Messi alcanza 20 goles en Mundiales y deslumbra en Miami
Lionel Messi marcó otra vez. Otra vez en un Mundial, otra vez en un partido que parecía escrito para él. Venía de hacerle tres a Argelia, dos a Austria y uno a Jordania. Ante Cabo Verde, en los octavos de final, añadió otro tanto en la agónica y vibrante victoria 3-2 de Argentina en Miami.
Ese gol, el primero de la noche, fue el número 20 de su carrera en fases finales de Copa del Mundo. Un registro que estira el récord que ya había pulverizado durante la fase de grupos en Estados Unidos. Es también su séptimo tanto en este torneo. A los 39 años.
Un templo albiceleste en Miami
El partido empezó mucho antes del pitazo inicial. La ciudad se tiñó de celeste y blanco desde la mañana: calles tomadas por camisetas de Argentina, bombos, cánticos, banderas gigantes colgando de balcones y grupos de hinchas posando para fotos como si fuera una final.
Dentro del estadio, la postal fue aún más contundente. Marea albiceleste en las tribunas, con un número que se repetía hasta el cansancio: el 10. De espaldas, de frente, en niños, adultos, familias enteras. Banderas colgadas en las barandas, una de ellas con una imagen impactante: Messi y Diego Maradona representados casi como figuras sagradas, una estampa que resume lo que significan para millones de argentinos.
“Es nuestro héroe. Es como nuestro Dios”, decía un hincha antes del partido. Otro sonreía y lo definía con una frase que se repite en cada rincón del planeta: “Ha envejecido como el buen vino. Cuanto más grande, mejor juega”.
Cuando se les preguntaba si creían que Messi podía quedarse con la Bota de Oro de este Mundial, la respuesta era directa: si Argentina llega a la final, él estará ahí, peleándola. Aunque muchos matizaban: “Ya nos dio demasiado. Si la gana, fantástico, pero todo lo que hizo por Argentina ya alcanza. Es increíble”.
Un Messi menos brillante… y decisivo igual
Por sus estándares, este no fue uno de esos partidos en los que Messi domina cada jugada. Cabo Verde le complicó la noche a Argentina durante largos tramos. Se plantó con personalidad, sin complejos, sin parecer un equipo que está muy por detrás en el ranking FIFA: la selección sudamericana es segunda del mundo; los africanos, fuera del top 60.
Aun así, la historia volvió a repetirse. Messi necesitó una sola ventana, un solo hueco en el partido.
El gol fue la síntesis de todo lo que lo distingue. Lectura, tiempo, precisión. Arrancó desde atrás, midió el momento exacto y atacó el espacio justo cuando Lisandro Martínez filtró el pase. Primer control en carrera, suave, casi natural, y definición por encima del arquero de Cabo Verde. Un toque sutil, demoledor.
Con ese tanto llegó a siete goles en este Mundial. Una cifra que habría bastado para ser máximo artillero en cinco de las últimas seis Copas del Mundo. Desde 1978 se jugaron 13 ediciones; con este registro, habría sido goleador en todas menos dos. El dato habla solo.
En la transmisión de BBC Radio 5 Live, el exdelantero escocés James McFadden no escatimó elogios: definió la jugada como “simplemente increíble”. Destacó la ruptura a espaldas de la defensa, la precisión del pase y la primera caricia de Messi a la pelota, “exquisita”. En ITV, Ally McCoist lo resumió de otra manera, pero con la misma admiración: “genio en acción”. Y remató: “Es un récord tras otro. Es asombroso”.
Récord tras récord
La lista de marcas ya es casi inabarcable, pero sigue creciendo. Messi es el primer futbolista, hombre o mujer, en llegar a 20 goles en Copas del Mundo. Ningún otro lo ha hecho.
Encadenó también ocho partidos consecutivos de Mundial marcando al menos un tanto. Nadie lo había logrado antes. Y se convirtió en el primer jugador en anotar siete o más goles en dos Mundiales distintos, después de alcanzar ese número también en 2022.
Lo que lo separa del resto no es la velocidad, ni la potencia física, ni el despliegue constante. Es otra cosa. Es su manera de entender el juego. Mientras muchos corren detrás de la pelota, Messi parece observarla desde arriba. Escanea el campo antes de recibir, guarda energía, espera el segundo exacto. Y cuando el hueco aparece, lo castiga.
En este torneo, además, se ha visto una faceta menos comentada. McFadden lo apuntó: durante años se le vio caminar tramos del partido para leer lo que sucedía. Ahora, sin abandonar esa lectura, también se lo ve retroceder, intentar recuperar, iniciar la presión. No es un pressing desbordado, pero sí un liderazgo claro en la primera línea de acoso.
Miami, capital mundial de la Messi-manía
Si hay un lugar fuera de Argentina donde la devoción por Messi alcanza niveles casi desbordados, ese sitio es Miami. La ciudad lo adoptó desde su llegada a Inter Miami en 2023 y su influencia desbordó los límites del fútbol.
Su rostro domina murales, paredes y grafitis; su apellido cuelga de banderas en ventanas y balcones; su figura se repite en vidrieras y en un sinfín de productos. En las playas, los chicos juegan con la camiseta 10 de Argentina como si fuera un uniforme obligatorio. En los alrededores de los estadios, su nombre retumba bastante antes de que salga al calentamiento.
Hasta la gastronomía local se ha contagiado. Varios restaurantes argentinos exhiben con orgullo la milanesa —de carne o de pollo—, uno de los platos preferidos del capitán. Algunos incluso han rebautizado el menú en su honor. Es parte de un fenómeno que ya excede cualquier lógica deportiva.
En la zona mixta, después de los partidos, la escena se repite y se multiplica. Periodistas amontonados, micrófonos alzados, cámaras buscando un ángulo imposible para captarlo unos segundos. El murmullo se corta en seco cuando aparece. Hay empujones, pasos apurados, una marea de cuerpos siguiendo su sombra hasta que se pierde por el pasillo.
Su figura alimenta una industria mediática propia. Plataformas digitales de todo el mundo le dedican cobertura exclusiva, minuto a minuto, como si se tratara de una liga paralela: cada gesto, cada gol, cada récord, cada detalle de una carrera que sigue atrapando a aficionados en cualquier continente.
Este Mundial, para muchos, ya no es solo la persecución de un título por parte de Argentina. Es la oportunidad de ver, quizá por última vez en este escenario, a uno de los más grandes de la historia seguir escribiendo líneas nuevas en un libro que parecía completo hace tiempo.
La pregunta ya no es cuántos récords le quedan por romper. La pregunta es cuánto más puede estirarse esta leyenda antes de que el fútbol tenga que aprender a vivir sin Messi en un Mundial.
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