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Vinai Venkatesham y el desafío del Tottenham: del sueño europeo al reset

Vinai Venkatesham llegó a Tottenham el 1 de junio pasado con una idea muy clara en la cabeza: un club peleando por plazas europeas, con una Europa League recién conquistada y un vestuario lleno de internacionales. Parecía el momento perfecto para empezar.

Un año después, la realidad es otra: dos temporadas seguidas terminando 17º en la Premier League, una salvación agónica en la última jornada ante Everton y una palabra que se ha instalado en el discurso del director ejecutivo: “reset”.

“Sentimos un enorme alivio”, admite al recordar la victoria final que aseguró la permanencia. Alivio. No alegría, no orgullo. Un matiz que lo dice todo. “Sentir alivio al final de la temporada está muy lejos del estándar de este club”, asume.

Un club fuerte por fuera, frágil por dentro

Venkatesham no tardó demasiado en descubrir que lo que veía desde fuera no encajaba con lo que encontró por dentro. El contraste le golpeó pronto.

“Unos meses después de llegar, cuando dejé de ser un outsider, habría dicho que el club estaba en un estado significativamente peor en algunas áreas de lo que pensaba”, reconoce. Y ahí apareció el diagnóstico que ha marcado su discurso: no bastaba con un giro, hacía falta empezar casi de cero.

En el área no futbolística, el mensaje es casi triunfalista: operaciones de estadio, área comercial, estructura corporativa… ahí Tottenham se siente fuerte. El problema vive en el césped y en todo lo que lo rodea.

En los últimos cinco años, la Premier League ha acelerado. Muchos clubes han profesionalizado hasta el último detalle del rendimiento deportivo. Tottenham, según Venkatesham, no ha seguido ese ritmo. “Cuando miras dónde estaba Tottenham en muchas de esas áreas, comparado con otros clubes de la Premier, había una brecha significativa. En algunas, preocupante”.

La frase que más duele al aficionado es directa: “No creo que hubiera lo que yo llamaría una obsesión implacable con el éxito futbolístico”.

El ejemplo que utiliza es tan gráfico como incómodo. El centro de entrenamiento, una referencia mundial, impresiona. Pero, para él, impresiona demasiado por las razones equivocadas. “Parece más un hotel de cinco estrellas que un entorno de alto rendimiento. Eso cambiará en verano”. Menos lujo, más exigencia. Menos fachada, más fútbol.

El caso Thomas Frank: aguantar… demasiado

El mandato de Venkatesham arrancó con Thomas Frank en el banquillo. El inicio, sobre el papel, no fue dramático: solo una derrota en los primeros diez partidos de la temporada en todas las competiciones. Un arranque que dio margen. Tal vez demasiado.

Cuando Tottenham despidió finalmente a Frank en febrero, la sensación general era que el movimiento llegaba tarde. Muy tarde. Venkatesham y el director deportivo Johan Lange se convirtieron en diana de una parte de la grada por “aguantar” el proyecto más de lo debido.

Él defiende con firmeza que el club no se quedó de brazos cruzados. Explica que, en cada reunión sobre el futuro del danés, se pusieron sobre la mesa varios factores: resultados, probabilidad real de remontar la temporada, impacto de un cambio de entrenador en pleno mercado de enero, el calendario y el riesgo de quedarse atrapados en el mercado de técnicos interinos.

El dilema era claro: cortar por lo sano o evitar un volantazo a mitad de curso que complicara todavía más una situación ya frágil. Apostaron por la paciencia. El tiempo no les dio la razón.

De Zerbi, la primera opción… y el desvío hacia Igor Tudor

Tras la salida de Frank, Tottenham miró hacia un nombre muy concreto: Roberto De Zerbi. Venkatesham confirma que el club trató de convencer al italiano, que acababa de dejar Marseille, para que asumiera el banquillo de manera permanente.

De Zerbi dijo no. Al menos, no en febrero. No quería aterrizar a media temporada en un equipo en plena lucha por no descender. Ese rechazo empujó a Tottenham hacia una decisión que hoy se reconoce abiertamente como errónea: Igor Tudor.

