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Mundial: Semifinales y duelos decisivos

Y quedaron ocho. Después de 96 partidos en 27 días, este Mundial desbordado de giros, sustos y favoritos en apuros entra en la zona en la que ya no hay red de seguridad. Solo potencias, solo candidatos serios, solo margen para el mínimo error.

En los próximos tres días se juegan cuatro plazas de semifinalista. Un duelo con sabor a revancha de Qatar, un campeón que camina sobre el alambre, una selección que regresa a esta instancia tras casi tres décadas y otra que todavía no ha recogido un balón de su propia red. No hay comodines. Cada cruce huele a final.

1. Francia vs. Marruecos, 9 de julio

El eco de aquella semifinal de Qatar sigue fresco: 2-0 para Francia en un partido mucho más ajustado de lo que dictó el marcador. Menos de cuatro años después, el cartel es el mismo, pero los equipos no lo son.

Francia mantiene la figura central de su libreto: Kylian Mbappé, flanqueado por Ousmane Dembélé, vuelve a liderar un ataque que ahora mezcla jerarquía y novedad. Michael Olise, Désiré Doué y Bradley Barcola pisan por primera vez estas alturas del torneo, sin el peso de la historia, pero con la presión de sostener el favoritismo francés.

Al otro lado, Marruecos conserva el alma de aquel equipo que fascinó al mundo: Achraf Hakimi manda en el carril derecho, Yassine Bounou sigue siendo el seguro bajo palos y Azzedine Ounahi marca el ritmo en la sala de máquinas. A esa base se han sumado el talento creativo de Brahim Díaz y la frescura del mediocentro de 18 años Ayyoub Bouaddi. Es otra Marruecos, igual de competitiva, quizá con más recursos con balón.

El choque promete goles. Ambos conjuntos tienen capacidad para desarbolar defensas con un par de toques precisos o una carrera al espacio. El matiz puede estar en una ausencia: Marruecos podría quedarse sin Ismael Saibari, que se retiró lesionado en la victoria de octavos ante Canadá. Sin su presencia para fijar centrales y ofrecer desmarques de apoyo, el ataque marroquí pierde una referencia clave. En un partido que se intuye apretado, ese detalle puede inclinar la balanza.

Francia parte como gran favorita del torneo. Pero ya sabe lo que es sufrir ante Marruecos. Y este Mundial no está respetando los guiones previsibles.

2. Inglaterra vs. Noruega, 11 de julio

Erling Haaland y Noruega están viviendo su propia aventura americana. Primera presencia en cuartos de final de un Mundial tras 28 años de ausencia. El escenario: Miami. El rival: una Inglaterra que llega reforzada anímicamente y con viejos conocidos del delantero en su línea defensiva.

Es muy posible que tres excompañeros de Haaland en Manchester City –Marc Guéhi, John Stones y Nico O’Reilly– formen la muralla inglesa. Conocen sus movimientos, sus manías, sus cambios de ritmo. Otra cosa es que puedan detenerlo durante 90 minutos. Porque Haaland no llega solo.

Noruega se presenta con un núcleo duro muy familiar para la Premier League: Martin Ødegaard, cerebro de Arsenal, Sander Berge, pulmón de Fulham, y Oscar Bobb, extremo formado en Manchester City y ahora en Fulham, dan al equipo una estructura competitiva y colmillo en transición. No es una selección de un solo hombre, aunque su nueve acapare todos los focos.

Inglaterra llega tras una victoria de carácter ante México, un triunfo que mostró algo más que talento: mostró orgullo. Ahora el reto será otro. Tendrá más posesión, más responsabilidad con el balón y menos espacios para correr. Necesitará imaginación para abrir una defensa noruega que se siente cómoda esperando y saliendo disparada con Haaland como punta de lanza.

El riesgo es evidente: cada pérdida en campo rival puede convertirse en un contraataque devastador. El partido huele a duelo táctico, a pocos goles, a uno o dos detalles decidiendo quién avanza. Una carrera ganada por Haaland. Un pase filtrado que rompa líneas. Una jugada a balón parado. El margen será mínimo.

