canchacentral full logo

Empate entre Crystal Palace y Everton en Selhurst Park

Selhurst Park fue el escenario de un empate que explicó muy bien quiénes son estos dos equipos en la recta final de la temporada 2025 de Premier League. Crystal Palace, 15.º con 44 puntos y un balance global de 38 goles a favor y 44 en contra (diferencia de -6), recibió a un Everton asentado en mitad de tabla, 10.º con 49 puntos y un registro total perfectamente equilibrado: 46 goles anotados y 46 encajados. El 2-2 final, tras un 1-1 al descanso, dejó la sensación de que ambos conjuntos reprodujeron su ADN competitivo: Palace, incómodo pero valiente desde el 3-4-2-1; Everton, pragmático, resistente y siempre amenazante en transiciones.

I. El gran marco táctico

Heading into this game, los números dibujaban un choque de estilos muy definido. Crystal Palace llegaba con una producción ofensiva modesta en casa: 18 goles en 18 partidos en Selhurst Park, una media de 1.0 gol por encuentro. A cambio, su estructura de tres centrales y carrileros le había permitido sostenerse atrás, encajando 21 tantos como local (1.2 de promedio), con 7 porterías a cero en todo el curso. Everton, por su parte, representaba la fiabilidad a domicilio: 7 victorias, 5 empates y 6 derrotas lejos de casa, con 21 goles marcados y 22 recibidos, promediando 1.2 tantos a favor y 1.2 en contra en sus viajes.

En ese contexto, el 3-4-2-1 de Oliver Glasner fue una declaración de intenciones. D. Henderson bajo palos, línea de tres con C. Richards, M. Lacroix y el joven J. Canvot, y una banda ancha con D. Munoz y T. Mitchell dando altura por fuera. Por dentro, A. Wharton y D. Kamada como doble pivote creativo, y por delante una triple amenaza móvil: I. Sarr, B. Johnson y J. S. Larsen, con el noruego como referencia más adelantada.

Everton, en cambio, apareció sin formación declarada en los datos, pero con piezas que encajan en su estructura habitual de cuatro atrás y doble pivote. J. Pickford en portería, una defensa con J. O'Brien, J. Tarkowski, M. Keane y V. Mykolenko, y un centro del campo muy trabajador con T. Iroegbunam, J. Garner y M. Rohl, apoyados por K. Dewsbury-Hall e I. Ndiaye detrás de Beto. Un once que mezcla músculo, recorrido y algo de creatividad interior, pero que sobre todo garantiza volumen de trabajo sin balón.

II. Vacíos y condicionantes: lesiones y disciplina

Las ausencias marcaron el guion previo. En Crystal Palace, la baja de C. Doucoure por lesión de rodilla restó agresividad y capacidad de ruptura en la base del mediocampo. E. Guessand, E. Nketiah y B. Sosa también figuraban como ausentes, reduciendo alternativas ofensivas y profundidad en banda izquierda. Eso explica en parte el peso que asumieron Kamada y Wharton para iniciar juego y conectar con la línea de tres atacantes.

En Everton, la ausencia de J. Branthwaite por lesión muscular en los isquiotibiales obligó a mantener a M. Keane junto a J. Tarkowski, una pareja menos dominante al espacio. La baja de J. Grealish —uno de los grandes generadores de ventajas del equipo, con 6 asistencias en la temporada— recortó creatividad entre líneas y capacidad de ganar duelos en el uno contra uno. Sin I. Gueye, además, el equipo perdió un ancla defensiva clave para proteger la frontal.

En el plano disciplinario, ambos llegaban con señales de alerta. Crystal Palace presenta una distribución de tarjetas amarillas muy repartida, pero con un pico significativo entre el 31'-45' (19.72%) y otro tramo alto entre el 46'-60' (18.31%), reflejo de un equipo que sufre cuando el ritmo se acelera a ambos lados del descanso. Everton, en cambio, concentra su mayor volumen de amarillas entre el 76'-90' (21.74%) y el 46'-60' (20.29%), dibujando un cuadro de desgaste físico y entradas tardías en la segunda mitad. Sus rojas, además, se cargan en los últimos 30 minutos (dos expulsiones entre el 76' y el 90'), una señal clara de riesgo en finales apretados.

