selección de Roberto Martínez se vio atrapada en una especie de letargo. Le faltó intención, agresividad. Solo reaccionó cuando ya iba por detrás, tras el gol español en el descuento.
En medio de todo eso, un punto de historia: el último Mundial de Cristiano Ronaldo. Marcó en una sexta edición, algo inédito, y por fin vio puerta en una fase de eliminatorias, de penalti ante Croacia. Desde el juego, sin embargo, apenas dejó huella. El torneo que debía ser su despedida triunfal terminó siendo un cierre discreto.
Países Bajos, del vértigo a la duda
La fase de grupos de Países Bajos invitaba al optimismo. Un 5-1 a Suecia, un ataque fluido con Cody Gakpo, Brian Brobbey y Crysencio Summerville combinando con facilidad. Todo parecía encajar.
El cruce con Marruecos cambió el paisaje. Ronald Koeman renunció al plan que funcionaba para pasar a una línea de cinco atrás. Contuvo al rival, pero cedió iniciativa. Marruecos necesitó un gol tardío para empatar, sí, pero la sensación fue de renuncia.
En la tanda de penaltis, Países Bajos falló tres de cinco lanzamientos y se despidió en un escenario que tantas veces le ha sido cruel. La eliminación en esta fase provocó la dimisión de Koeman. El proyecto, otra vez, vuelve al punto de partida.
Alemania, otro golpe a la identidad
Alemania parecía haber encontrado por fin un camino en la fase de grupos: goleada a Curazao, remontada agónica ante Costa de Marfil. La derrota 2-1 ante Ecuador, con un once casi de gala, encendió las alarmas. Lo que vino después las confirmó.
En los dieciseisavos, Paraguay, un rival que había sido vapuleado 4-1 por Estados Unidos, los mandó a casa. El gol de Jonathan Tah en la prórroga fue anulado por una supuesta obstrucción al portero y dejó un poso de frustración, pero la realidad es que Alemania no debió llegar a depender de esa jugada.
Por primera vez en su historia mundialista, perdió una tanda de penaltis. Es otro capítulo de una serie de fiascos recientes: dos fases de grupos consecutivas sin superar el corte y ahora una caída temprana. Julian Nagelsmann ya ha dejado el cargo. La pregunta es qué tipo de Alemania veremos la próxima vez.
Japón, un proyecto que pide salud
Japón enamoró en la fase de grupos con un fútbol generoso, sin egos, de ritmo alto y combinaciones rápidas. Tanto gustó que muchos lo veían capaz de incomodar seriamente a Brasil en los dieciseisavos. Y lo hizo: se adelantó con un gol de Kaishu Sano y compitió de tú a tú.
Brasil respondió igualando la intensidad y, con su talento ofensivo, terminó volteando el partido con un gol en el añadido. Japón se quedó con la sensación de haber rozado algo grande.
Las lesiones de Kaoru Mitoma, Takefusa Kubo y Wataru Endo antes y durante el torneo pesaron como una losa. Con todos disponibles, quizá estaríamos hablando de una historia distinta.
Senegal, un desplome que dolerá años
Senegal tuvo a Bélgica contra las cuerdas. Ganaba 2-0 en el minuto 86 y olía a clasificación. Lo que pasó después fue un derrumbe: encajó dos goles, forzó la prórroga y terminó concediendo un penalti que Youri Tielemans convirtió en sentencia.
La eliminación, con varios jugadores rotos en el césped, llega pocos meses después de haber perdido la corona de la AFCON. El golpe emocional es enorme.
En lo futbolístico, Senegal dejó momentos de gran nivel. El gol de Ismaila Sarr, control orientado en el pecho y volea brutal a la red, es uno de los tantos del torneo. También puso en aprietos a Francia en la fase de grupos con una primera parte de mucho nivel. La materia prima está ahí. Falta aprender a cerrar partidos.
Costa de Marfil, talento joven y una carencia evidente
Costa de Marfil se marcha con la etiqueta de “mejor del resto”. Solo perdió ante Alemania en la fase de grupos y contra Noruega en los dieciseisavos. Ganó a Ecuador y Curazao, mostrando que puede competir con casi todos, pero que aún le falta algo para dar el salto.
