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El luto de España tras el empate contra Cabo Verde

En la concentración de España en Tennessee no hay silencio, pero sí un peso raro en el ambiente. No ha muerto nadie, lo subraya Mikel Merino, pero la sensación se le parece. “No es un luto exactamente, pero a veces las derrotas se sienten así”, confesó el centrocampista de Arsenal. Solo que esta vez ni siquiera hubo derrota: fue un 0-0 contra Cabo Verde en el debut mundialista. Y dolió como si lo fuera.

Seis días hasta el siguiente partido. Seis días para convivir con ese empate que no entraba en ningún plan.

Un solo jugador en la sala, siete mesas de periodistas

A las 11 de la mañana, mientras el resto del grupo saltaba al césped del campo de entrenamiento, Merino ocupaba otro escenario: la sala de prensa. Siete mesas largas repletas de periodistas frente a él, ruido fuera, ruido dentro. Le tocaba dar la cara.

“Si hay algo que no nos viene bien es que haya pánico”, advirtió. Media hora de preguntas, respuestas firmes, tono sereno. Sin esconder el golpe, sin dramatizarlo. Y con una referencia inevitable: 2010. Entonces España perdió el primer partido y acabó levantando la Copa del Mundo. Merino acababa de cumplir 14 años.

“Como cada partido que no sale como quieres, cada jugador vive ese luto”, explicó. “Algunos quieren ver el partido otra vez enseguida, otros prefieren desconectar y pensar en otras cosas. Hay que tragarse la decepción. Tenemos que recuperarnos lo antes posible. Luis [de la Fuente] siempre dice que se trata de intentar ser mejores mañana, incluso aunque hayas ganado. Siempre somos autocríticos. Yo, personalmente, no soy de mandar mensajes [a la afición]; creo que el mejor mensaje es el siguiente partido, darle la vuelta con una victoria”.

El mensaje, en realidad, ya estaba ahí.

“Familia”, ego y humildad

Merino habló de “familia”. Una palabra fácil de usar cuando todo va bien, mucho menos cómoda cuando el equipo tropieza. “Es fácil hablar de ‘familia’, pero cuando las cosas no van bien, cuando son difíciles, es cuando realmente ves esa ‘familia’ –y yo veo unión, ilusión y ganas de jugar bien”, dijo.

Y ahí entró en un terreno delicado: el ego en un vestuario de élite. “Es importante tener ego; como futbolista, con todas las críticas de fuera lo necesitas para sentirte bien en el campo. Pero también necesitas la humildad de saber que esto pertenece a todos. Los jugadores vienen a la selección porque son importantes en sus clubes y se encuentran con una nueva realidad donde solo unos pocos pueden jugar”.

Ahí, para él, está el verdadero significado de esa palabra que tanto repite el grupo. “Eso es lo que es la palabra ‘familia’. Tenemos que estar unidos, apoyarnos en cada momento. Puedes estar molesto, enfadado, pero esa energía tiene que ser positiva”.

La rabia mal gestionada devora. Y el término que eligió Merino para describir ese estado interior no tardó en ser cuestionado.

El “luto” como metáfora

“Quizá no me he expresado bien”, matizó cuando le preguntaron por ese “luto”. Pero en realidad sí se había explicado. Y volvió a la misma idea. “Era un intento de metáfora, de comparación. Eres tan competitivo que, cuando no sale bien, a veces llegas a casa y ni siquiera quieres hablar con tu familia. Por eso digo que es como un luto. Cada uno lo lleva de una manera distinta. A mí me gusta afrontarlo y ver [los partidos] lo antes posible, pero eso no significa que sea lo mejor para todos”.

Hay un impulso casi físico después de un mal partido: jugar otra vez cuanto antes, limpiarse la boca del mal sabor. El nuevo formato del Mundial, con más días entre encuentros, cambia ese escenario. “El riesgo es que tienes mucho tiempo para darle vueltas; es un reto mental gestionar eso, esquivarlo y estar lo más libre posible mentalmente”.

Todo a la vista de todos. Sin refugio.

El “circo” y la responsabilidad pública

“Esa es la realidad; forma parte del negocio, es la razón por la que ganamos lo que ganamos, por la que el fútbol es tan grande, tan importante: porque vosotros estáis aquí para cubrirlo, para crear historias con las que explicamos cosas a los aficionados”, dijo, mirando la sala. “Hay jugadores a los que les gusta más, a otros menos, pero forma parte del ‘circo’ y tenemos que aceptarlo y vivir con ello”.

Él ha aprendido a convivir con esos días oscuros. “Cada uno maneja estos momentos a su manera. Yo soy de los que tiene dificultades para tragarse un mal resultado, pero con el tiempo me he dado cuenta de que lo mejor es afrontarlo e intentar darle la vuelta lo antes posible. Cuatro, cinco horas y te das cuenta de que este Mundial acaba de empezar, que hay tiempo para arreglarlo. Entonces ya puedes centrarte en el grupo, en lo que les ayuda. Poner la mano en el hombro de quien está dolido porque no jugó, o falló una ocasión. O saber quién necesita espacio para ese luto”.

Un punto de alivio y un espejo en la historia

En medio de la autocrítica, un respiro: el empate entre Arabia Saudí y Uruguay. Merino lo confesó sin rodeos: sintió alivio, la sensación de que “se vuelve a empezar”.

“Me gusta ver el lado positivo”, aseguró. “El último campeón del mundo empezó perdiendo contra Arabia Saudí. En 2010 España perdió el primer partido y hubo muchas críticas y le dio la vuelta; ese es un ejemplo a seguir de gente que eran ídolos. A menudo tomo inspiración de deportistas que han vivido mis sueños antes que yo. Esa generación significa mucho para esta: queremos emularles”.

La selección se aferra a esa memoria y a ese modelo. El luto, como lo llama Merino, ya está declarado. Lo que viene ahora es lo que de verdad define a un grupo: cómo sale de él.