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Mundial cerrado y el desempeño de los jugadores del Liverpool

Ciento cuatro partidos después, el Mundial baja el telón. España se corona campeona frente a una Argentina enredada en sus artimañas y su negatividad en una final gris, a la altura de un torneo hinchado y discutido. Entre tanto ruido, ocho jugadores del Liverpool vivieron su propia historia en Estados Unidos, Canadá y México.

El club ya sabía que, pasara lo que pasara en Nueva York, sumaría solo su sexto campeón del mundo en la historia: Alexis Mac Allister contra el recién fichado Víctor Muñoz. Uno levantaría la copa, el otro también. El resto, a preparar maletas para unirse al grupo de Andoni Iraola en la gira por Estados Unidos, con amistosos ante Sunderland, Leeds United y Wrexham.

Este es el veredicto sobre su Mundial.

Víctor Muñoz – N/D

Un Mundial extraño para el nuevo fichaje. España aún se preguntaba cómo había sido incapaz de marcarle a Cabo Verde en su debut cuando saltó la noticia: el Liverpool activaba la cláusula de rescisión de 34,5 millones de libras en Osasuna para convertir a Muñoz en la primera pieza de la era Iraola.

La afición se frotó las manos. Mundial, selección campeona, extremo nuevo, escaparate perfecto. Y entonces, el golpe: lesión, ausencia en varios partidos y ni un solo minuto sobre el césped mientras España caminaba hasta el título.

No jugó, pero su nombre entra igualmente en la historia del club. Muñoz se convierte en el sexto jugador del Liverpool en proclamarse campeón del mundo en activo, tras los ingleses Roger Hunt, Ian Callaghan y Gerry Byrne, y los españoles Fernando Torres y Pepe Reina. Sin tocar el balón, pero con una medalla que pesará en el vestuario.

Alexis Mac Allister – 7

Mac Allister no escapó al naufragio colectivo de Argentina en la final. Pero sin él, y sin ese otro llamado Lionel Messi, la Albiceleste no habría llegado tan lejos.

El centrocampista lo jugó prácticamente todo: solo descansó en el trámite ante Jordania, con el primer puesto del grupo ya asegurado. Dejó su huella desde el principio: asistió en el triunfo frente a Cabo Verde y abrió el marcador en el triunfo de cuartos de final contra Suiza.

Actuó más adelantado de lo habitual, con libertad para pisar el área y liderar la presión. Fue clave en la remontada agónica frente a Inglaterra, uno de esos partidos que definen carácter y jerarquía. Y hay otro dato que habla de su madurez: solo vio una amarilla en ocho encuentros, casi una rareza para un jugador de 27 años acostumbrado a vivir al límite del reglamento.

Llega a la pretemporada con peso en las piernas, pero también con confianza. El Liverpool necesita exactamente a este Mac Allister.

Alisson Becker – 7

Brasil fue una sombra de sus grandes generaciones. Alisson, no.

De vuelta tras lesión, el portero del Liverpool ofreció lo que se espera de él: seguridad, sobriedad, autoridad en el área. Pudo hacer poco en los dos goles de Erling Haaland en la eliminación ante Noruega, un castigo que habló más de las carencias defensivas del equipo que de su guardameta.

Su Mundial no deja grandes paradas icónicas, pero sí la confirmación de algo evidente: sigue siendo uno de los mejores porteros del planeta. El reto, ahora, es otro: mantenerse sano toda la temporada.

Alexander Isak – 6

Más de una ceja se habrá levantado en Merseyside al revisar sus números. Tres partidos completos de 90 minutos en cuatro encuentros con Suecia, después de no haberlo logrado ni una vez con el Liverpool durante el curso.

Arrancó como un tiro. Gol y dos asistencias ante una Túnez muy floja, sensación de delantero dominante, con confianza y agresividad. Siguió sumando con otra asistencia en la goleada frente a Holanda, pero el brillo se fue apagando.

Su Mundial terminó siendo una curva descendente: buenos datos, impacto menguante. Volverá a Anfield con minutos en las piernas y, quizá, con alguna pregunta incómoda sobre su disponibilidad durante la temporada.

Cody Gakpo – 8

Gakpo necesitaba aire. Y lo encontró con Holanda.

Cuestionado por buena parte de la grada del Liverpool el curso pasado, el atacante se liberó con su selección. Jugando pegado a la banda izquierda, mostró una versión más agresiva, más incisiva, más cercana a la que enamoró antes de llegar a Anfield.

Su exhibición ante Suecia fue un desahogo: dos goles y una asistencia, liderazgo ofensivo y sensación de futbolista revitalizado. En la derrota en octavos frente a Marruecos también dejó su sello, con un gol cargado de emoción, marcado poco después de conocerse la pérdida de su hijo no nacido.

Fue su torneo. No en términos de trofeos, sí en cuanto a reivindicación personal.

Virgil van Dijk – 7

Capitán de Holanda, referencia del Liverpool, faro en la zaga… y, aun así, foco habitual de críticas en su país.

Van Dijk firmó un Mundial notable en lo individual. Marcó en el entretenido empate de la fase de grupos ante Japón y dio una asistencia frente a Túnez. Aun así, ciertos sectores en Holanda volvieron a ponerlo en la diana, como si nada fuera suficiente.

El contexto no ayudó. El equipo de Ronald Koeman se construyó para atacar, no para protegerse. La defensa lo pagó: encajó en los cuatro partidos y nunca dio la sensación de tener el partido bajo control. Van Dijk sostuvo lo que pudo, pero el plan colectivo se quedó corto.

Ryan Gravenberch – 7

Otro holandés, otro rol distinto al que acostumbra en el Liverpool. Gravenberch actuó más adelantado en el centro del campo y arrancó el Mundial con brillo.

Firmó dos asistencias inteligentes ante Japón, leyendo bien los espacios entre líneas y llegando desde segunda línea con criterio. Parecía asentarse como interior ofensivo cuando el guion cambió.

En la derrota frente a Marruecos regresó a una posición más defensiva. Ya no fue el mismo. Koeman lo sustituyó antes de que Holanda encajara el empate tardío que forzó los penaltis. Su hoja de servicios, no obstante, deja sensaciones positivas: versatilidad, calidad y margen de crecimiento.

Florian Wirtz – 6

Las cifras cuentan una historia amable. Tres asistencias en cuatro partidos, casi siempre partiendo desde la izquierda, para una Alemania decepcionante.

Pero el partido pedía más. El talento de Wirtz es evidente, su pausa y su último pase también. Aun así, quedó la impresión de que pudo asumir más responsabilidad, de que tenía un punto más de atrevimiento guardado en la mochila.

Cuando llegó el momento más caliente, ya no estaba en el campo. Alemania cayó de forma polémica en la tanda de penaltis ante Paraguay con su gran generador de juego viendo el desenlace desde el banquillo. Una imagen que pesará cuando se analice el torneo en frío.

El Mundial se ha ido. Los focos cambian ahora de estadio: del ruido global al pulso semanal de Anfield. Ocho jugadores regresan con cicatrices, medallas, dudas y certezas. La pregunta es sencilla y brutal: ¿quién será capaz de trasladar ese Mundial al césped del Liverpool cuando la temporada arranque de verdad?