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La increíble ruta de Roberto ‘Pico’ Lopes: de asesor hipotecario a Mundial

Roberto ‘Pico’ Lopes podría estar hoy sentado detrás de un escritorio en un banco irlandés, revisando hipotecas y calculando cuotas. En cambio, se prepara para marcar a Uruguay en un Mundial. Un giro de vida que no se explica sin una llamada clave: la de Shamrock Rovers.

En 2017, con 27 años, su realidad era otra. Trabajo a jornada completa como asesor hipotecario en Dublín y fútbol a tiempo parcial con Bohemians en la League of Ireland. Un buen jugador de liga doméstica, nada más. Hasta que sus vecinos y rivales, los más poderosos Shamrock Rovers, le pusieron sobre la mesa un contrato profesional. Ahí decidió empujar todas sus fichas al centro de la mesa: dejar el banco, dejar la seguridad, apostar por el fútbol.

Siete años después, esa apuesta se ve en alta definición planetaria. El central de 34 años fue uno de los grandes responsables del 0-0 de Cabo Verde ante la campeona de Europa, España, el lunes. Un partido sobrio, firme, de jerarquía, que justificó cada riesgo asumido en su día.

Un defensa de barrio en el escaparate global

El Mundial ha disparado a Lopes a un escaparate que nunca imaginó. Cabo Verde, un archipiélago volcánico africano de apenas 525.000 habitantes, debutó en la Copa del Mundo con personalidad. Él, nacido en Irlanda, con padre caboverdiano, Carlos, y madre irlandesa, Judy, se convirtió de golpe en rostro reconocible.

No solo en África o en Europa. Su historia cruzó el Atlántico. El defensa apareció en televisión estadounidense tras el estreno mundialista del equipo. Incluso fue invitado al programa mundialista de James Corden en la cadena Fox. Para alguien que hace menos de una década revisaba expedientes de hipotecas, aquello, como él mismo admitió, era “material de sueños”.

El mensaje perdido que lo cambió todo

La historia de cómo llegó a la selección de Cabo Verde tiene un giro casi cómico. En 2018, recibió un mensaje en LinkedIn de Rui Águas, entonces seleccionador caboverdiano. Estaba escrito en portugués. Lopes lo dejó ahí, sin más. Meses después, por curiosidad, decidió copiarlo y pegarlo en Google Translate.

Lo que descubrió le heló la sangre: la federación quería saber si estaría interesado en jugar con la selección. Nueve meses más tarde, Águas volvió a escribirle, preguntando si había pensado en la propuesta.

“Dijo que estaban interesados en incorporar nuevos jugadores al equipo nacional y me preguntó si me interesaba”, relató Lopes a AFP en 2024. Él respondió sin dudar: “Dije absolutamente, pedí disculpas mil veces y que, si la oportunidad seguía ahí, me encantaría formar parte”.

Su desconfianza inicial tenía explicación. “Crecí en una época de llamadas y mensajes de broma, así que siempre fui un poco escéptico”, contó al Irish Sun. Nunca imaginó que una citación internacional llegaría a través de una red profesional.

Desde su debut en 2019, su carrera cambió de dimensión: dos participaciones en la Copa Africana de Naciones, con unos cuartos de final en la edición de 2023, y ahora el techo de cualquier carrera: un Mundial.

Una familia entera frente al televisor… y en la grada

Su exhibición ante España no pasó desapercibida en casa. Varias generaciones de su familia siguieron el partido, incluido su abuelo de 98 años en Cabo Verde. En las gradas de Atlanta estaban sus padres, sus dos hermanos, su esposa Leah y su hijo pequeño, Diego.

El central se permitió incluso una broma sobre el carácter del partido: “Él (Diego) durmió durante la mayor parte del encuentro; te dice lo aburrida que fue España”, soltó entre risas.

Mientras él vive aislado en la concentración, su familia saborea la otra cara de la fama. “Nos han visto en la televisión, se nos acercan por la calle diciendo: ‘Os reconocemos, desde Crumlin, ¿te lo puedes creer?’”, contó su madre Judy a RTE, orgullosa de que el barrio dublinés donde viven se mencione ahora en boca de aficionados caboverdianos.

El valor de un título… universitario

Pese al momento dulce, Lopes no reniega de su pasado ni de su formación. Al contrario. Sostiene que su paso por la universidad en Dublín fue tan decisivo como un buen fichaje. “Si no hubiera ido a la universidad o no hubiera seguido estudiando, no habría sabido lo que era LinkedIn”, reconoció al Irish Sun.

Para él, la lección es clara: “Tu educación es igual de importante”. Durante años logró compaginar el trabajo en el banco con el fútbol hasta que llegó el punto de ruptura: dejar el empleo y dedicarse por completo al balón. Sin ese equilibrio previo, quizá nunca habría leído aquel mensaje, ni contestado a Rui Águas, ni escuchado hoy el himno de Cabo Verde en un Mundial.

El chico que soñaba frente a la tele

Antes de ser profesional, antes incluso de imaginarse en un vestuario mundialista, Lopes ya se veía con la camiseta azul de Cabo Verde. En 2013, cuando el país disputó por primera vez la Copa Africana de Naciones, él miraba la televisión y se dejaba llevar.

“Soy un soñador. Ves cualquier cosa y piensas… ‘¿Podría ser yo? Me pregunto si alguna vez me pasará a mí’”.

La respuesta llegó con retraso, pero llegó. Trece años después de aquella primera participación continental, el central vive lo que entonces era solo un pensamiento fugaz: está en el mayor escaparate del fútbol, el Mundial, a punto de medirse a Uruguay.

De Crumlin a la Copa del Mundo, de LinkedIn a la defensa de Cabo Verde, de las hipotecas a marcar a delanteros de élite. La historia de Pico Lopes ya no es una anécdota simpática: es un recordatorio brutal de que, a veces, basta con abrir un mensaje, traducirlo… y atreverse a decir que sí.