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Luis de la Fuente y la final del Mundial: tranquilidad ante las lesiones

Luis de la Fuente salió del vestuario con la serenidad de quien sabe que el golpe ha sido duro… pero controlado. La victoria por 2-0 ante Francia en la semifinal del Mundial no solo colocó a España en la final del domingo: dejó una preocupación en el aire cuando Lamine Yamal, la joya de este equipo, se vio cojeando en varios momentos del partido.

El seleccionador, sin embargo, apagó la alarma con rapidez.

Yamal, susto sin lesión grave

De la Fuente transmitió calma sobre el estado del joven del Barcelona. Pese a las imágenes de Yamal con molestias, el técnico aseguró que los primeros informes médicos son positivos y que no hay lesión importante.

“Lamine no tiene nada que yo sepa. He hablado ahora con los médicos”, explicó en rueda de prensa. Un mensaje directo, sin dramatismos, que alivia a una selección que se apoya cada vez más en el talento precoz del atacante.

España prepara ya la final del domingo con la sensación de haber esquivado un problema mayúsculo.

Alerta con Pedro Porro

La nota más preocupante llega desde el costado derecho. Pedro Porro, titular ante Francia, tuvo que dejar su sitio a Marcos Llorente en el minuto 85 por molestias musculares.

El lateral del Tottenham será sometido a más pruebas después de que el cuerpo técnico detectara signos de sobrecarga. “Pedro Porro parece tener lesiones por sobrecarga, pero lo veremos mañana”, admitió De la Fuente, consciente de que cada detalle físico cuenta a estas alturas del torneo.

No hay diagnóstico definitivo aún, pero su caso sí queda marcado en rojo a pocos días de la final.

Orgullo y mensaje de autoridad

Más allá del parte médico, el seleccionador aprovechó el pase a la final para reivindicar el camino de su equipo. No habló de fortuna ni de golpes aislados. Habló de estructura, de cultura futbolística, de trabajo acumulado.

Mostró una mezcla de sorpresa y admiración por la evolución del grupo: “Me sorprende de lo que es capaz este equipo, y el margen de mejora es infinito”. Para él, eliminar a los campeones del mundo de 2018 no responde al azar, sino a algo mucho más profundo: “Esto no es casualidad: es talento, trabajo, sacrificio, perseverancia, y sabíamos que teníamos que ir mejorando poco a poco durante el torneo.”

Reconoció incluso un pequeño punto de ambición no satisfecha: “Nos hubiera gustado ganar el primer partido, porque habríamos batido otro récord, pero estamos en un momento fantástico, tanto en nuestro fútbol como en nuestra condición física.”

España llega a la final con la sensación de estar en plenitud. Y con la convicción de que todavía no ha tocado techo.

“Los mejores del mundo para entender el juego”

De la Fuente no se guardó elogios hacia sus futbolistas ni hacia el modelo que los sostiene. Su discurso sonó a declaración de principios: para él, la selección ha alcanzado la cúspide del fútbol de selecciones, pero sin caer en la autocomplacencia.

“Para mí, los futbolistas españoles son los mejores del mundo para entender el juego, y eso es un logro de los entrenadores y de los clubes españoles”, afirmó. Orgullo, sí, pero con una advertencia inmediata: “Estamos contentos, pero no satisfechos con esto.”

El técnico rehúye la retórica vacía y centra el foco en el único objetivo que cuenta: ganar el título. “Lo que viene es más difícil, y tenemos muchas ganas de jugar la final. Pero la final está para jugarla; no soy de frases literarias. ¡Cómo no vas a estar feliz por jugar una final! La ganes o no… hay un rival.”

Valora sobre todo el trayecto, el crecimiento acumulado en cada partido: “Valoro muchísimo el camino, y eso es lo que nos hace muy fuertes y nos permite apreciar lo que logramos.”

Un país pendiente… y la llamada del Rey

La magnitud del logro quedó subrayada por un gesto simbólico: la llamada de Felipe VI al vestuario para felicitar al equipo. Una señal clara de que lo que hace esta selección trasciende lo deportivo.

“Es un gran honor que nuestro rey nos llame, se interese por nosotros y nos anime constantemente”, reconoció De la Fuente. “Ser los arquitectos de la alegría de un país tan volcado en las calles, con una generación que tiene una actitud encomiable. Disfrutémoslo, el paso más difícil está por llegar, tenemos que mejorar y en eso estamos trabajando.”

España espera ya rival para el último capítulo: Inglaterra o Argentina. El recuerdo de 2010 planea sobre el grupo, pero nadie se atreve a vivir de la nostalgia. No con este seleccionador, no con esta generación.

La final no se contempla como un premio. Se contempla como una oportunidad que hay que terminar de conquistar.