III. Duelo de cazadores y escudos

El “cazador” más evidente del partido no arrancó como titular: J. Mateta, máximo goleador de Crystal Palace en la temporada de Premier League con 11 tantos, quedó en el banquillo. Aun así, su sombra pesó sobre el plan de partido. Con 55 tiros totales (31 a puerta) y 4 penaltis convertidos de 4 intentados, Mateta representa la versión más afilada del ataque de Glasner. Su eventual entrada desde el banquillo, cuando se produjo, añadió presencia en el área y obligó a Everton a hundir metros.

Frente a él, el “escudo” de Everton se articuló en torno a J. Tarkowski y M. Keane, pero también a la capacidad de J. O'Brien para corregir hacia banda y, sobre todo, al trabajo de J. Garner. El inglés, listado como defensor en los datos, es en realidad el auténtico “motor” del equipo: 1665 pases totales con un 86% de acierto, 52 pases clave y 115 entradas completadas. Además, ha aportado 7 asistencias y 2 goles, y lidera la clasificación de amarillas del equipo con 11 tarjetas. Es, al mismo tiempo, el organizador y el enforcer: inicia juego, rompe líneas y luego se encarga de apagar incendios.

En la otra orilla, el “escudo” de Palace tiene nombre propio: M. Lacroix. El central francés ha disputado 33 partidos completos, con 2943 minutos y una actuación muy sólida: 1592 pases con un 88% de precisión, 56 entradas, 17 disparos bloqueados y 42 intercepciones. Sus números explican por qué el 3-4-2-1 de Glasner funciona: Lacroix sostiene la línea alta, corrige a la espalda y se atreve a iniciar desde atrás. Eso sí, su tarjeta roja en la temporada y las 33 faltas cometidas recuerdan que vive en el filo.

En ataque, la combinación de I. Sarr y B. Johnson por detrás de J. S. Larsen ofreció a Palace profundidad y desmarques diagonales, buscando atacar los espacios a la espalda de Mykolenko y O'Brien. Everton respondió con la movilidad de K. Dewsbury-Hall e I. Ndiaye, tratando de fijar a los carrileros de Palace y obligar a Kamada y Wharton a decidir entre saltar a la presión o proteger la espalda.

IV. Lectura estadística y veredicto táctico

Si proyectamos el partido sobre los datos de la temporada, el 2-2 encaja con una lectura de xG equilibrada: Palace genera en total 1.1 goles de media por encuentro y concede 1.3; Everton produce 1.3 y también encaja 1.3. El intercambio de golpes en Selhurst Park no fue un accidente, sino la expresión lógica de dos equipos que viven en el margen estrecho de los detalles.

El plan de Glasner, apoyado en su estructura de tres centrales, buscó maximizar la ocupación de carriles interiores con Kamada y Wharton, mientras liberaba a Sarr y Johnson para atacar por dentro. La elección de J. S. Larsen como referencia, en lugar de Mateta de inicio, apuntó a un partido más de movilidad y presión que de fijación de centrales. Cuando el duelo se abrió, la entrada de Mateta desde el banquillo añadió centímetros y remate, forzando a Everton a defender más cerca de su área.

Everton, con su identidad de equipo compacto, volvió a apoyarse en la seguridad de Pickford y en la lectura de juego de Garner. Su media de 11 porterías a cero en la temporada (6 en casa y 5 fuera) habla de una estructura fiable, pero el hecho de haber encajado 46 goles totales sugiere que, cuando el plan defensivo se rompe, le cuesta recomponerse. En Selhurst Park, la ausencia de Branthwaite y Gueye acentuó esa fragilidad en ciertos tramos.

Desde la óptica disciplinaria, el tramo final del encuentro era territorio peligroso para los de Liverpool. Con un 21.74% de sus amarillas concentradas entre el 76' y el 90' y varias expulsiones en ese intervalo a lo largo del curso, cualquier escenario de ida y vuelta en los minutos finales amenazaba con dejarles en inferioridad. Palace, en cambio, sufre más en la franja 31'-60', donde concentra cerca del 38% de sus amarillas, algo que se reflejó en un tramo medio de partido más caótico.

Following this result, el empate mantiene a Everton en una zona relativamente cómoda, fiel a su condición de equipo de diferencia de goles neutra, mientras que Palace continúa en la batalla por cerrar la temporada sin sobresaltos. Tácticamente, el encuentro refuerza dos certezas: el 3-4-2-1 de Glasner potencia a Lacroix, Kamada y la batería de atacantes móviles, pero necesita más colmillo en casa; Everton, por su parte, seguirá dependiendo del volumen de trabajo de Garner y de la solidez de su zaga para sostener un plan que vive del equilibrio fino entre orden y riesgo en transición.