Llevó la plantilla más joven del torneo, un dato que invita al optimismo. Amad brilló con luz propia, con un gol decisivo ante Ecuador y una acción individual espectacular frente a Noruega. Yan Diomande dejó destellos de un futbolista que puede protagonizar un gran traspaso este verano.
El problema fue otro: ninguno de sus delanteros marcó. La dependencia ofensiva de Amad y Diomande terminó pasando factura. Sin gol arriba, el margen de error se reduce al mínimo.
Croacia, el posible último baile de Modric
Croacia, subcampeona en 2018 y tercera en 2022, cayó esta vez en los dieciseisavos ante Portugal, con un gol encajado en los minutos finales. El listón histórico estaba altísimo; la realidad de este torneo fue más terrenal.
En la fase de grupos terminó segunda por detrás de Inglaterra, castigada por un 4-2 en el debut ante el equipo de Tuchel, aunque luego reaccionó con triunfos frente a Panamá y Ghana. Competitiva, sí, pero sin la misma aura de inevitabilidad de otros años.
Todas las miradas se posan ahora en Luka Modric. A sus 40 años, el ganador del Balón de Oro 2018 podría haber jugado su último partido con la selección. Croacia sabe que no hay reemplazo posible para una figura así. Solo queda pensar cómo reinventarse sin él.
Suecia, del pozo a la esperanza
Hace apenas unos meses, Suecia terminaba última en su grupo de clasificación mundialista, por detrás de Kosovo, Eslovenia y Suiza, sin ganar un solo partido. Hoy se va de este Mundial con una sensación muy distinta.
Con Graham Potter en el banquillo, superó a Ucrania y Polonia en la repesca, goleó 5-1 a Túnez en su estreno y empató con Japón. La derrota ante Francia en los dieciseisavos entra en la categoría de “asumible”.
Con jugadores como Alexander Isak, Viktor Gyökeres y Anthony Elanga, el potencial es evidente. El reto es convertir chispazos en continuidad.
Ecuador, defensa de hierro, pólvora mojada
Ecuador construyó su torneo desde atrás. Encajó poco, compitió bien, pero en cuatro partidos solo marcó dos goles. Ninguno llegó en el encuentro decisivo de los dieciseisavos, donde México le castigó con una eficacia que ellos no tuvieron.
El gran momento fue el 2-1 ante Alemania, una victoria que quedará en los libros. Fuera de eso, le costó horrores encontrar el camino al gol, hasta el punto de no poder superar ni siquiera a Curazao.
Enner Valencia, a sus 36 años, no encontró su mejor versión. El resto de sus figuras —Moises Caicedo, William Pacho, Piero Hincapié— son especialistas defensivos. Hincapié terminó expulsado en el tiempo añadido ante México tras un enfrentamiento en el que se tapó la boca. Una imagen que resume la frustración de un equipo que defendió bien, pero no supo cómo ganar.
Ghana, un ranking que se quedó corto
Ghana llegó como la selección 73 del mundo, la segunda peor clasificada del torneo según la FIFA. Parecía un error desde el principio, y el campo lo confirmó. En cuatro partidos demostró estar muy por encima de esa etiqueta.
La victoria sobre Panamá en el estreno allanó el camino. El empate a cero contra Inglaterra, en el que rozó un penalti tardío que pudo cambiar la historia del grupo, reforzó su imagen de equipo incómodo. En los dieciseisavos, Colombia terminó imponiendo su mayor talento, pero Ghana compitió sin el brillo de Mohammed Kudus, ausente por lesión.
El Mundial deja una base sobre la que construir tras años de irregularidad. Ghana ha recordado al mundo que sigue siendo una selección a la que nadie quiere enfrentarse.
Austria, un regreso con techo de cristal
Austria volvió a un Mundial por primera vez desde 1998 y superó la fase de grupos por los pelos, en un final dramático ante Argelia. En los dieciseisavos, España la superó con claridad.
El equipo de Ralf Rangnick mostró dientes en ataque en la fase inicial, con dos partidos en los que marcó tres goles. Pero cuando el nivel del rival subió —Argentina en grupos, España en eliminatorias— se vio la distancia. Ni atrás ni adelante logró imponerse.
El regreso a la élite es un paso importante. El siguiente, mucho más complejo, será acortar la brecha con las selecciones que aspiran a todo.
