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Japón se enfrenta a Suecia en el Mundial: Adaptabilidad y Unidad

La selección de Japón llega a su último partido del Grupo F rozando los cruces del Mundial, con cuatro puntos en el bolsillo, un fútbol sólido… y una lista de bajas que habría hecho temblar a más de un vestuario. A Hajime Moriyasu, en cambio, le ha servido para reforzar un mensaje: este equipo se sostiene en la adaptabilidad y en la unidad.

Sin Takefusa Kubo ante Suecia, ni Wataru Endo, ni Kaoru Mitoma, ni Takumi Minamino en todo el torneo, Japón ha encontrado respuestas donde otros verían excusas.

Un 4-0 que cambió el tono

El 2-2 contra Países Bajos, remontando dos veces, ya había dejado claro que Japón no venía a sobrevivir al grupo, sino a competirlo. La goleada por 4-0 frente a Túnez confirmó esa sensación. Con media columna vertebral en la grada, el equipo no se descompuso. Al contrario: se ordenó mejor, atacó con más claridad y defendió como un bloque compacto.

Moriyasu lo explicó desde la raíz: “Cualquiera puede jugar con cualquiera, esa es la preparación que queríamos asegurar”. No es una frase vacía. Sin Endo, cerebro y ancla del centro del campo. Sin Mitoma, desborde puro por fuera. Sin Minamino, enlace y pausa entre líneas. Y con Kubo ahora fuera por un problema de rodilla sufrido ante los neerlandeses.

Aun así, el seleccionador japonés no habla de parches, sino de crecimiento colectivo: “Cuando hay cambios en el equipo no es tan simple jugar con compañeros diferentes y lograr buenos resultados. Estoy muy agradecido a los otros entrenadores y a los jugadores por cómo se han desarrollado hacia un logro tan grande”.

Un plan que se sostiene

Japón suma cuatro puntos y, con esa renta, tiene muchas opciones de meterse entre los 32 mejores incluso perdiendo frente a Suecia. El cálculo, sin embargo, no entra en la mente de Moriyasu. Él mira hacia arriba.

“Básicamente estamos pensando en ganar, eso es lo que tenemos en la cabeza”, dejó claro. La ambición es nítida: pelear el primer puesto. “Si es posible, nos gustaría avanzar como líderes del grupo marcando tantos goles como podamos, pero distorsionar el equilibrio del equipo es un riesgo mayor. Ya veremos”.

Ahí está el equilibrio que guía a Japón en este Mundial: agresividad con balón, pero sin romper la estructura que le ha permitido competir sin sus figuras. Para el técnico, lo prioritario es que el equipo siga siendo reconocible, pase lo que pase con el rival del cruce: “No sabemos qué tipo de equipo nos tocará en la siguiente ronda, pero lo importante es que seamos sólidos y que podamos enfrentarnos a quien sea”.

Primero, eso sí, toca cumplir ante Suecia. “Primero queremos pensar en nosotros mismos y en cómo jugamos mañana. Nuestro objetivo es ganar y clasificarnos para la fase de eliminación directa como primeros de grupo”.

Suecia, un examen de carácter

El rival llega con una montaña rusa de resultados: 5-1 a Túnez, 1-5 contra Países Bajos. Dos marcadores extremos que convierten al equipo sueco en una incógnita táctica, pero con algo muy claro en la pizarra: su pegada arriba.

Moriyasu no se engaña. Sabe lo que viene: Alexander Isak y Viktor Gyökeres, dos delanteros que castigan cualquier despiste. Y, lejos de rebajar el desafío, lo eleva a oportunidad: “Son delanteros de clase mundial, maravillosos, así que me gustaría que disfrutáramos enfrentándonos a estos jugadores. Va a ser una buena oportunidad para que nuestros futbolistas sigan desarrollándose”.

Es un mensaje directo al vestuario. Nada de miedo escénico, nada de especular con el empate. Un duelo grande, contra un ataque grande, en un momento grande.

Japón se ha ganado el derecho a mirar el torneo de frente. Le faltan nombres, le sobra convicción. Ahora le toca demostrar si esa fe en el colectivo alcanza también para domar a Isak, a Gyökeres y a una Suecia imprevisible… y para adueñarse, de una vez, de la cima del grupo.

Japón se enfrenta a Suecia en el Mundial: Adaptabilidad y Unidad