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Tete Yengi: el delantero que brilla en los Socceroos

Tete Yengi llevaba tiempo soñando con este momento. Debut con Australia, gol y una sonrisa que lo decía todo tras el 1-1 ante Suiza en el último amistoso antes del Mundial. Un estreno de cuento para un delantero que se define con una simple frase: “soy un tipo largo”.

El camino hasta ahí no tuvo nada de sencillo.

De un Livingston hundido a la élite con Machida Zelvia

A los 25 años, el delantero nacido en 1999 llegaba a este verano con números discretos en Europa. Solo dos goles en 23 partidos con un Livingston condenado al fondo de la Scottish Premiership antes de marcharse cedido a Japón en enero rumbo a Machida Zelvia.

En Escocia, su figura imponía, pero el contexto pesaba. Un equipo hundido, pocas ocasiones, poco brillo. Parecía otro delantero grande atrapado en un sistema que no le favorecía.

Japón cambió el guion.

Con Machida Zelvia, Yengi firmó seis goles en 22 encuentros, ayudó a que el equipo acabara tercero en la East Region japonesa y alcanzara la final de la Asian Champions League. Ahí empezó a llamar la atención de verdad. Ritmo alto, espacios, un fútbol que premiaba su zancada. De repente, aquel “tipo largo” empezaba a ser un problema serio para las defensas rivales.

Ese impulso le abrió la puerta que llevaba tiempo entreabierta: la selección absoluta.

Un debut soñado y un remate de zancada

Tony Popovic decidió incluirlo en la lista de los Socceroos a última hora, junto al extremo de Sassuolo Cristian Volpato. En el último ensayo antes del Mundial, ante una Suiza exigente, los dos debutantes compartieron ataque con Nestory Irankunda.

Yengi no tardó en justificar la apuesta.

El gol llegó como le gustan a los delanteros: con instinto y decisión. “Fue un gran balón de Cam Burgess y una gran carrera de Connor Metcalfe”, explicó después. Él solo pensó en una cosa: atacar el área.

“Mi primer pensamiento fue entrar en el área. Cuando la golpeó, pensé que era un poco larga y dije ‘oh, no’, pero luego recordé que soy un tipo largo, así que estiré la pierna y llegué, por suerte. Estoy muy feliz”.

La jugada lo define. Lectura del espacio, fe en la carrera y ese último paso que solo dan los que creen que siempre pueden llegar. Estiró la pierna, tocó el balón y firmó su primer gol con la camiseta de Australia en su primer partido.

“Es increíble, solo puedes soñar con momentos así. Estoy agradecido por la oportunidad. Primer partido, primer gol, no se puede empezar mejor, supongo, y ojalá pueda marcar más”.

El tono no era de euforia vacía, sino de alguien que sabe que esto puede ser solo el principio.

Química en ataque y una apuesta para el Mundial

El amistoso ante Suiza dejó algo más que un gol. Dejó sensaciones. Yengi, Irankunda y Volpato mostraron destellos de una conexión que puede marcar el Mundial de los Socceroos.

“Yo y Nestory somos muy buenos amigos, así que queremos jugar juntos en el campo, y Cristian también, era la primera vez que jugaba con los dos”, contó el delantero. Esa complicidad fuera del césped ya se empieza a notar dentro.

“Lo disfruté, y cuanto más juegue con todos los chicos, mejor será la conexión. Son grandes jugadores por una razón, yo estoy aquí por una razón, así que cuando salimos al campo tenemos que mostrar por qué estamos aquí con nuestro buen juego combinativo y todo”.

La frase resume el estado de ánimo del grupo: confianza, pero también responsabilidad. No se sienten invitados de piedra; se saben parte del plan.

Australia compartirá el Grupo D con Turquía, Paraguay y la anfitriona Estados Unidos. Un grupo exigente, físico, con selecciones que castigan cualquier desconexión. Precisamente el tipo de escenario en el que un delantero como Yengi, capaz de fijar centrales y atacar balones largos, puede marcar diferencias.

Él lo tiene claro: “Estoy deseando jugar más con ellos y ojalá podamos hacer algo especial”.

Desde un Livingston descendido hasta una final continental con Machida Zelvia. De dos goles en Escocia a un estreno soñado con la selección. Ahora, el “tipo largo” que estira la pierna hasta donde otros no llegan se asoma a un Mundial con la sensación de que, esta vez, el balón sí está cayendo de su lado. La pregunta es sencilla: ¿hasta dónde le van a llevar esas zancadas?