canchacentral full logo

José Mourinho y su deseo de revancha tras la final de Europa League

José Mourinho no olvida. Ni quiere hacerlo.

Mientras se prepara para su segunda etapa en el banquillo del Real Madrid, el técnico portugués sigue teniendo una espina clavada: la final de la Europa League entre Roma y Sevilla. Un partido que, para él, merece una segunda oportunidad… pero con un matiz muy claro.

“Roma - Sevilla, final de Europa League. ¡Sin Anthony Taylor!”, confesó en el podcast Beast Mode On de Adebayo Akinfenwa, cuando le pidieron elegir el único partido de su carrera que le gustaría repetir.

La herida de Budapest sigue abierta. Aquella noche, Sevilla se coronó de nuevo en su competición fetiche desde el punto de penalti, y Mourinho encajó la primera derrota de su carrera en una final europea. El portugués, que ya entonces cargó con dureza contra el equipo arbitral procedente de la Premier League, no ha rebajado un ápice su sensación de injusticia con el paso del tiempo.

Roma, del silencio a la locura

Su etapa en la Roma fue corta, intensa y profundamente emocional. Mourinho llevó al club giallorosso a dos finales europeas consecutivas, algo impensable pocos años antes. La primera, la de la Conference League 2022 ante Feyenoord, cambió la historia reciente del club y, de paso, la suya propia.

Con aquel título, el portugués se convirtió en el primer entrenador en completar el triplete UEFA: Champions League, UEFA Cup/Europa League y Conference League. Pero más allá del récord, rompió una sequía de 11 años sin grandes títulos en la capital italiana.

La ciudad estalló.

“Cuando ganamos la Conference League en Roma, esa ciudad se volvió loca”, recordó. No exagera. La Roma abrazó el trofeo como si fuera una Champions. Para Mourinho, aquello tuvo un peso casi incomparable en su carrera.

“Creo que hicimos por esa ciudad algo que los campeones de Champions League no pueden hacer en otras ciudades. Roma es una ciudad donde la gente está realmente, realmente, realmente enamorada de ese club. Un club gigante con una pasión increíble. Absolutamente increíble”, explicó.

No fue solo el título. Fue la forma. Fue la sensación de devolverle algo esencial a una afición que vive el fútbol como una religión.

Y ahí aparece una de las imágenes que Mourinho guarda con más cariño: el desfile.

“Cuando ganamos la Conference League, era la primera temporada de la Conference League, no creo que Europa estuviera dando a la Conference League el reconocimiento que le da ahora. Cuando llegamos a Roma y fuimos al desfile alrededor del Coliseo, del Circo Máximo, te das cuenta de lo que les diste a esas personas”.

La escena lo dice todo: el autobús, el Coliseo como telón de fondo, el Circo Máximo abarrotado. Una ciudad entera rendida a un trofeo que, sobre el papel, muchos consideraban menor.

La derrota que no encaja

Por eso la final perdida ante el Sevilla duele tanto. Roma había vuelto a creer. Había vuelto a Europa. Y se quedó sin premio desde los once metros.

El equipo español levantó la copa; Mourinho, en cambio, se marchó con la sensación de que algo se le escapó de las manos, fuera de lo futbolístico. Sus críticas al arbitraje de Anthony Taylor marcaron el pospartido, con una tensión que desbordó los límites habituales de una final continental.

El tiempo ha pasado. Los protagonistas han seguido sus caminos. Pero la respuesta del portugués en el podcast deja claro que, en su memoria, aquella noche no ha encontrado paz.

Anfield, el infierno favorito de Mourinho

Entre confesión y confesión, Mourinho también abrió la puerta a otro rincón de su mapa emocional: los estadios. Y cuando se trata de ambientes hostiles, no duda.

Anfield, la casa del Liverpool, es el campo más difícil en el que ha trabajado como entrenador. Lo dice alguien que ha sobrevivido a noches de alta tensión en Stamford Bridge, San Siro, Camp Nou o el propio Santiago Bernabéu.

No hizo falta que añadiera muchos matices. El nombre de Anfield habla por sí solo en el imaginario de cualquier entrenador de élite.

El mejor vestuario, de vuelta al Bernabéu

Ahora, Mourinho vuelve a un escenario que conoce bien. El Real Madrid. El portugués firmó un contrato de tres años con el club blanco y se reencontrará con un vestuario que considera el mejor del mundo.

No lo dice por historia, sino por talento actual. Jude Bellingham, Kylian Mbappé, Vinícius Júnior. Nombres que definen el presente y el futuro inmediato del fútbol europeo y que, a partir de ahora, volverán a escuchar la voz de Mourinho en el vestuario del Bernabéu.

En su primera etapa, entre 2010 y 2013, dejó huella: conquistó La Liga y la Copa del Rey, rompió la hegemonía del mejor Barcelona de la era moderna y convirtió cada Clásico en un choque eléctrico.

Ahora regresa con un palmarés todavía más cargado y una idea clara: volver a poner al Madrid en la senda de los títulos, como ya hizo entonces.

Orgullo, Roma y una pregunta abierta

Con títulos en Portugal, Inglaterra, Italia y España, Mourinho podría elegir muchas noches como la cima de su carrera. Sin embargo, cuando le piden que señale el logro del que se siente más orgulloso, vuelve a la misma ciudad, al mismo color, al mismo rugido.

Roma.

No es la Champions con el Porto o el Inter. No es la Premier con el Chelsea. Es la Conference League con un club que llevaba más de una década mirando los trofeos desde lejos.

Lo que vio aquel día, en aquel desfile entre el Coliseo y el Circo Máximo, pesa tanto como cualquier copa. Quizá más.

Ahora, mientras se prepara para dirigir de nuevo al Real Madrid y trabajar con una de las plantillas más deslumbrantes del planeta, la pregunta es inevitable: ¿podrá el hombre que hizo enloquecer Roma volver a desatar una revolución similar en el Bernabéu?