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Inglaterra se prepara para el duelo crucial ante Noruega

El ambiente en la concentración de Inglaterra se ha tensado de golpe. La cuenta atrás hacia el decisivo duelo de cuartos de final del Mundial ante Noruega, el sábado, avanza entre miradas preocupadas hacia un mismo nombre: Rice.

El centrocampista, de 27 años, se ha perdido su segunda sesión consecutiva de entrenamiento, golpeado por un virus que ha encendido todas las alarmas. Según la BBC, el problema no se queda ahí: la enfermedad habría agravado una dolencia neural que ya arrastraba en los isquiotibiales y la zona lumbar. Mala combinación en el momento más delicado del torneo.

El cuerpo médico de los Three Lions se ha movido rápido. El objetivo es claro: aislar el foco y evitar un brote que pueda desarmar al equipo en la semana clave. No se trata solo de curar a Rice, sino de blindar al resto del vestuario.

Tuchel, mientras tanto, mira el parte médico con la misma atención con la que diseña la pizarra. Además del caso Rice, debe seguir de cerca el estado de Marc Guehi, que arrastra problemas en los isquiotibiales. Dos piezas importantes bajo observación cuando el calendario ya no concede margen de error.

El virus no es solo asunto inglés. La sombra de la enfermedad también ha sobrevolado, aunque de forma más leve, la concentración de Noruega en Estados Unidos. El propio capitán, Martin Odegaard, admitió que varios compañeros se habían sentido indispuestos por los cambios bruscos de temperatura y el uso del aire acondicionado.

“Sí, ha sido un poco así. Creo que cuando cambias de temperatura y aire acondicionado y todo eso, es normal. No es nada importante, para ser sincero. Pero sí, hemos tenido a algunas personas sintiéndose un poco enfermas, pero nada grave y deberíamos estar todos bien para el sábado”, explicó el centrocampista de Arsenal.

Las palabras de su capitán abrían una rendija a la preocupación, pero Stale Solbakken se encargó de cerrarla de inmediato. El seleccionador noruego, de 58 años, quiso apagar cualquier conato de alarma mediática y defendió con firmeza el estado físico de sus jugadores.

“Creo que la enfermedad es un rumor. El Odegaard que está enfermo es el tío de Martin, que es fisio, él está enfermo, no Martin. Así que todo está bien, todos los jugadores están bien, no hay enfermedad entre los jugadores. Hay uno o ha habido uno o dos en el staff. En este momento, estamos todos listos para salir”, aseguró.

La batalla se traslada ahora al césped del Miami Stadium, escenario de un examen de carácter para la racha de siete partidos invicto de Inglaterra. La presión competitiva se mezcla con la sanitaria, pero al menos Tuchel ha recibido una noticia que le permite respirar un poco mejor: Reece James ha regresado a los entrenamientos con el grupo.

El lateral se perfila como parche clave en una defensa tocada por la sanción de Jarell Quansah, expulsado en el último encuentro. Una pieza más para intentar recomponer la línea de atrás justo cuando enfrente aparece uno de los delanteros más intimidantes del torneo.

Porque, más allá de virus y partes médicos, el gran problema para la zaga inglesa tiene nombre y apellido: Erling Haaland. El ariete lidera el ataque noruego con siete goles en este Mundial y llega desatado, oliendo sangre cada vez que pisa el área.

La ecuación es clara: Inglaterra necesita que la medicina sea tan efectiva como la táctica. Contener a Haaland, sostener la racha, sobrevivir al virus y a las dudas. El sábado, en Miami, se sabrá si la preocupación de estos días fue solo un susto… o el primer síntoma de algo mucho más grave para el sueño mundialista inglés.