Liverpool en crisis: el final de una era en Anfield
El último día de la temporada en Anfield no sonó a celebración. Sonó a consuelo. The Kop, casi como si quisiera engañarse a sí misma, entonó Bob Marley: “every little thing is gonna be alright…”. Pero nada en este Liverpool 2025/26 invita a pensar que “todo va a estar bien”.
El telón cayó con un 1-1 gris ante Brentford. Un punto que asegura la clasificación para la próxima Champions League, sí, pero que no maquilla una campaña que ha sido, en todos los sentidos, un fracaso. 60 puntos. Quinto puesto. Para un club que hace nada lo ganó todo, no es un resbalón: es un desplome.
Despedidas, vacío y un eco de los 90
La sensación en Anfield era la de asistir al final de una era. Dos jugadores clave en la transformación del club durante los últimos nueve años se marchan, y no serán los únicos. La mitad de la plantilla que Arne Slot recibió hace solo dos años ya no está. Este verano se espera que más nombres importantes sigan el camino de Mo Salah y Andy Robertson.
Los aficionados que vivieron los 90 no pueden evitar el déjà vu. Aquella etapa en la que Graeme Souness desmontó, casi de golpe, la base envejecida pero campeona de Kenny Dalglish, acabó con el técnico fuera y con el club sumido en una larga mediocridad. El paralelismo preocupa. Y no solo a la grada.
Salah, en su adiós tras nueve años extraordinarios, no escondió su inquietud. La compartió en público. Lo que ve no le gusta. Lo que viene, menos aún.
Sobre el césped, el equipo llegó renqueante al final: ningún triunfo en los últimos cuatro partidos de liga y solo cuatro victorias en los últimos 14 encuentros oficiales. Números impropios de un aspirante a títulos. Números impropios de Liverpool.
Para contextualizar: esos 60 puntos que hoy dan billete a la Champions, la pasada temporada habrían significado un noveno puesto y cero competiciones europeas. Hace dos años, séptimo y también fuera de Europa. Hace tres, otra vez noveno. Es, de hecho, la puntuación más baja que asegura Champions desde la 2003/04, la campaña en la que Gerard Houllier se marchó de mutuo acuerdo, en una de las despedidas más amables que se recuerdan en la Premier League.
Slot, en el banquillo… y en el punto de mira
Arne Slot insiste en que puede reconquistar a la afición el próximo curso. Pero incluso el último día dejó dudas. Mientras el estadio despedía a los suyos en la tradicional vuelta de agradecimiento, el técnico se quedó sentado en el banquillo, con gesto adusto, sin sumarse al recorrido.
Puede que fuera simple introspección, una especie de digestión silenciosa de todo lo vivido. No parece haber mala intención. Aun así, en un club donde el vínculo entre grada y equipo es sagrado, la imagen no pasó desapercibida. Ese paseo es un ritual de reconocimiento mutuo. Slot tuvo la ocasión de agradecer a una afición que ha soportado el peor porcentaje de victorias ligueras en una década —solo 17 triunfos—. Eligió no levantarse.
Mientras tanto, Salah sí entendió el momento. Ante las cámaras de Sky Sports, dejó una frase que resume el ADN del club: “They don’t care that much about the result as long as you sweat and give your blood here, they’ll love you forever”. Lo que reclama el egipcio no es solo entrega física; es un compromiso compartido, caminar juntos en la tormenta. Y la tormenta, tras la muerte de Diogo Jota en pretemporada y una campaña plagada de golpes, ha sido feroz.
Lesiones, plantilla corta y decisiones que pesan
En la sala de prensa, Slot resumió la temporada con una sola palabra: “lesión”. El argumento tiene base. Pero choca frontalmente con sus propias decisiones.
En octubre, el mismo entrenador defendía trabajar con un grupo reducido: “Esta es una decisión que hemos tomado juntos, creo completamente en esto, porque si tienes 25 jugadores es muy difícil gestionar la plantilla”. Difícil sostener las dos cosas. No puedes presumir de una plantilla corta y, meses después, lamentarte sin descanso por las lesiones, la falta de fondo de armario, la adaptación a jugar entre semana y en fin de semana, o los goles encajados en los tramos finales.
Con una Champions ampliada y una Premier de máxima exigencia, los grandes necesitan plantillas amplias. Más aún si arrancas el curso sabiendo que varios fichajes no están preparados para jugar 90 minutos cada tres días. Entonces, ¿por qué se dejó al equipo tan justo?
