Un penalti en el minuto 99 salva al Celtic en la Premiership
El Celtic se negó a soltar el título. Lo hizo en el último suspiro, al borde del abismo, con un penalti de esos que marcan temporadas. Kelechi Iheanacho, frío como el acero, transformó en el minuto 99 la pena máxima que mantiene a los de Glasgow con el destino en sus manos y añadió otro giro a la carrera por la Premiership más dramática en décadas.
El Fir Park ardía. Motherwell olía a gesta. El Celtic, durante muchos minutos, a naufragio.
Un giro de guion desde el punto de penalti
La jugada decisiva llegó cuando el tiempo añadido ya se había cumplido. Sam Nicholson, ex de Hearts, saltó para despejar de cabeza dentro del área. El balón impactó en su mano, elevada justo delante del rostro. El juego siguió unos segundos más, pero desde la sala de videoarbitraje Andrew Dallas llamó al colegiado John Beaton.
Silencio tenso. Beaton se acercó al monitor, revisó la acción y señaló el punto de penalti. El reloj ya caminaba más allá del minuto 95.
Iheanacho agarró el balón, ignoró el ruido, respiró hondo y colocó el disparo con calma. Gol. Victoria. Invasión de campo de los aficionados visitantes. Y un suspiro colectivo de alivio en la mitad verde de Glasgow.
Motherwell roza la gloria… y Europa
El golpe fue especialmente cruel para Motherwell. Minutos antes, Liam Gordon, otro ex de Hearts, había firmado el 2-2 en el 85’ y parecía regalarle a su antiguo club un impulso enorme en la lucha por el título. Con ese marcador, el Celtic llegaba a la última jornada obligado a vencer a Hearts por tres goles de diferencia.
No solo eso: Motherwell se veía en Europa. Estaba a instantes de asegurar plaza continental, hasta que todo se torció. El penalti encajado, unido al tanto tardío de Hibernian en Ibrox, deja ahora a los locales obligados a no perder en Easter Road el sábado para mantener el cuarto puesto. De rozar el sueño a vivir con la calculadora en la mano.
Fantasmas del pasado en Fir Park
Para Martin O’Neill, el regreso a Fir Park removía recuerdos incómodos. Su última visita liguera a este estadio como técnico del Celtic quedó grabada en la memoria del club: la tarde de 2005 en la que un doblete tardío de Scott McDonald entregó el título a Rangers en el tramo final de la temporada.
Durante buena parte del encuentro, el guion amenazó con repetirse. Motherwell, vestido con sus colores originales azules para celebrar su 140 aniversario, salió con una determinación feroz y dominó el arranque. El ambiente, eléctrico. La grada local, crecida.
Elliot Watt abrió el marcador con una volea soberbia desde 22 metros en el minuto 17. El disparo, seco y preciso, confirmó lo que ya se intuía: el Celtic no estaba cómodo. Los locales, en cambio, olían sangre y encontraban espacios para castigar.
En la grada visitante, el nerviosismo era evidente. Mientras tanto, llegaban noticias de Tynecastle: Hearts se imponía con autoridad y cerraba un 3-0 que aumentaba la presión sobre el campeón. El título se escurría entre los dedos.
Maeda enciende la reacción
El Celtic tardó, pero reaccionó antes del descanso. Daizen Maeda avisó primero con una ocasión a medias, desviada. Poco después, afinó la puntería. En el 41’, tras una acción en la que el balón quedó dividido después del esfuerzo defensivo de Callum Slattery sobre Yang Hyun-jun, el japonés cazó la pelota y fusiló cruzado. El disparo golpeó el poste y entró. 1-1. Un gol que valía mucho más que un simple empate: devolvía el pulso al campeón.
El partido se abrió. Arne Engels rozó el segundo para Motherwell con una vaselina que se estrelló en el larguero, después de un choque entre Maeda y el portero Calum Ward a la salida de un balón largo de Callum McGregor. El descanso llegó con la sensación de que cualquier cosa podía pasar.
Golazos, ocasiones y un campeón tambaleante
Tras la reanudación, el Celtic dio un paso adelante. Presionó alto, quiso encerrar a Motherwell y mandar en campo rival. Pero dejó metros a la espalda. Slattery encontró ese espacio y lanzó a Elijah Just por el carril izquierdo. El neozelandés recortó hacia dentro ante Auston Trusty, perdió ligeramente el equilibrio y dio tiempo a McGregor a recuperar y meter una pierna salvadora. Una acción al límite.
Motherwell no se conformó. Encadenó una combinación deliciosa que dejó a Slattery en posición franca dentro del área, pero el centrocampista resbaló justo cuando armaba el disparo. Era un aviso de lo que estaba por venir.
En el 58’, Benjamin Nygren se inventó un gol de otro partido. Controló a unos 25 metros de la portería, levantó la cabeza y soltó un derechazo inesperado que sorprendió a todos. El balón voló, se coló y desató la locura local. 2-1, con el equipo replegado y defendiendo en bloque bajo. Un mazazo para un Celtic obligado a ganar.
La ecuación cambió. Con la diferencia de goles ya irrelevante mientras sumaran los tres puntos, los de O’Neill se centraron en una sola misión: remontar como fuera. Intentaron controlar el ritmo, enfriar el ímpetu local, pero Motherwell olió la oportunidad de rematar al campeón.
Watt volvió a aparecer, esta vez desviando un disparo que se estrelló en el larguero. En el rechace, Tawanda Maswanhise conectó un cabezazo que Viljami Sinisalo atrapó sobre la línea. El guardameta del Celtic sostuvo a los suyos con otra parada extraordinaria a Just, mano firme y reflejos felinos. Pero tanta insistencia acabó por romper la resistencia.
Maswanhise vio dos remates bloqueados dentro del área. En la tercera oleada, el balón le cayó a Gordon, que no perdonó. Gol en el 85’. 2-2. Fir Park rugía. El Celtic, otra vez al borde del precipicio.
El título, a un partido
Lo más llamativo es que, tras el 2-2, fue Motherwell quien pareció más cerca del triunfo. Cada ataque local olía a sentencia. El Celtic, obligado a irse arriba, vivía con el corazón en la boca. Y entonces llegó el último giro del VAR, la mano de Nicholson, la revisión de Beaton y el penalti que Iheanacho convirtió en oro.
Con ese gol, el campeón sale de Fir Park con algo más que tres puntos: se lleva una vida extra. El panorama es ahora cristalino. El sábado, el Celtic será campeón si gana a Hearts. Nada de cálculos, nada de diferencias de goles. Ganar o ceder el trono.
Motherwell, por su parte, deberá levantarse del golpe y jugarse en Easter Road su billete europeo. Una tarde, dos historias cruzadas y una pregunta que sobrevuela el tramo final de la Premiership: ¿cuántos giros más puede soportar esta carrera por el título?
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