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Xabi Alonso debuta con victoria caótica ante los Wanderers

Xabi Alonso debuta con un 6-4 caótico y un aviso claro para el Chelsea

El primer partido de Xabi Alonso al mando del Chelsea no fue un paseo de pretemporada. Fue un examen sorpresa. Y el técnico lo reconoció sin rodeos: su equipo tiene mucho trabajo por delante antes de que arranque la Premier League.

En el Accor Stadium de Sídney, ante unos Western Sydney Wanderers que vienen de ser colistas en la A-League Men, el Chelsea se vio desbordado por momentos. Perdió el control del juego, sufrió en las transiciones, concedió demasiado y necesitó de un arrebato de talento individual para imponerse por 6-4 en un amistoso tan entretenido como revelador.

Un aviso desde Australia

Los Wanderers, teóricamente un rival menor, golpearon primero. Y no solo una vez. Tomaron la delantera en dos ocasiones y expusieron con crudeza las grietas defensivas de los londinenses, sobre todo cuando el Chelsea perdía el balón y quedaba mal parado atrás.

Alonso no maquilló el diagnóstico tras el partido. Admitió que su equipo tuvo problemas para “encontrar soluciones” en pleno juego, especialmente cuando el rival apretó arriba y complicó la salida desde atrás. Habló de gestión del partido, de entender qué está pasando y de saber corregir sobre la marcha. Eso, dejó claro, todavía no lo tiene este Chelsea.

El intercambio de golpes fue constante. Cada avance de los ingleses encontraba respuesta de un conjunto australiano valiente, que detectó las debilidades en las vigilancias defensivas y las castigó, ya fuera en transición o aprovechando errores en la circulación.

El giro con los cambios y el show de João Pedro

La noche cambió cuando Alonso decidió agitarlo todo. En la segunda parte, el técnico apostó por una sustitución masiva: casi todo el once inicial fue reemplazado. Entraron los pesos pesados, subió el ritmo, se impuso la calidad… y apareció João Pedro.

El brasileño firmó un hat-trick en apenas nueve minutos. Un estallido de talento que volteó el marcador y encarriló la victoria. En un partido desordenado, su pegada marcó la diferencia y dio al nuevo entrenador un respiro en el marcador, que no tanto en el análisis.

Porque Alonso, lejos de quedarse con el festival ofensivo, insistió en la idea central de su discurso: todos, del más joven al más veterano, siguen siendo alumnos. Nadie está por encima del aprendizaje táctico que exige el nuevo proyecto.

“Todos tienen que aprender. Todos”, subrayó. Velocidad, regate, talento individual… todo eso, vino a decir, no basta sin inteligencia de juego, sin capacidad para leer el partido y tomar decisiones correctas bajo presión.

Un mes para construir un equipo

El contexto no engaña: queda menos de un mes para el inicio de la Premier League. El tiempo apremia. Y Alonso lo sabe. Habló de la necesidad de “hacerlo rápido”, de acelerar el proceso de comprensión de su idea, de pulir la gestión de los momentos difíciles que, como se vio ante los Wanderers, llegarán con frecuencia.

El amistoso en Sídney, en su lectura, servirá para el futuro: minutos para todos, rodaje para los jóvenes que se suman a la gira, impacto positivo de los veteranos al entrar desde el banquillo y, de paso, un espectáculo para los aficionados australianos que presenciaron diez goles y un partido de ida y vuelta.

Pero entre líneas, el mensaje fue otro: este Chelsea está verde en lo que más obsesiona a Alonso, el control del juego. Supo corregir sobre la marcha, sí, pero tuvo que hacerlo después de sufrir. Y el entrenador dejó claro que quiere que su equipo aprenda a anticiparse, no solo a reaccionar.

Próxima parada: Tottenham

El siguiente capítulo del experimento llega pronto. El Chelsea se medirá al Tottenham el sábado, de nuevo en el Accor Stadium, en el segundo y último duelo de la Sydney Super Cup. Otro rival exigente, otra oportunidad para ajustar mecanismos, otra prueba de carácter.

Si algo dejó este 6-4 es una certeza: el proyecto de Alonso promete emociones fuertes. Falta solidez, sobra trabajo por hacer, pero la electricidad está ahí. La cuestión es clara y empieza a sobrevolar el vestuario: ¿podrá este Chelsea transformar el caos de julio en un equipo fiable cuando la Premier eche a rodar?