Australia, otra vez más allá de sus límites
Australia volvió a encarnar la idea de equipo que compite por encima de sus recursos. El 2-0 a Turquía en la fase de grupos fue uno de los primeros grandes sobresaltos del torneo. Desde ahí, el conjunto de Tony Popovic se aferró a su plan: defender bajo, resistir y salir disparado al contragolpe.
No siempre encontró la precisión del primer día. Ante Egipto, por ejemplo, tuvo que remar después de encajar primero, pero logró igualar antes de caer en la tanda de penaltis en los dieciseisavos.
Dos Mundiales seguidos alcanzando las rondas de eliminación son un logro mayúsculo. Australia se va sin ruido, pero con la cabeza alta.
Argelia, una transición a medio camino
Argelia se despidió en los dieciseisavos tras una actuación discreta ante Suiza, sin apenas generar ocasiones claras. El torneo deja luces y sombras.
La buena noticia es que Riyad Mahrez, a sus 35 años, por fin marcó en un Mundial. También que aparecen nombres nuevos como Anis Hadj Moussa, extremo de Feyenoord de 24 años, llamado a tomar el relevo.
El problema es generacional. Muchos de sus hombres importantes ya han pasado su mejor momento y, en comparación con selecciones africanas como Senegal, Costa de Marfil o Marruecos, Argelia parece un paso por detrás.
RD Congo, un debut moderno con sabor a futuro
RD Congo regresó a un Mundial por primera vez desde 1974, cuando lo hizo como Zaire, y logró algo inédito: alcanzar las rondas de eliminación. Un empate con Portugal y una victoria frente a Uzbekistán le bastaron para ser uno de los mejores terceros.
En los dieciseisavos, ante Inglaterra, sorprendió de inicio: gol de Brian Cipenga y sensación de que podía haber partido. Lionel Mpasi, en la portería, coqueteó con el estatus de héroe del torneo, como Vozinha o Eloy Room, hasta que la resistencia se quebró.
La derrota no borra la impresión general: RD Congo dejó una imagen fresca, competitiva y valiente. Un punto de partida, no un techo.
Bosnia y Herzegovina, un pequeño gran paso
Bosnia y Herzegovina logró algo histórico: clasificarse por primera vez a una fase de eliminación como nación independiente. La victoria ante Qatar y el empate con Canadá le abrieron la puerta de los dieciseisavos.
Allí cayó ante Estados Unidos, pero el recuerdo que perdurará quizá no esté en este Mundial, sino en la ruta que los llevó hasta aquí: aquella victoria ante Italia en la repesca europea que les dio el billete. Para un país sin tradición mundialista, este torneo marca un antes y un después.
Sudáfrica, a un suspiro de la épica
Tras el debut con derrota ante México, pocos veían a Sudáfrica con opciones reales de avanzar. Lo hizo. Alcanzó por primera vez los cruces de un Mundial y cayó en el tiempo añadido ante la coanfitriona Canadá.
Ese gol tardío alimenta el eterno “qué hubiera pasado si…”. Había logrado llevar el partido al filo de la prórroga, donde los penaltis podían igualarlo todo. No llegó. Hugo Broos se marcha como el técnico de mayor edad en dirigir un partido de eliminación en un Mundial. Deja un equipo que, por fin, sabe lo que es competir más allá de la fase de grupos.
Irán, eliminado sin perder
Irán rozó los octavos con la yema de los dedos. Ante Egipto, en su último partido de grupo, marcó un gol en el tiempo añadido que fue anulado por un fuera de juego milimétrico y, poco después, estrelló un disparo en el larguero. Un solo centímetro, quizá, le habría cambiado la historia.
Con una victoria, tres puntos y diferencia de goles neutra, se vio obligado a mirar otros marcadores. Durante unos minutos estuvo dentro, cuando Argelia parecía vencer a Austria. El empate a última hora de los europeos los dejó fuera.
Todo esto, en un contexto extraordinario: en conflicto militar con uno de los coanfitriones, Estados Unidos, con viajes relámpago de entrada y salida que se terminaron cancelando. Irán se va sin haber perdido un solo partido. El golpe emocional será difícil de digerir.
Nueva Zelanda, un nombre propio y un objetivo claro
Nueva Zelanda regresa a casa sin puntos, pero con un nuevo ídolo: Elijah Just, tres goles y la sensación de haber aprovechado cada minuto. Quedarán también en la memoria algunos destellos de Chris Wood en el estreno ante Irán.
