El naufragio de Niza: del sueño Champions al abismo
Los jugadores de Niza ya sabían que el ambiente estaba podrido. Lo habían sentido hace unos meses, cuando fueron atacados por sus propios aficionados. El domingo por la noche, la fractura quedó expuesta del todo: los ultras invadieron el césped tras un 0-0 miserable ante Metz y los futbolistas tuvieron que salir corriendo hacia el túnel. Una imagen perfecta del tamaño del fracaso de Ineos y de la furia que ha desatado entre la afición.
La temporada había arrancado con previa de Champions League. Puede terminar en Ligue 2.
El empate ante un Metz ya descendido en la última jornada condena a Niza a un playoff a doble partido contra Saint-Étienne a finales de mes. Un desastre de calendario para Ineos, que busca la puerta de salida tras no conseguir lo que prometió al comprar el club por 100 millones de euros en 2019: convertirlo en un aspirante real al dominio del PSG.
Una misión sencilla convertida en montaña
La ecuación era clara: para evitar el playoff, Niza necesitaba algo que no lograba desde el 29 de octubre: ganar un partido de liga en casa. Y enfrente tenía al rival ideal. Metz ya estaba descendido y solo había ganado tres encuentros en todo el curso, ninguno bajo el mando de Benoît Tavenot, nombrado en enero.
El balance final del técnico es demoledor: ninguna victoria en toda la temporada, nueve empates, 18 derrotas y dos descensos encadenados, contando su etapa anterior en Bastia, donde se marchó sin ganar en 11 partidos. Pese a ello, Niza fue incapaz de imponerse.
Era una tarea simple. Niza la convirtió en una epopeya imposible.
“Poneos las pilas de una vez”, tronó la grada local antes del inicio. El ambiente ya era extraño incluso antes del pitido inicial, una mezcla incómoda de rabia, celebración y expectación. “Todos a París”, rezaba una pancarta, aludiendo a la final de la Coupe de France del viernes ante Lens en la capital. Un gran tifo homenajeaba al capitán, Dante, que esperaba disputar en el Allianz Riviera su último partido en casa antes de retirarse a los 42 años.
La ira terminó devorando cualquier atisbo de fiesta. Igual que los dos duelos ante Saint-Étienne en el playoff de permanencia amenazan con eclipsar por completo la final de copa. “Ya no es en absoluto una prioridad”, admitió el copresidente Jean-Pierre Rivère. El equipo viajará al Stade de France con la cabeza en otra parte, como le ocurrió a Reims el año pasado, cuando perdió la final ante PSG y después cayó frente a Metz en el playoff. Yehvann Diouf, protagonista de aquellos tres partidos con Reims antes de fichar por Niza en verano, hará todo lo posible por no revivir la misma pesadilla.
Ineos cierra el grifo y el proyecto se desangra
Las señales de alarma estaban ahí. Pocos imaginaron, sin embargo, que el derrumbe llegaría tan lejos.
Los objetivos deportivos antes del curso eran difusos. Se hablaba de volver a Europa, sin precisar competición. Nada más. Con Ineos volcado en Manchester United, el grifo se cerró en Niza. Salieron jugadores importantes como Evann Guessand y Marcin Bulka, y sus sustitutos no estuvieron a la altura. Kevin Carlos, fichado para reemplazar a Guessand, no ha marcado ni un solo gol en liga. Otros directamente prefirieron mirar hacia otro lado: Mahdi Camara rechazó la propuesta de Niza para marcharse a Rennes.
En otoño, Franck Haise ya levantaba la voz. Se quejaba de no tener plantilla para luchar por Europa y dio un paso más: aseguró que ni siquiera podía “crear un grupo” con el vestuario actual. La indignación de la grada fue creciendo y se dirigió sobre todo hacia los jugadores, pero no solo. El director deportivo Florian Maurice también quedó señalado, igual que Fabrice Bocquet, que asumió fugazmente la presidencia en lugar de Rivère.
