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Tottenham Women: Una Temporada Histórica en la WSL

La temporada pasada, mientras el equipo masculino de Tottenham coqueteaba peligrosamente con el abismo, el verdadero antídoto al drama se jugaba lejos de los focos principales: en el campo del equipo femenino. Mientras unos parecían empeñados en flirtear con el descenso, ellas firmaban la mejor campaña de su historia en la Women’s Super League. Dos realidades opuestas bajo el mismo escudo.

Un equipo que se atrevió a divertirse

Tottenham Women no solo sumó su mayor registro de puntos en la WSL; lo hizo jugando un fútbol desinhibido, frontal, sin complejos. El 7-2 ante Aston Villa fue la carta de presentación más ruidosa: un festival ofensivo que retrató a un equipo decidido a mirar siempre hacia adelante.

La temporada dejó imágenes que se quedan pegadas a la memoria. Una tanda de penaltis de FA Cup contra London City Lionesses en la que los primeros 17 lanzamientos acabaron dentro, casi un ejercicio de resistencia nerviosa colectiva. Y, sobre todo, aquel misil de Cathinka Tandberg desde unos 40 metros, un disparo que cruzó el aire como una declaración de intenciones: este Tottenham no venía a sobrevivir, venía a imponerse.

Mientras el grupo de WhatsApp de abonados del equipo masculino ardía con preguntas sin respuesta —¿por qué tantos pases alrededor del área?, ¿por qué no llegan los fichajes para tapar lesiones?—, el fútbol de las Spurs ofrecía algo mucho más sencillo y, a la vez, más valioso: claridad.

El efecto Martin Ho

El punto de inflexión tiene nombre propio: Martin Ho. Su llegada al banquillo el año pasado cambió el tono del proyecto. Venía de ser asistente en Manchester United y de dirigir a Brann en Noruega, pero en Londres se encontró con un reto distinto: reanimar a un grupo que venía de una campaña en la que había terminado a un solo puesto del descenso y que, en consecuencia, había visto marcharse a Robert Vilahamn.

Ho no necesitó discursos incendiarios para sacudir al vestuario. No hubo diatribas al estilo Igor Tudor, ni frases demoledoras sobre lo que el equipo no sabía hacer. Lo que se vio fue un Tottenham que, de pronto, atacaba, defendía y corría con convicción. Un equipo reconocible.

Sobre el césped, las jugadoras parecían saber exactamente qué hacer y cómo ayudar a la compañera más cercana. El orden sin rigidez, la libertad sin caos. El arranque de temporada fue la prueba: cinco victorias en los primeros seis partidos, una respuesta inmediata a meses de dudas.

Ho también entendió algo básico pero no siempre evidente: la conexión con la grada. No se encerró en la zona técnica. Se dejó ver por el “Legends Lounge” de Leyton Orient, donde el equipo disputa la mayoría de sus partidos como local, charlando con aficionados antes de los encuentros. Gesto pequeño, impacto grande. La sensación de proyecto compartido se consolidó desde ahí.

Fichajes que encajan, no solo nombres

El salto cualitativo no se explica sin los refuerzos. Olivia Holdt, desde el centro del campo, terminó como máxima goleadora del equipo. Un dato que habla tanto de su llegada al área como de la estructura ofensiva que la rodeaba. En la zaga, Toko Koga se convirtió en referencia silenciosa, siempre en el sitio, siempre fiable.

En enero apareció Signe Gaupset, una futbolista que rompe líneas conduciendo, que convierte el mediocampo en una autopista cuando encuentra espacio. Su irrupción dio otro matiz a un equipo que ya había encontrado ritmo, pero que necesitaba precisamente ese tipo de amenaza vertical.

Junto a ellas, nombres como Eveliina Summanen, Amanda Nildén, Lize Kop, Drew Spence y Clare Hunt sostuvieron el nivel a lo largo de la temporada. No fueron destellos aislados: fue una línea de rendimiento constante, algo que Tottenham Women no siempre había podido presumir en años anteriores.

Hubo golpes, claro. Manchester City castigó con dureza en un par de encuentros. Pero City cuenta con Khadija “Bunny” Shaw, una delantera con un promedio goleador superior incluso al de Erling Haaland, y terminó levantando la liga por delante de Arsenal, Chelsea y Manchester United. En ese contexto, el quinto puesto de Spurs, justo detrás de ese cuarteto que domina estructuralmente la WSL, no fue un techo; sonó más bien a plataforma de despegue. Meterse en ese top cuatro ya no parece un sueño lejano, sino un objetivo a uno o dos pasos de distancia.