Los datos dejan en evidencia la gestión. Trey Nyoni, mediocentro de 18 años muy valorado en el club y debutante con Jürgen Klopp a los 16, terminó la liga con apenas 21 minutos. Federico Chiesa, marginado otra vez, solo 318 minutos en el torneo doméstico. Wataru Endo, 170. Kieran Morrison, capitán del Sub-21 y jugador del año en esa categoría, estuvo en el banquillo 13 veces y solo entró al campo en una ocasión: los últimos cinco minutos de una eliminatoria de FA Cup ante Wolves.
En la práctica, la plantilla fue aún más corta de lo que ya era sobre el papel. Y en parte por la falta de confianza del propio Slot en algunos de sus recursos. A eso se suma el caso casi incomprensible de Harvey Elliott: sin acuerdo para traerlo de vuelta a Anfield en enero, justo cuando el equipo clamaba por calidad desde el banquillo durante toda la segunda mitad de la temporada.
Goleadas en las copas y un estándar innegociable
Slot ha querido contextualizar las dolorosas eliminaciones de FA Cup y Champions League: ambas por 4-0, ambas ante rivales de élite. Manchester City, a la postre campeón de la FA Cup. PSG, que no pierde una eliminatoria europea a doble partido desde hace dos temporadas.
El problema es que eso no basta en Liverpool. No para una afición que se ha acostumbrado a pelear por los grandes trofeos. No para un vestuario en el que Virgil van Dijk, Robertson, Salah y Curtis Jones ya han señalado públicamente que la temporada está muy por debajo de los estándares del club.
Salah, en su último mensaje en el AXA Training Centre, fue directo: “Estar en Liverpool, ganar algo para Liverpool y ganar partidos es lo mejor que te puede pasar”. No hay lugar para la autocomplacencia en esa frase.
Slot, por su parte, definió la clasificación para la Champions como “nuestra base más baja” y recordó que “grandes clubes como Chelsea y Tottenham no han podido clasificarse para la Champions o para Europa esta temporada”. Para parte de la grada, ese discurso suena a rebaja de ambición. En Liverpool, llegar a Europa no es un objetivo, es el mínimo. El listón real está en competir por la Premier y por la Champions. Cualquier cosa por debajo, por mucho que el verdugo se llame City o PSG y el resultado sea un 4-0 en medio de una racha de cuatro derrotas en cinco partidos, se llama fracaso.
Hubo un momento en el que pareció que el equipo despertaba. Tras un humillante 4-1 en casa ante PSV, Liverpool encadenó 13 encuentros sin perder. La racha, sin embargo, ocultaba grietas profundas: empates ante Leeds (dos veces), Burnley y Fulham, y siete victorias en las que se cuentan un duelo de FA Cup ante Barnsley y un triunfo frente a un West Ham que acabaría descendiendo. El invicto maquilló más que solucionó.
Verano de salidas, dudas y transición eterna
El verano en Anfield se presenta espeso. La continuidad de Slot no está garantizada más allá de lo contractual: le queda solo un año. Lo mismo ocurre con dos figuras clave en la estructura deportiva, Richard Hughes y Michael Edwards, también con contratos que expiran el próximo verano.
En el vestuario, el escenario es aún más agitado. Hasta nueve jugadores del primer equipo podrían salir: Salah, Robertson, Ibrahima Konaté, Chiesa, Endo, Curtis Jones —pretendido por Inter de Milán y con solo un año de contrato, se da por muy probable su adiós—, Alisson —en la órbita de Juventus—, Joe Gomez —otro con solo un año por delante— y Alexis Mac Allister, que podría irse si llega la oferta adecuada.
Tal y como está hoy la plantilla, el máximo goleador en activo del club para la próxima temporada sería Cody Gakpo. El segundo, un central: Virgil van Dijk. Esa simple frase explica mejor que cualquier análisis el nivel de reconstrucción que se avecina.
Slot ha admitido que será otro verano de “un poco de transición”, aunque no tan “drástico” como el pasado. Visto el listado de posibles salidas, suena optimista. O ingenuo. Porque lo que se intuye no es un simple retoque, sino cirugía mayor.
Mientras The Kop cantaba que no hay que “preocuparse por nada”, muchos aficionados abandonaban Anfield con una pregunta clavada: si este es solo el principio del cambio, ¿hasta dónde puede caer Liverpool antes de volver a levantarse?
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