3. Argentina vs. Suiza, 11 de julio

Argentina parece empeñada en vivir este Mundial al borde del abismo. Primero, una victoria en la prórroga ante Cabo Verde. Después, una remontada monumental frente a Egipto. A dos pasos de regresar a la final y defender la corona de 2022, el campeón se encuentra ahora con un obstáculo que, sobre el papel, es más duro que los dos anteriores.

Suiza llega con algo que no se compra: experiencia en la élite europea. Su columna vertebral se ha curtido en las grandes ligas y no se intimida ante nombres ni escudos. Ya dejó fuera a Francia e Italia en Eurocopas recientes. Sabe lo que es tumbar gigantes.

Su solidez defensiva puede incomodar a Argentina y a Lionel Messi. Cerrar líneas de pase, reducir espacios entre centrales y mediocentros, obligar al campeón a circular por fuera, sin encontrar grietas por dentro. El plan suizo parece claro. La incógnita está en el otro área.

El gol es el gran interrogante. Breel Embolo tiene condiciones para marcar la diferencia, atacar el espacio y castigar cualquier desajuste. Pero la posible vuelta a pleno rendimiento de Johan Manzambi sería un impulso enorme para el ataque helvético. Con más presencia arriba, Suiza podría castigar a una Argentina que ya ha demostrado que, cuando se descuida, sufre.

El campeón avanza a base de épica. Suiza, a base de estructura. El choque promete tensión, nervios y la sensación constante de que cualquier jugada puede cambiar el destino del torneo.

4. España vs. Bélgica, 10 de julio

Cinco partidos. Cero goles encajados. España ha construido su candidatura desde el control absoluto: monopolio de balón, ritmo marcado a su antojo y rivales desactivados antes de llegar a la frontal. Hasta ahora, el plan le ha salido impecable.

Lo más llamativo es que la explosión ofensiva no ha llegado desde donde muchos esperaban. Lamine Yamal, extremo de 18 años de Barcelona, aterrizó en el torneo sin estar al cien por cien físicamente y todavía no ha sido el foco goleador. Aun así, su mera presencia condiciona defensas, arrastra marcas y abre pasillos para sus compañeros. Mikel Oyarzabal, con cuatro tantos, se ha erigido como referencia anotadora, acompañado por un reparto coral que suma desde segunda línea.

Da la sensación de que España aún guarda una marcha más. Si Yamal consigue elevar su impacto y Nico Williams, tocado físicamente, puede aportar más minutos de desborde, el equipo puede ganar una profundidad que hasta ahora no ha necesitado.

Frente a ese bloque llega una Bélgica de dos caras. Sufrió en la fase de grupos, pero desde entonces se ha desatado: 12 goles en los últimos tres encuentros. El giro hacia un once más atlético le dio resultados ante Estados Unidos. Ritmo, potencia, más metros recorridos, más llegadas.

El precio ha sido alto. Amadou Onana se rompió el ligamento cruzado anterior en ese duelo, un golpe durísimo para el centro del campo belga. Su ausencia abre un hueco que puede obligar a Kevin De Bruyne a regresar al once tras descansar en los octavos. Con balón, el belga es una garantía. Sin Onana, la protección por detrás se resiente.

Rudy Garcia deberá decidir también si devuelve la titularidad a Jeremy Doku en la banda y qué papel reserva para Romelu Lukaku, que ha sido un recurso desde el banquillo. Con un cruce que amenaza con alargarse hasta la prórroga, el manejo de las piezas será crucial. Guardar pólvora para el tramo final puede marcar la diferencia.

España manda con el balón. Bélgica responde con pegada reciente y talento veterano. Uno de los dos se quedará a las puertas de las semifinales. El otro saldrá reforzado de un examen que, por nivel y tensión, se parece demasiado a una final adelantada.