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Cristiano Ronaldo y el gol en propia puerta que frustra a Al-Nassr

Cristiano Ronaldo, roto por dentro tras un gol en propia puerta en el 98’ que congela el sueño de liga de Al-Nassr.

La imagen final lo dice todo. Cristiano Ronaldo sentado solo en el banquillo de Al-Awwal Park, mirando al césped vacío, con la mirada perdida y el gesto duro. A pocos metros, en la grada, Georgina Rodríguez y sus hijos observan en silencio. La fiesta que parecía preparada para Al-Nassr se esfumó en un puñetazo desafortunado en el minuto 98.

Durante casi todo el partido, el guion apuntaba a noche grande. Al-Nassr salió dominante, con autoridad y ritmo, consciente de que una victoria ante Al-Hilal podía dejar el título de la Saudi Pro League prácticamente sentenciado. El estadio empujaba, el equipo mandaba y el gol no tardó en llegar.

Mohamed Simakan abrió el marcador en la primera parte y encendió la ilusión. Su tanto dio forma a la sensación de control absoluto: Al-Nassr manejaba los tiempos, defendía con solidez y encontraba a Cristiano entre líneas, siempre activo, siempre ofreciéndose. Cada balón que tocaba el portugués levantaba un murmullo expectante.

Con el 1-0, el reloj se convirtió en aliado. Los minutos caían y la grada empezaba a saborear la liga. Cristiano, que firmó otra actuación de peso antes de ser sustituido en los compases finales, se marchó del campo entre una ovación atronadora. De pie, todo Al-Awwal Park le dedicó un aplauso que sonaba a agradecimiento y a anticipo de celebración.

Parecía hecho. Parecía.

El fútbol, sin embargo, tiene una crueldad que no entiende de guiones ni de jerarquías. Cuando el partido agonizaba, Al-Hilal se lanzó a la desesperada. Últimos balones colgados, todos al área, todos al límite. En una de esas acciones, ya en el 98’, llegó el desastre.

Saque de banda largo al corazón del área. El portero Bento sale con decisión, ve el balón, mide el salto, va con todo para despejar. Pero en la zona más caliente del campo, un pequeño desajuste se convierte en tragedia. El brasileño choca con su compañero Inigo Martinez, pierde la referencia y, en lugar de alejar el peligro, termina golpeando la pelota hacia atrás, por encima de su propia cabeza.

El esférico viaja lento, cruel, hacia la portería. Abdulelah Al-Amri reacciona a la desesperada, corre hacia la línea, se estira para sacarla. Llega tarde. El balón ya ha cruzado. Gol en propia puerta. 1-1. Silencio absoluto.

En segundos, el ambiente se transforma. De la euforia contenida al desconcierto. De los cánticos a los gritos de rabia. Los jugadores de Al-Hilal celebran un empate que vale oro en la lucha por el título; los de Al-Nassr se quedan clavados, incapaces de asimilar lo que acaba de ocurrir.

El pitido final llega como un mazazo. Las cámaras buscan a Cristiano. Ya no está en el césped. Sentado en el banquillo, quieto, mira fijamente hacia el campo vacío. El rostro, tenso. Los ojos, vidriosos. Un miembro del cuerpo técnico se le acerca, le da una palmada en el hombro, intenta sacarlo de ese trance. El portugués se levanta despacio, niega con la cabeza y enfila el túnel con la mirada al suelo. No hay palabras que sirvan en ese momento.

El golpe emocional es enorme. Al-Nassr tenía la noche en la mano. Con la victoria, el equipo se veía a un paso de su primera Saudi Pro League desde 2019. Cristiano, que suma ya 26 goles en liga esta temporada y 127 en 146 partidos con el club desde su llegada en 2022 tras su salida de Manchester United, estaba a punto de acercarse por fin a ese gran objetivo doméstico que aún se le resiste en Arabia Saudí. De momento, su único título con el club sigue siendo la Arab Club Champions Cup.

La realidad de la clasificación mantiene a Al-Nassr por delante, pero la sensación es muy distinta. Siguen liderando la carrera por el título con cinco puntos de ventaja sobre Al-Hilal, sí, pero el contexto cambia: Al-Hilal tiene todavía dos partidos por disputar; Al-Nassr, solo uno, frente a Damac la próxima semana. Ese gol en el 98’ no solo arrebató dos puntos. También devolvió vida al perseguidor.

En el vestuario de Al-Nassr se mezclan nombres de peso: Kingsley Coman, Joao Felix, Sadio Mane, Marcelo Brozovic, Inigo Martinez… Una plantilla construida para dominar, para cerrar noches como la de Al-Awwal Park con el puño en alto, no con un silencio que corta el aire. Y, sin embargo, el fútbol decidió otra cosa.

La imagen final queda grabada: Cristiano, solo, sentado, tragándose la frustración mientras el título vuelve a quedar en suspenso. La pregunta, ahora, es si este golpe anímico será una herida abierta o el último aviso antes de un cierre de temporada a la altura de su ambición. Porque el margen aún existe. Pero las oportunidades así no suelen perdonar dos veces.