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Suiza y Canadá: un partido decisivo en el Mundial

En el papel, Suiza y Canadá llegan tranquilos. Ya están en los octavos de final del Mundial, clasificados sin necesidad de sacar la calculadora. Ni siquiera un imposible 32-0 esta noche cambiaría eso. Pero nadie en Vancouver lo vive como un trámite. Hay liderato de grupo, orgullo y, en el caso canadiense, algo todavía más jugoso: quedarse en casa.

El premio es claro. El primero del Grupo B se queda en Vancouver, se mide a uno de los mejores terceros y, si avanza, repite estadio en octavos. El segundo hace las maletas rumbo a Los Ángeles para enfrentarse al segundo del Grupo A, con Corea del Sur como rival más probable a esta hora. En un torneo largo, no es un matiz menor: menos viajes, más rutina, un entorno conocido.

Canadá llega con ventaja en la diferencia de goles, así que el empate le basta para asegurar la cima. El ranking de la FIFA, sin embargo, cuenta otra historia: Suiza es 17ª del mundo; Canadá, 29ª. Dos miradas distintas a un mismo partido. Solo una se quedará con Vancouver como fortín.

Inglaterra vuelve a ser… Inglaterra

Mientras tanto, desde la distancia, Inglaterra ofrece su propio relato, uno de esos que el país conoce de memoria. Después de que buena parte de la prensa se dejara llevar por la goleada a Croacia y presentara al equipo de Thomas Tuchel como aspirante a todo, llegó el frenazo: un 0-0 sin brillo ante Ghana, el partido más plano del torneo hasta ahora.

El despertar colectivo tras el empate trajo una sensación curiosamente reconfortante. Inglaterra, la de siempre. Tazas de té, sándwiches de pepino arrugados, estaciones de servicio carísimas, quejas sobre el clima y primeros ministros dimitiendo. Y, en un rincón de un campo extranjero, la selección jugando “como un desagüe” y desinflando ilusiones. Tradición pura.

Tuchel mantiene su plan, sin dramatismos: controlar la presión, proteger a figuras como Bukayo Saka y dejar que Harry Kane mire ya hacia Panamá. El ruido es inevitable, pero el técnico alemán insiste en que el camino pasa por gestionar el torneo, no por ganar titulares en septiembre.

Canadá, de la tragedia al día que nadie olvidará

El impulso canadiense llega cargado de emociones. El 6-0 a Qatar no solo fue la primera victoria de la selección masculina en un Mundial. También se convirtió en la mayor goleada de una selección de Concacaf en la historia del torneo y en una de las más abultadas de un país anfitrión. Un día de récords… y de susto mayúsculo.

La fractura de pierna de Ismaël Koné heló el ambiente a mitad de tarde. Una imagen brutal en medio de la euforia, un recordatorio de lo frágil que puede ser todo. Jesse Marsch, sin embargo, quiso que el partido se recordara por algo más que el golpe.

El entrenador estadounidense habló de “un momento en el tiempo y para todos los tiempos”, el tipo de tarde que define una identidad. Para él, el 6-0 no solo fue un marcador: fue la prueba, ante los suyos y ante el mundo, de que en Canadá hay talento, carácter y ambición, incluso en un país que se sigue presentando como tierra de hockey.

Jonathan David firmó un hat-trick y se llevó los focos, mientras las cámaras captaban a Marsch celebrando, contando los seis goles con los dedos ante la grada. Las redes se llenaron de memes y montajes, comparándolo con Michael Jordan levantando seis dedos tras su sexto anillo con Chicago Bulls. El técnico, sin embargo, prefirió mirar más allá de la anécdota: un día que, insiste, “ningún canadiense olvidará”.

El arma suiza: la irrupción de Johan Manzambi

Suiza llega con una sensación similar de crecimiento. Tras empatar en su debut, despertó con furia en el tramo final ante Bosnia y Herzegovina para imponerse 4-1. La noche tuvo un protagonista inesperado: Johan Manzambi, 20 años, delantero, y una entrada en escena de las que cambian carreras.

Saltó al campo en los últimos minutos, con el rival ya mermado por la expulsión de Muharemovic. Encontró espacios, olió sangre y los castigó sin piedad. Dos goles en un suspiro, el primero una volea limpia que cambió el tono del partido y, quizá, de su Mundial. Fue un impacto que recordó al de un joven Michael Owen en Saint-Étienne, cuando dejó atrás a los defensores de Argentina y se abrió paso a la fama.

Formado en Servette y ahora en el Freiburg, Manzambi ya había firmado 16 goles y asistencias esta temporada con su club. En el vestuario alemán se ha ganado respeto, pero actuaciones como la del otro día pueden acelerar cualquier carrera. Hoy, frente a Canadá, se espera que vuelva a tener minutos. Y, con ellos, la oportunidad de consolidar lo que ya apunta: potencia, velocidad y el tipo de desparpajo que desordena defensas.

Alineaciones: dos apuestas claras

La hoja de equipo confirma que ambos seleccionadores van en serio, aunque gestionan recursos con matices.

Suiza presenta un dibujo que se puede leer como 4-3-1-2: Kobel; Jaquez, Elvedi, Akanji, Rodriguez; Sow, Xhaka, Freuler; Manzambi; Vargas, Embolo.

En el banquillo esperan Mvogo, Keller, Widmer, Coemert, Amenda, Zakaria, Jashari, Aebischer, Ndoye, Fassnacht, Okafor, Amdouni e Itten. Rotación, sí, pero con columna vertebral reconocible: Granit Xhaka en el mando, Manuel Akanji como jefe atrás y Breel Embolo como referencia ofensiva.

Canadá responde con un 4-4-2 más clásico: Crepeau; Johnston, De Fougerolles, Cornelius, Laryea; Buchanan, Choiniere, Saliba, Ali Ahmed; Larin, J David.

En la recámara, un banquillo profundo: St Clair, Goodman, Waterman, Bombito, Davies, Sigur, Eustaquio, Millar, Shaffelburg, Osorio, Oluwaseyi, P David, Nelson. El dato que salta a la vista: Alphonso Davies se queda de inicio fuera, de nuevo. Marsch protege a su estrella, administra esfuerzos y confía en que el bloque, ahora en pleno subidón emocional, mantenga el nivel mostrado ante Qatar.

En el centro del campo, los cambios son claros: Mathieu Choiniere y Nathan Saliba ocupan los lugares de Stephen Eustaquio e Ismael Koné. Una apuesta por piernas frescas y por un doble pivote que debe sostener el vértigo ofensivo sin perder el control del partido.

Entre Vancouver y Los Ángeles, un aviso para el resto

El choque llega en un momento delicado del torneo, cuando las últimas jornadas de la fase de grupos se solapan y la atención se reparte. Mientras Bosnia y Herzegovina se mide a Qatar en otro estadio, Suiza y Canadá se juegan algo más que un liderato simbólico.

Para los suizos, es la oportunidad de confirmar que su remontada ante Bosnia y Herzegovina no fue un destello aislado, sino el inicio de una marcha firme hacia las rondas finales. Para Canadá, es el examen de madurez después de su día perfecto y terrible a la vez, entre la goleada histórica y la lesión de Koné.

Hay partidos que no necesitan una amenaza de eliminación para ser importantes. Este es uno de ellos. El que gane se quedará en Vancouver y enviará un mensaje claro al resto del cuadro: no ha venido solo a participar.