Victoria de Australia en el partido 101 de Hayley Carpenter
Hayley Carpenter celebró su partido número 101 con Australia como mejor sabe: atacando sin descanso por la banda derecha y marcando el pulso de una victoria que el vestuario necesitaba. Las Matildas se impusieron 3-1 y se sacudieron la espina del gol encajado en el último minuto ante el mismo rival la semana pasada.
Esta vez, el guion cambió pronto. Alanna Kennedy abrió el marcador pasada la media hora, culminando la primera fase de dominio australiano y poniendo orden en un duelo que pedía una voz de mando. A partir de ahí, Carpenter aceleró.
La lateral se adueñó del carril derecho, encadenó desmarques, ganó línea de fondo y terminó provocando el segundo tanto: su enésima irrupción por el costado descolocó a la defensa y acabó forzando un gol en propia puerta que dio aire a Australia y confirmó la superioridad del equipo.
El rival reaccionó y el partido se abrió, con esos “momentos temblorosos” a los que la propia Carpenter aludió después. Pero la selección de Joe Montemurro no se descompuso. Ajustó un par de detalles, afinó la circulación y esperó el momento de golpear de nuevo.
La sentencia llegó a 20 minutos del final. Una jugada colectiva precisa, limpia, de esas que definen una idea de juego, terminó en los pies de Caitlin Foord. La futbolista de Arsenal controló y remató para firmar el 3-1, un gol que premió la paciencia y la fluidez del ataque australiano.
Al término del encuentro, Carpenter no se escondió a la hora de analizar el paso adelante del equipo: habían trabajado específicamente cómo superar la presión rival, una asignatura pendiente tras el duelo anterior. Reconoció que todavía quedan aspectos por pulir, pero subrayó que este partido ofrece una base sólida sobre la que construir.
Montemurro lo había avisado en la previa: si Australia quiere mandar con balón, los rivales la van a ir a buscar arriba. La respuesta de sus jugadoras fue clara. Toques más rápidos, circulación más ágil, menos dudas en la salida. No fue perfecto, pero sí un mensaje.
En una noche que celebró la longevidad de Carpenter y el olfato de Foord, las Matildas no solo ganaron un amistoso. Recuperaron confianza ante un rival que ya les había castigado. Y dejaron la sensación de que, si ese “buen punto de partida” se convierte en hábito, el próximo final ajustado podría escribirse con un desenlace muy distinto.
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