Martin O’Neill: el regreso a Celtic tras 26 años
Celtic está a punto de cerrar un círculo que parecía ya completo. El club de Glasgow confirmará en breve a Martin O’Neill como técnico permanente después de que el norirlandés, de 74 años, aceptara un contrato de un año para seguir en el banquillo. Habrá opción para un segundo. No es un gesto sentimental: es la apuesta consciente por el hombre que acaba de rescatar una temporada convulsa y adornarla con un doblete doméstico.
O’Neill tomó las riendas en dos etapas interinas durante el curso y en la segunda llevó al equipo al título de liga y a la Scottish Cup, coronada con la victoria en la final ante Dunfermline. Tras aquel partido pidió tiempo, quiso reflexionar sobre su futuro. En realidad, en los pasillos de Celtic Park pocos dudaban de que le seducía la idea de algo más estable. El club también lo sabía: cuando el vestuario responde a ese nivel, se hace difícil mirar hacia otro lado.
La opción Robbie Keane, frenada por la grada
Durante días, otra figura había ocupado el centro del debate interno. Robbie Keane, exdelantero idolatrado por parte de la afición, mantuvo conversaciones con Dermot Desmond, principal accionista del club. El nombre era atractivo, el relato fácil: un exjugador carismático, un proyecto nuevo, una cara fresca para un ciclo distinto.
Pero la realidad fuera de las salas de reuniones fue mucho más áspera. Una parte ruidosa de la hinchada reaccionó con furia a la posibilidad de que Keane tomara el cargo, señalando su etapa como entrenador en Israel al frente de Maccabi Tel Aviv y, después, su paso por Ferencvaros en Hungría, del que dimitió a finales de mayo. La oposición fue inmediata y contundente. El clima se enrareció. Y el camino hacia Keane, que parecía abierto, se estrechó hasta casi cerrarse.
En ese contexto, la figura de O’Neill volvió a imponerse con una lógica casi inevitable. No necesitaba presentación, ni campañas de seducción, ni discursos grandilocuentes. Tenía algo mucho más poderoso: memoria, títulos y una conexión emocional que lleva décadas arraigada.
Veintiséis años después
El nuevo acuerdo llega, además, con un peso simbólico difícil de ignorar. Han pasado 26 años desde que Desmond convenciera por primera vez a O’Neill para dejar Leicester y hacerse cargo de Celtic. Aquel movimiento cambió la historia reciente del club.
En su primera etapa, el antiguo centrocampista construyó un equipo feroz y competitivo que rompió la hegemonía doméstica y devolvió a Celtic al mapa europeo. Tres ligas escocesas, tres Scottish Cups, dos Scottish League Cups y una final de la Uefa Cup en 2003, perdida ante el Porto de José Mourinho, marcaron una era. Un legado que todavía se cita como referencia cada vez que se habla de ambición en Glasgow.
Que sea el mismo dueño, el mismo protagonista y el mismo club quienes vuelvan a encontrarse más de un cuarto de siglo después añade una capa de relato que va más allá de lo puramente deportivo. Es una segunda vuelta con el mismo director, pero con un contexto radicalmente distinto.
Del caos a la continuidad
El regreso de O’Neill esta temporada se produjo en un escenario de urgencia. Brendan Rodgers había dimitido en octubre, dejando un vacío incómodo en pleno curso. O’Neill aceptó entonces un papel de bombero, a corto plazo. Parecía una solución de transición, casi un puente hacia una nueva era.
Ese puente se llamó Wilfried Nancy. El francés tomó el relevo con la misión de construir un proyecto propio, pero su etapa resultó un desastre fugaz: solo ocho partidos en el cargo antes de su salida. Entre dudas, resultados pobres y una sensación de deriva, el club volvió a mirar hacia la figura que le había dado estabilidad unas semanas antes.
O’Neill regresó al banquillo y, esta vez, no solo apagó el incendio: defendió con éxito el título de la Premiership y añadió la Scottish Cup, completando un doblete que cambió por completo el tono de la temporada. Lo que empezó como un parche terminó como un argumento irrefutable para ofrecerle la continuidad.
Ahora, con un contrato firmado y la opción de un segundo año sobre la mesa, Celtic apuesta de nuevo por el hombre que ya lo llevó a la cima dos veces, en dos épocas distintas. La pregunta ya no es si O’Neill puede sostener al equipo. La cuestión es cuánta otra historia está dispuesto a escribir en Glasgow a los 74 años.
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