Jorge Jesus asume el mando de Portugal: el veterano con 25 títulos
Portugal gira una página pesada. Tras la salida de Roberto Martínez, consumada después de la eliminación en octavos de final del Mundial ante España, la federación ha elegido experiencia, carácter y un nombre que divide poco en el plano futbolístico: Jorge Jesus.
Un técnico de 71 años para una selección ambiciosa
A sus 71 años, Jesus no llega como apuesta arriesgada ni como rostro emergente. Llega como lo que es: un entrenador con 36 años de carrera en los banquillos, curtido en la élite y con una colección de títulos que habla por él.
Su trayectoria se ha escrito, sobre todo, en la península ibérica y en Sudamérica, con dos etapas en Benfica y un paso cargado de tensión por Sporting CP, además de su exitoso ciclo en Flamengo. En los últimos años, su mapa cambió de coordenadas: tres temporadas consecutivas en la Saudi Pro League, donde ha dirigido a Al Hilal y Al Nassr, y ha levantado el título liguero con ambos.
No es un técnico que necesite presentación en Portugal. Es, más bien, una figura que vuelve al primer plano de la escena nacional para asumir el reto que le faltaba: dirigir a la selección absoluta.
De Cristiano en Riad al banquillo de la selección
Su último club fue Al Nassr, al que llegó el verano pasado, un movimiento con un componente emocional evidente. Antes de aterrizar en Riad, el propio Jesus reconoció que no podía rechazar la invitación de Cristiano Ronaldo para dirigir al equipo saudí. El técnico aceptó el desafío y terminó guiando al club a su primer título en siete años.
Con Al Nassr completó la temporada 2025-26 antes de cerrar su etapa en Arabia Saudí. Su salida abrió la puerta a la llegada de Ange Postecoglou al banquillo del club, mientras el nombre de Jesus volvía a sonar con fuerza para selecciones de máximo nivel.
En marzo de 2025, se le situó como uno de los principales candidatos al banquillo de Brasil, junto a Carlo Ancelotti. El italiano terminó asumiendo el cargo tras dejar Real Madrid en mayo. Jesus, en cambio, ha acabado donde muchos en Portugal intuían que algún día llegaría.
Un palmarés que impone respeto
Los números son claros: 25 trofeos como entrenador. Tres ligas portuguesas con Benfica. Una liga brasileña con Flamengo. Dos títulos en Arabia Saudí, uno con Al Hilal y otro con Al Nassr. Una hoja de servicios que respalda su elección en un momento en el que Portugal se mira al espejo y se pregunta qué le falta para volver a pelear por lo máximo en un Mundial.
Porque esa es la espina. Portugal no pisa unas semifinales mundialistas desde 2006. Desde entonces, la generación dorada ha levantado la Eurocopa de 2016 y la Nations League en 2019 y de nuevo en 2025. Éxitos indiscutibles en el fútbol europeo, pero con la sensación de que el gran escenario global sigue resistiéndose.
Un nuevo ciclo sin Cristiano en los Mundiales
El contexto deportivo que recibe Jesus es tan ilusionante como desafiante. Cristiano Ronaldo, dueño del récord mundial de goles con una selección —146 tantos en 233 partidos con Portugal—, ya ha confirmado que no disputará otro Mundial. Se va del torneo que marcó su carrera, pero no del imaginario colectivo de un país que ha vivido una era histórica con él como bandera.
Portugal, además, no será un participante más en la próxima Copa del Mundo. Será anfitrión. Coorganizará el Mundial de 2030 junto a España y Marruecos, con Uruguay, Argentina y Paraguay albergando también partidos en el arranque del torneo. La presión será gigantesca. La expectativa, todavía mayor.
Ese es el escenario que aguarda a Jorge Jesus: una selección acostumbrada a competir por títulos, un país que jugará un Mundial en casa y una figura legendaria como Cristiano cerrando su capítulo mundialista justo antes de ese evento.
Un carácter fuerte para un vestuario de estrellas
Jesus no es un técnico de perfil bajo. Su paso de Benfica a Sporting CP en 2015, cruzando de un lado al otro de Lisboa, fue una de las decisiones más impactantes del fútbol portugués reciente. Su estilo directo, su intensidad en la banda y su exigencia diaria han marcado a los equipos que ha dirigido.
Ahora deberá trasladar esa identidad a un vestuario plagado de talento, pero que necesita dar un salto competitivo en los momentos decisivos de los grandes torneos. Ya no se trata solo de llegar. Se trata de llegar más lejos que nunca desde 2006.
La federación ha apostado por un entrenador que ha ganado en contextos muy distintos, que ha manejado estrellas de calibre mundial y que conoce a fondo el ecosistema portugués. El reto, esta vez, no será levantar una liga ni una copa. Será preparar a una selección para un Mundial en casa, sin Cristiano en el campo, pero con la exigencia de una generación que no quiere vivir de la nostalgia de 2016.
Jorge Jesus ya tiene el cargo que le faltaba en su carrera. La pregunta es si este Portugal, con él al mando, será capaz de volver a situarse entre los gigantes del mundo cuando el balón eche a rodar en 2030.
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