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Colombia avanza a octavos del Mundial tras vencer a Ghana

KANSAS CITY, Missouri — Bajo un calor sofocante y un mar amarillo en las gradas, Colombia no se derritió. Golpeó pronto, manejó el partido con autoridad y se aseguró su billete a los octavos de final del Mundial con un 1-0 sólido ante Ghana en el Arrowhead Stadium.

El marcador es corto. La sensación, no tanto: Los Cafeteros parecen un equipo hecho para ir lejos.

Un golpe temprano y un cambio obligado

El partido apenas tomaba temperatura cuando llegó el primer sobresalto. Jhon Córdoba, referencia ofensiva de Néstor Lorenzo, sintió una molestia en la ingle y tuvo que pedir el cambio en los primeros minutos. Un problema serio en un Mundial, en teoría. En la práctica, una oportunidad.

Desde el banquillo saltó Luis Suárez, el desequilibrante de Sporting CP —no el famoso delantero de Inter Miami, aunque el apellido y la influencia en el juego inviten a la confusión. No necesitó tiempo de adaptación. Entró y cambió el ritmo.

En el minuto 14, Daniel Muñoz filtró un balón al costado. Suárez lo recibió, levantó la cabeza y puso un centro tenso, venenoso, cruzando el área chica. Al otro lado, Jhon Arias atacó el espacio y desvió la pelota lo justo para superar a Lawrence Ati Zigi. Toque sutil, ventaja enorme: 1-0 y partido bajo control.

Ghana, que ya sabía que llegaba como tapada, se encontró pronto persiguiendo sombras.

Dominio colombiano, resistencia ghanesa

Con el resultado a favor, Colombia hizo lo que mejor ha mostrado en este torneo: mandar con la pelota, acelerar cuando conviene y castigar al espacio. Ghana, fiel a su libreto, se replegó. Ya en la fase de grupos había tenido solo un 36,1% de posesión, la segunda cifra más baja entre los clasificados. Ante Los Cafeteros, el guion no cambió.

Cada intento africano de adelantar líneas terminaba igual: recuperación colombiana y salida rápida con la velocidad de Suárez, Luis Díaz y los centrocampistas. El equipo de Lorenzo olió sangre varias veces.

En el 56', Díaz celebró un gol que duró segundos. Definición impecable, pero bandera arriba por fuera de juego. Aviso claro de que el 2-0 estaba cerca. Poco después, el propio Díaz se plantó mano a mano y soltó un disparo a quemarropa que encontró la respuesta de Zigi, el hombre que sostuvo a Ghana en la noche de Kansas City.

El guardameta terminó con siete atajadas. Sin él, el marcador habría sido una goleada. Con él, Ghana se mantuvo con vida hasta el final, aunque sin colmillo en el área rival.

Un horno llamado Arrowhead

El contexto no fue un detalle menor. A las 20:30, hora local, el termómetro marcaba 88 grados Fahrenheit y el índice de calor se disparaba hasta 96. Noche pesada, aire denso, piernas que se endurecen antes de tiempo.

Las pausas de hidratación, tan discutidas en otros encuentros, se convirtieron en salvavidas. Jugadores de ambos equipos pelearon contra la deshidratación y los calambres tanto como contra su rival. En ese escenario, la capacidad de Colombia para seguir imponiendo ritmo y concentración fue otro síntoma de madurez competitiva.

En las tribunas, el calor no enfrió el ánimo. El hogar de los Kansas City Chiefs, con sus tres niveles de gradas y esa franja amarilla entre butacas rojas, se transformó en una sucursal de Barranquilla o Bogotá. Dos horas antes del inicio, el estadio ya estaba teñido por completo del amarillo colombiano, banderas al viento y cánticos incesantes. El “candidato a ganar el Mundial” del que habló Luis de la Fuente ya tiene una hinchada que se lo cree.

Ghana, mucho esfuerzo, cero remates a puerta

El mérito de Ghana estaba en haber llegado hasta aquí. El equipo que se quedó fuera de la última Copa Africana de Naciones, algo que no le ocurría desde hacía casi dos décadas, había sobrevivido a un grupo con Inglaterra y Croacia. El carácter no se discute.

La gran incógnita era si tendría suficiente pólvora para inquietar a una defensa que solo había encajado un gol en la fase de grupos, con victorias ante Uzbekistán y Congo y un empate frente a Portugal. La respuesta fue contundente.

Ghana terminó con ocho remates. Ninguno fue a portería.

La zaga colombiana, bien arropada por un mediocampo intenso, desactivó cualquier intento de transición africana. Cuando los Black Stars lograban hilvanar tres o cuatro pases, aparecía una pierna, una cobertura, una falta táctica. El partido se jugó donde quiso Colombia, a la velocidad que quiso Colombia y con la pelota en los pies de Colombia.

Vancouver en el horizonte

Con el triunfo, Colombia sella su pase a octavos y ya conoce el siguiente obstáculo: Suiza, el martes, en Vancouver, British Columbia. Un rival ordenado, incómodo, de esos que exigen paciencia y precisión.

Llega a esa cita un equipo que ha pasado la fase de grupos “caminando”, que apenas ha recibido un gol en cuatro partidos y que ya se ha ganado el respeto de técnicos como De la Fuente. Llega, sobre todo, con una sensación peligrosa para sus rivales: la de un conjunto que todavía tiene margen para jugar mejor.

En Kansas City, el calor apretó, el marcador fue corto y Córdoba encendió una alarma física. Aun así, Colombia respondió con personalidad, fondo de armario y una grada que se comporta como si este Mundial fuera suyo.

El siguiente capítulo se escribirá en Vancouver. La pregunta ya no es si Colombia puede competir. Es hasta dónde piensa llegar.

Colombia avanza a octavos del Mundial tras vencer a Ghana