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Diego Forlán critica la inmovilidad de Cristiano Ronaldo en Portugal

Diego Forlán no se anduvo con rodeos. Desde el programa La Casa del Kun, en ESPN, el excompañero de Cristiano Ronaldo en Manchester United lanzó una crítica tan táctica como directa al capitán de Portugal: su inmovilidad en el área está encadenando al equipo.

Forlán habló como lo que fue: un nueve de élite, con olfato y memoria de área. Y ahí, precisamente, ve el problema.

“Estoy hablando como delantero, el problema es que Cristiano está en el centro, es quien es, está ahí como un 9 y se queda ahí para aprovechar el gol porque ya no sale a buscar la pelota, pero termina condicionando a Portugal”, explicó el uruguayo.

En su visión, Ronaldo sigue siendo letal cerca del arco, pero ya no participa en la gestación ni en los movimientos que desordenan defensas.

Forlán dibujó la escena con crudeza. Ese delantero que se planta en el punto justo, esperando el centro, convencido de que su sola presencia es suficiente. “Es la típica situación en la que decíamos: ‘Me quedo acá porque estoy cerca del arco para hacer el gol’, pero no entendés que terminás perjudicando a tu equipo”, añadió. ¿La consecuencia? Los centrales rivales apenas tienen que leer el juego: “Los dos centrales se quedan ahí, vos no te movés. Los centrales se quedan quietos, uno se convierte en referencia y el otro queda suelto. No tenés a nadie que pueda llegar porque empezás a cerrar ese espacio”.

En un Portugal cargado de talento creativo —Bruno Fernandes, Bernardo Silva, Rafael Leão—, ese bloqueo posicional pesa más de lo que parece. Hay calidad para asociarse, para romper líneas, para atacar por dentro y por fuera. Falta, según Forlán, que la pieza más grande del tablero acepte moverse un poco más.

El uruguayo no habló de jubilar a Cristiano ni de quitarle protagonismo. Habló de ajustar el chip. De un matiz que, a su juicio, podría liberar al resto. “Si se moviera un poco a las bandas, los otros podrían entrar y él podría participar”, apuntó. Para Forlán, el problema no es de nombres, sino de espacios mal usados: “Ahí es donde Portugal flaquea porque no explota, porque todo termina yendo a un solo lado, que en realidad es un embudo. No diría que es un problema, es hacerle entender. Decirle: ‘Movete, salí de ahí para que puedas hacer algo’”.

La palabra “embudo” describe bien la imagen: mucho talento convergiendo en una misma zona, poco desmarque, demasiada previsibilidad. Contra rivales de nivel medio, Portugal puede sobrevivir con ese patrón. Ante defensas de élite, ese tipo de ataque frontal y fijo suele morir ahogado.

Mientras el equipo de Roberto Martínez se prepara para las rondas eliminatorias, la cuestión ya no es solo si Cristiano sigue marcando. Lo hace. Lo ha demostrado. La pregunta, alimentada por la lectura de Forlán, es otra: ¿a qué precio colectivo se sostiene su rol actual como referencia estática?

La presión recae ahora sobre el seleccionador. Gestionar a un capitán de la dimensión de Cristiano no es solo decidir si juega o no, sino cómo juega. Portugal ya se ha metido en octavos de final, donde le espera Croacia, un rival que castiga cada automatismo, cada ataque previsible, cada delantero que ofrece siempre la misma foto a los centrales.

Ahí, el matiz que propone Forlán puede convertirse en una encrucijada táctica. Un Cristiano que se abre a banda, que arrastra marcas, que deja pasillos para la llegada de Bruno Fernandes o las diagonales de Rafael Leão, multiplica a Portugal. Un Cristiano clavado entre los dos centrales, por muy legendario que sea, reduce el lienzo.

El fútbol de selecciones no espera. Un mal partido, un ataque atascado, y todo el plan se derrumba. La pelota está, literalmente, en los pies de Cristiano Ronaldo: seguir siendo el faro inmóvil del área o convertirse, una vez más, en el hombre que abre caminos donde ya parecía no haber espacio.