En noviembre, la tensión se desbordó. Terem Moffi y Jérémie Boga fueron agredidos al bajar del autobús del equipo en la ciudad deportiva, a la vuelta de una derrota en Lorient. Ambos futbolistas acabaron saliendo del club. Bocquet también se marchó y Haise no llegó a final de año.
El regreso de Puel, otro paso en falso
La decisión de recuperar a Claude Puel como entrenador ha sido un tiro en el pie. Rivère consideraba que Haise había perdido la chispa y, en diciembre, ambas partes acordaron separarse. Desde entonces, Puel solo ha logrado dos victorias en 18 partidos de liga. Sus planteamientos y alineaciones han sido objeto de críticas feroces, con razón.
Pero el problema va mucho más allá del banquillo. Los pitos retumbaron en el Allianz Riviera casi sin pausa durante los 90 minutos de un empate soporífero. Resultaba difícil saber hacia quién iban dirigidos. La sensación era clara: contra todos.
La tensión creció a ojos vista. Cuando los ultras bajaron del segundo al primer anillo en el descanso, nadie pensó que fuera por mejorar la vista del juego. El estallido llegó al final: invasión del césped, carreras, caos. Los incidentes se prolongaron alrededor del estadio hasta bien entrada la noche. Empleados, invitados y periodistas quedaron bloqueados en el interior hasta pasada la medianoche.
Puel concedió que la “decepción es legítima” y Rivère apeló a la “unidad”. Palabras huecas frente a una fractura que atraviesa todo el club. Nadie en Niza parece capaz de repararla. Con las negociaciones abiertas con posibles compradores, es probable que pronto deje de ser un problema para Ineos. Si vende este verano, se irá dejando un paisaje de ruinas.
Francia en llamas: Nantes, PSG y un cierre de liga surrealista
Lo de Niza fue grave. Pero al menos los aficionados esperaron al final del partido para saltar al césped. En Nantes, ni eso.
El equipo, ya descendido, recibía a Toulouse en la última jornada. El encuentro duró 22 minutos. Los propietarios del club ni siquiera acudieron al estadio por miedo a incidentes, y el tiempo les dio la razón: los ultras lanzaron bengalas negras, de un tono tan amenazante como el clima en la grada, y acabaron invadiendo el campo en masa.
Jugadores, árbitros y empleados corrieron hacia los vestuarios. Uno se quedó. Vahid Halilhodzic, entrenador de Nantes, plantó cara a los aficionados, muchos con pasamontañas, y les habló en pleno césped, antes de retirarse también, con una mezcla de angustia y tristeza en el rostro. “En 40 años de carrera como jugador y entrenador, nunca había vivido algo así. Se quedará grabado profundamente en mi memoria”, confesó después. Y será su último recuerdo en el fútbol: confirmó que se retira. Un final tan brutal como inolvidable para el “Coach Vahid”.
En una noche llena de imágenes duras, hubo una escena casi cómica en el derbi de París. PSG había asegurado el título de Ligue 1 a mitad de semana, tras vencer a Lens, pero no hubo entrega de trofeo. El club pretendía celebrarlo después del partido del domingo ante Paris FC. El problema: el vecino, anfitrión en esta ocasión, no estaba precisamente entusiasmado con cederle el escenario de la fiesta.
Paris FC tenía sus propios planes tras certificar la permanencia. Eso obligó a PSG a improvisar una pequeña tarima frente al sector visitante antes del encuentro. La celebración fue extraña, discreta, casi incómoda. Quizá adecuada para un club al que ya solo se le mide por lo que hace en otros torneos más glamourosos.
Luis Enrique lo dejó claro: su mirada está puesta en la final de la Champions League contra Arsenal. Y se notó. PSG cayó 2-1 ante Paris FC en un partido irrelevante para la tabla, pero revelador de prioridades.
Mientras tanto, en Niza, nadie piensa en finales europeas. Piensan en Saint-Étienne, en el miedo al descenso y en un club que, cuatro años después de ser comprado como promesa de grandeza, se asoma al vacío.
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