Un mercado ambicioso y despedidas dolorosas

El club no esperó demasiado para enviar un mensaje sobre sus intenciones. Pocos días después de acabar la temporada, Tottenham cerró la llegada de Caitlin Dijkstra, internacional neerlandesa procedente de Wolfsburg, para reforzar la defensa. Un fichaje de nivel europeo para apuntalar la línea de atrás.

Al ataque se sumó Shekiera Martinez, que dejó destellos de delantera letal incluso en un West Ham discreto. Y el verano trajo más nombres contrastados: Kirsty Hanson desde Aston Villa y Alice Sombath desde OL Lyonnes, piezas que amplían el fondo de armario y elevan la competencia interna.

No todo fueron buenas noticias. La marcha de Bethany England, máxima goleadora histórica del club, dejó un poso de incomprensión. Cuesta entender que no se le ofreciera al menos un año más de contrato a una futbolista con ese peso simbólico y deportivo. El adiós de Ashleigh Neville, rumbo a Leicester para estar más cerca de casa, dolió por otros motivos: se va una jugadora identificada con el proyecto, una de esas figuras que dan carácter al vestuario.

El equipo que arrancará la próxima temporada será muy distinto al que algunos aficionados comenzaron a seguir hace apenas tres años. Cambian las caras, cambian las sociedades dentro del campo. Lo que no se mueve es la base emocional que sostiene todo: una comunidad de abonados que ha crecido alrededor del equipo femenino con una mezcla de lealtad, curiosidad y orgullo.

La grada como corazón del proyecto

En las gradas se respira una cultura futbolística profunda. Muchos de esos aficionados llevan años sufriendo y celebrando con Tottenham, tanto en la sección masculina como en la femenina. Escriben blogs, graban pódcasts, se plantan en campos hostiles como el de West Ham bajo la lluvia y el viento. Algunos estaban allí cuando el equipo era Broxbourne Ladies y peleaba en categorías muy alejadas del foco actual.

El ambiente en los partidos de las mujeres ofrece un matiz distinto. Hay tensión, hay quejas al árbitro, hay ironía —no falta quien se pregunte en voz alta si el colegiado ha pasado últimamente por una conocida óptica de la calle principal—, pero el nivel de ira y de insultos que a menudo contamina los encuentros del fútbol masculino se reduce de forma notable. El estadio se convierte en un lugar más habitable, más familiar, sin perder competitividad.

Antes de cada partido, las gradas se visten con pancartas de jugadoras de Spurs acompañadas por la bandera Progress Pride. No es un adorno; es una declaración. Un recordatorio visual de que todo el mundo tiene sitio ahí, de que la identidad LGBTQIA+ forma parte del paisaje del club y de su hinchada. Para muchos, esa puesta en escena ha sido una puerta de entrada a otra forma de entender el papel del fútbol como motor de cambio social.

Fútbol sin VAR, emociones sin filtro

El ritmo del juego en la WSL puede ser ligeramente más pausado que en el fútbol masculino de élite, pero los partidos de Tottenham Women se mueven con fluidez, casi sin interrupciones. No hay VAR. Eso implica, a veces, errores arbitrales groseros. También implica algo que muchos aficionados empiezan a echar de menos: la inmediatez.

No se paraliza el estadio durante cinco minutos mientras todos miran una pantalla que no muestra nada. No se congela el grito de gol. El fútbol se vive en tiempo real, con sus injusticias y sus explosiones de alegría sin corrección posterior.

Con el crecimiento del equipo, con el proyecto deportivo consolidándose y con fichajes que apuntan a cotas más altas, la expectativa para la próxima temporada es clara: más gente en las gradas, más voces sumándose a una experiencia que ya no es un secreto a voces, sino una opción atractiva por derecho propio.

Tottenham Women ha dejado de ser un apéndice del club. Se ha convertido en uno de sus relatos más vibrantes. La pregunta ya no es si puede sostener este nivel, sino hasta dónde está dispuesto a llegar este equipo en una WSL que, por primera vez, empieza a mirarlo con verdadera preocupación.