Después de ese primer partido, la realidad se impuso. Egipto y Bélgica fueron demasiado, con derrotas abultadas. Aun así, el país se va con algo más que resultados: una experiencia que no vivía desde 2010 y una figura viral en Tim Payne.
El próximo paso es evidente: dejar de ser un invitado correcto y convertirse en un equipo capaz de superar la fase de grupos.
Turquía, la gran decepción
Pocas selecciones llegaron a este Mundial con tanto crédito previo como Turquía. Pocas se marchan con una factura tan alta. En un grupo con Australia y Paraguay, la mayoría la veía como favorita para avanzar. Quedó fuera con una jornada de antelación.
El 3-2 ante Estados Unidos en el último partido maquilló el desastre: primeros goles del torneo, primera victoria, pero sin consecuencias. Demasiado tarde, demasiado poco.
El contraste entre las expectativas y la realidad la coloca como una de las grandes decepciones del campeonato.
Uruguay, un colapso inesperado
Uruguay se metió en un lío desde el principio. Empató con Arabia Saudí y Cabo Verde, llegó a la última jornada obligada a sacar algo ante España y nunca dio la impresión de poder ganar.
Es especialmente llamativo si se recuerda que terminó la clasificación sudamericana empatada a puntos con Brasil y Colombia. En el Mundial, esa versión nunca apareció.
El final fue una implosión: un error grosero en la portería, una expulsión y una sensación de frustración acumulada. El equipo de Marcelo Bielsa se va con la certeza de haber rendido muy por debajo de su potencial.
Arabia Saudí, paso atrás con matices
Arabia Saudí no logró repetir las sensaciones de 2018 y 2022, cuando al menos ganó un partido en la fase de grupos. Esta vez se quedó sin victorias y fuera en la primera ronda, aunque fue un rival duro de roer, con dos empates que hablan de su competitividad.
Solo ha superado la fase de grupos una vez, en 1994. La esperanza saudí mira ahora hacia el futuro, apoyada en el crecimiento de su liga doméstica y en el Mundial que organizará en 2034. Este torneo fue un tropiezo, pero no necesariamente un retroceso definitivo.
Corea del Sur, un paso atrás
Corea del Sur empezó bien, venciendo 2-1 a la República Checa. Luego se apagó. Dos derrotas sin marcar, ante México y Sudáfrica, la dejaron con tres puntos y diferencia de goles negativa, insuficiente para colarse entre los mejores terceros.
Es un retroceso evidente respecto a 2022, cuando dejó fuera a Uruguay y Ghana para colarse en octavos. La imagen de Son Heung-min, capitán, perdiendo protagonismo hasta acabar en el banquillo en el último partido, resume el desconcierto de un equipo que no encontró su identidad.
Escocia, un regreso que supo a poco
Escocia tardó 28 años en volver a un Mundial. El regreso terminó en la fase de grupos, con tres puntos que no alcanzaron para estar entre los mejores terceros y una diferencia de goles de -3 tras el 3-0 encajado ante Brasil.
La victoria sobre Haití dio algo de aire, pero no bastó. La eliminación se confirmó con resultados ajenos y desembocó en la dimisión de Steve Clarke tras siete años al mando.
La clasificación ya fue un logro. La forma de la despedida, sin embargo, deja un sabor amargo que costará tiempo digerir.
Curazao, el pequeño que se hizo grande
Curazao llegó como el país más pequeño en competir en un Mundial. Se va con un punto, un gol histórico y una dignidad que nadie le puede discutir. Eloy Room fue héroe en el empate ante Ecuador y Livano Comenencia inscribió su nombre como primer goleador del país en la Copa del Mundo.
El debut fue durísimo: 7-1 ante Alemania. Podía haber roto al equipo. No lo hizo. Curazao se rehízo, compitió mejor y se despidió ante Costa de Marfil con una imagen mucho más sólida.
El resultado final es modesto. La huella, no tanto.
República Checa, un esfuerzo que no llegó a tiempo
La República Checa se ganó su billete al Mundial a base de carácter, eliminando a Irlanda y Dinamarca en la repesca europea. En el torneo, sin embargo, nunca encontró su mejor versión.
Necesitaba ganar a México en la última jornada de la fase de grupos y se llevó un 3-0 que la mandó a casa. Antes solo había sumado un punto ante Sudáfrica, terminando colista del Grupo A.