El croata llegó como solución de impacto inmediato. Sobre el papel, encajaba en varios criterios: experiencia en clubes grandes, habituado a la presión, carácter muy distinto al de Frank, historial de entrar fuerte en los vestuarios. Pero sin experiencia en la Premier League. Y eso, en un contexto tan frágil, era un riesgo enorme.

“¿Fue un riesgo nombrarle? Absolutamente”, admite Venkatesham. Siete partidos después, Tudor se marchaba de mutuo acuerdo. Cuando le preguntan si fue un error, no se esconde: “No funcionó. Es muy evidente que no funcionó. Y no creo que nadie pueda argumentar lo contrario”.

De Levy al nuevo blanco de la ira

Durante 25 años, el foco de la frustración de gran parte de la afición tuvo un nombre: Daniel Levy. Con su salida en septiembre, ese vacío emocional encontró rápidamente un nuevo destinatario. Venkatesham lo sabe y lo asume.

“Los aficionados de Tottenham llevan frustrados tiempo. Son dos temporadas seguidas terminando en el puesto 17. Está claro que no es suficiente”, reconoce. Lo dice sin rodeos. “Es racional, normal, sensato. Es lo que esperamos de los aficionados”.

Las críticas, en su caso, no se han quedado solo en la gestión. También han cruzado la línea hacia lo personal. Preguntado si ese nivel de ataque le ha hecho replantearse su papel, responde con una mezcla de realismo y resistencia.

“El club tenía retos muy serios en el lado futbolístico. Sabemos cuáles son. Los estamos afrontando. Los estamos arreglando. No han desaparecido de la noche a la mañana; se construyeron durante muchos años”. Y lanza una frase que marca su hoja de ruta: no hay varita mágica, solo trabajo y tiempo.

“Los aficionados tienen prisa, con razón. Yo tengo que aguantar el temporal”, asume. Su pasado en Arsenal le ha curtido en el ruido del fútbol inglés. “Es un juego de opiniones. No tengo problema con ser criticado. El reto es cuando esa crítica se pasa de la raya con jugadores, árbitros, ejecutivos”.

La irrupción de De Zerbi: once puntos y una sacudida al vestuario

Quien entre en las oficinas del club y pregunte por De Zerbi escuchará el mismo relato: su impacto ha sido profundo. No solo por los 11 puntos sumados en siete partidos, suficientes para garantizar la permanencia. Sobre todo, por el cambio de energía dentro del vestuario.

“Ha tenido un impacto extraordinario”, subraya Venkatesham. Lo dice con admiración, pero también con cierta cautela. “Son los primeros días y ha llegado a una situación muy específica”. Una situación límite.

El desafío que encontró el italiano no se mide solo en la tabla clasificatoria. Se mide en la confianza de un grupo golpeado por dos temporadas de sufrimiento, por decisiones fallidas y por un entorno en ebullición. De Zerbi ha reactivado algo que parecía adormecido: la creencia de que Tottenham puede volver a jugar un fútbol que entusiasme.

“Creemos que es un excelente entrenador y que propone el estilo de fútbol que nuestros aficionados y el público en general quieren ver”, apunta el director ejecutivo. Esa conexión entre idea de juego y identidad del club será el eje de la reconstrucción.

Un mercado crítico y un techo salarial más alto

De Zerbi no será un simple ejecutor en el banquillo. Tendrá voz directa en la planificación deportiva del verano. Tottenham ya ha hablado con Sebastian Kehl, exdirector deportivo de Borussia Dortmund, en busca de reforzar su estructura de fichajes. Y hay otra decisión estratégica de peso: el club ha elevado su techo salarial para atraer a jugadores de primer nivel.

El diagnóstico sobre la plantilla es contundente. “La plantilla necesita trabajo y no tiene el equilibrio adecuado”, reconoce Venkatesham. Falta experiencia, falta liderazgo, falta físico para sobrevivir y competir en la liga más exigente del mundo.

No se trata de un solo verano, sino de una secuencia de ventanas de fichajes. Pero la que viene no es una más. “Este mercado, en particular, va a ser crítico”. Sin red, sin margen para otro tropiezo, sin espacio para otro Tudor.

Tottenham ha evitado el abismo. Ha ganado tiempo. Ahora debe demostrar si sabe qué hacer con él.

Vinai Venkatesham y el desafío del Tottenham: del sueño europeo al reset