Socceroos desafían a Estados Unidos en un partido decisivo
Este partido no era, sobre el papel, uno de esos que se marcan en rojo en los calendarios fuera de Estados Unidos o Australia. Pero el fútbol no se escribe con rotulador indeleble. La paliza de la selección estadounidense a los Socceroos en la previa del torneo, el buen arranque de ambos en la fase de grupos y el aroma de partido decisivo en este Grupo D han convertido el choque en Seattle en algo mucho más jugoso de lo que muchos imaginaron.
Cuando salió el sorteo, el exjugador de Major League Soccer Mike Grella definió a Australia como un “lay‑up” para el anfitrión. Un trámite. Landon Donovan, ahora analista en Fox Sports, fue todavía más allá: pronosticó a los Socceroos colistas del grupo y tildó al seleccionador Tony Popovic de “engreído”.
El problema para Donovan es que su torneo, al micrófono, está siendo un boomerang. Señaló a Francia de “arrogante” y se ganó la réplica airada de Zlatan Ibrahimovic y Thierry Henry. Si hay que elegir voces autorizadas, cuesta no mirar antes hacia ellos que hacia el exídolo estadounidense.
En el vestuario, sin embargo, ese ruido rebota y se pierde.
“Todas esas cosas que se dicen son tonterías para mí”, cortó Tim Weah el martes. “Cuando miras al equipo australiano, ves un grupo joven que pelea, que tiene garra y hambre, igual que nosotros. Los respetamos como a cualquier otro rival. No sé qué intenta hacer la prensa, pero no estamos pendientes de eso. Estamos centrados en el panorama general y en hacer lo que tenemos que hacer como equipo para estar preparados”.
La pregunta cae sola: ¿qué intenta hacer la prensa?
La sensación es que buena parte de los medios en Estados Unidos miraban de reojo a este Mundial, dudando de las opciones reales de su selección, y se aferraron a lo que veían como un partido ganable. Es más fácil cargar contra Australia, un equipo que llega desde “el fin del mundo”, que poner en el punto de mira a nombres pesados como la siempre intrigante Türkiye o una selección sudamericana con el halo místico de su continente como Paraguay, por muy discutible que sea su nivel real.
Se entiende la lógica. Pero ahora, con los Socceroos convertidos en el principal rival de Estados Unidos por el primer puesto del grupo, la narrativa deja a más de uno en casa con cara de pocos amigos.
Cuentas pendientes desde Colorado
En el campo, el guion promete algo muy distinto al de los tertulianos. En el cuerpo técnico estadounidense esperan una batalla física. Y no es una suposición gratuita: viene dictada por la memoria reciente.
En octubre, en Colorado, un amistoso entre ambos se convirtió en una olla a presión. Ese fue el primer tropiezo de la era Popovic al frente de Australia. Mauricio Pochettino, entonces en el banquillo de Estados Unidos, explotó al descanso. Señaló a sus jugadores, les pidió que se plantaran, que dejaran de aceptar patadas sin respuesta.
El arbitraje fue un despropósito, con los dos equipos probando el límite de lo permisible. Christian Pulisic acabó lesionado tras un trato duro de Jason Geria. El partido se fue calentando jugada a jugada.
“Viendo ese partido del año pasado se notaba que ellos estaban metidísimos”, recordó estos días Sebastian Berhalter. “Iban fuerte a los duelos, y creo que esa es una de las razones por las que Mauricio tuvo aquella charla al descanso, diciendo: ‘Estos tipos no pueden pasarnos por encima a patadas’. Y tenía razón”.
Estados Unidos ganó 2-1, endureció su fútbol tras el descanso y se negó a ser el sparring.
“Ese partido en Colorado fue divertido”, sonrió Tim Weah. “La experiencia fue divertida. Fue agresivo. Creo que desde ese partido hemos cambiado mucho. Nos hemos vuelto un poco más agresivos también”.
Los dos goles estadounidenses llegaron cuando Pulisic ya estaba fuera del campo, un detalle que alimenta la convicción de que este equipo puede medirse cuerpo a cuerpo con Australia sin su gran estrella, si hace falta.
“Tenemos que jugar al límite”, avisó Pochettino en la víspera. “Sin cruzar la línea del reglamento”.
Berhalter, que debutó en un Mundial entrando por Pulisic en la segunda parte frente a Paraguay, apunta a pieza clave en un encuentro que se prevé áspero.
“Va a ser un partido físico, pero divertido, y estamos ilusionados”, dijo. “[Los Socceroos] van a pelear. Nos gustan los equipos que tienen esa hermandad, ¿sabes? Nos gustan los equipos a los que se les nota el hambre, las ganas de luchar”.
La juventud australiana ya no es promesa, es amenaza
Mientras tanto, Popovic sigue construyendo a fuego lento. Tras el 2-0 a Türkiye, cimentado en una defensa muy sólida y contragolpes quirúrgicos, el técnico se negó a vender humo. El resultado, dijo, es gasolina para la confianza, no el destino final.
“Sí, claro que esto debe darles un impulso”, concedió. “¿Techo? Están lejísimos de su techo. Es un grupo joven, sin experiencia en el Mundial, con muy poca experiencia incluso con la selección. Su techo debería llegar dentro de cuatro u ocho años, para la mayoría de estos chicos. Sabemos que necesitamos tiempo, pero estamos encantados con el resultado”.
Los números le dan la razón. El once inicial que presentó Australia en Vancouver tenía una media de 24 años y 226 días, la más baja de su historia en un Mundial. Siete futbolistas de esta lista mundialista —Lucas Herrington, Patrick Beach, Mohamed Touré, Alessandro Circati, Cristian Volpato, Paul Okon-Engstler y Nestory Irankunda— tendrán 22 años o menos en la fecha de inicio del torneo. Solo Senegal, con ocho, lleva más jóvenes de esa franja entre las 48 selecciones participantes.
No es una anécdota. Es una declaración de intenciones: Australia no ha venido solo a aprender; ha venido a competir mientras aprende.
Lumen Field, una caldera para un examen serio
El escenario acompaña. Seattle Stadium, conocido como Lumen Field, no es un campo más. Es la casa de Seattle Seahawks en la NFL y de Seattle Sounders en la MLS, un coloso abierto por su fondo norte a la silueta de la ciudad, con una grada en forma de pirámide coronada por una torre de vídeo que se integra en el paisaje urbano.
Y es ruidoso. Atrozmente ruidoso. Sus aficionados son capaces de generar vibraciones sísmicas equivalentes a un terremoto de magnitud 2,3. No es leyenda urbana: es parte de la identidad del estadio.
Cristian Roldan, que juega allí con Seattle Sounders desde 2015, sabe lo que se viene.
“Espero que el ambiente sea extremadamente ruidoso. Van a darnos energía”, aseguró. “Este es uno de los estadios más ruidosos del mundo si piensas en los partidos de Seahawks o de Sounders. Solo con ver el partido de Bélgica contra Egipto y cómo estaba el ambiente, espero totalmente que la ciudad de Seattle salga y se vuelque, y creo que los chicos van a sentir ese tipo de energía”.
El coloso albergará seis partidos en este Mundial, con una capacidad de 66.925 espectadores para el torneo. Hoy, uno de ellos decidirá si Estados Unidos confirma los pronósticos de su propia prensa o si esos “chicos del fin del mundo” vuelven a dejar en ridículo a quienes los tomaron por un simple “lay‑up”.
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