El contraste entre la dureza de su camino y la tibieza de su torneo final deja una sensación de oportunidad desperdiciada.
Uzbekistán, debut con demasiadas grietas
Uzbekistán se estrenó en un Mundial con tres derrotas, pero dejó chispazos de competitividad. Plantó cara a Colombia, llegó a adelantarse ante RD Congo y tuvo el momento histórico de enfrentarse a Cristiano Ronaldo en el que seguramente será el último Mundial del portugués.
Pagó carísimo sus errores atrás: 11 goles encajados en tres partidos, una media insostenible para cualquier aspirante a dar la sorpresa. Ni la presencia de Fabio Cannavaro en el banquillo fue suficiente para ordenar la defensa.
El aprendizaje es duro, pero imprescindible para un equipo que quiere repetir presencia en la élite.
Panamá, sólida atrás, muda adelante
Panamá se marcha con un dato contundente: fue la única selección del torneo que no marcó un solo gol. La derrota 2-0 ante Inglaterra en el último partido certificó un Mundial sin celebraciones ofensivas.
Hay, aun así, un progreso evidente. Solo perdió por un gol de diferencia ante Ghana y Croacia, un contraste enorme con su debut mundialista de 2018, cuando encajó 11 tantos. Defensivamente, ha dado un salto.
Si consigue añadir algo de filo en ataque, tendrá una base interesante para volver y competir mejor.
Jordania, debut sin premio
Jordania vivió su primera experiencia mundialista con tres derrotas, pero al menos logró marcar en todos sus partidos, incluido el último ante Argentina. Le faltó, eso sí, la capacidad de contener a sus rivales como hicieron otras debutantes gracias a actuaciones memorables de sus porteros.
Las derrotas ante Austria y Argelia la dejaron sin opciones antes de tiempo. El gol a Argentina fue un pequeño consuelo, una imagen para el recuerdo en medio de un torneo que, sobre todo, servirá como aprendizaje.
Haití, alegría pese al castigo
Haití sabía que estaba fuera antes de enfrentarse a Marruecos. Jugó liberado, sin red, y aunque cayó 4-2, dejó uno de los goles del torneo, obra de Wilson Isidor, delantero de Sunderland.
Su regreso a un Mundial después de 1974 estuvo marcado por un sorteo cruel: Marruecos y Brasil en el mismo grupo. Demasiado para un equipo que, aun así, intentó siempre ser valiente con balón.
El futuro dirá si esta aparición es un punto aislado o el inicio de una presencia más constante.
Qatar, anfitrión sin impulso
Qatar arrancó con un empate prometedor ante Suiza, pero el resto fue un derrumbe. La derrota 3-1 ante Bosnia y Herzegovina la dejó al borde del abismo y el 6-0 encajado frente a Canadá, con dos expulsiones incluidas, firmó una de las peores actuaciones de la fase de grupos.
Julen Lopetegui no logró que el equipo construyera sobre aquel primer punto. El anfitrión se despidió sin reacción, confirmando que el salto competitivo que buscaba aún está lejos.
Irak, demasiados gigantes en el camino
Irak regresó a un Mundial por primera vez desde 1986 y se encontró con un grupo brutal: Erling Haaland en Noruega, Kylian Mbappé en Francia. Demasiado para un equipo que nunca llegó a discutir los resultados.
El momento más emotivo llegó con el gol de Aymen Hussein a Noruega, justo después de que el capitán hubiera sido retenido varias horas por las autoridades de inmigración estadounidenses a su llegada al país.
La derrota ante Senegal, con un gol tempranero en contra y una expulsión poco después, y el 5-0 final cerraron un torneo durísimo. El aprendizaje, al menos, es incuestionable.
Túnez, hundida desde el primer día
Túnez vivió un Mundial para olvidar. El 5-1 encajado ante Suecia en el debut desencadenó el despido de Sabri Lamouchi. La llegada de Hervé Renard no cambió el guion: goleadas ante Japón y Países Bajos y una diferencia de goles de -10, solo empeorada por Irak.
Sin estructura defensiva, sin respuesta anímica, la selección tunecina se vio superada de principio a fin. La pregunta, ahora, es cuánto tardará en reconstruirse tras un golpe de esta magnitud.
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