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Zlatko Dalic y el desafío de Croacia ante England

Zlatko Dalic no se engaña: el verano de Croacia puede decidirse en 90 minutos en Dallas. El seleccionador asume que el debut mundialista ante England, el 17 de junio, llega en el peor momento posible para un equipo tocado en forma y en físico, y reconoce que un estreno más amable habría encajado mejor con la realidad de su vestuario.

“Quizá, porque el primer partido puede destruirlo todo”, admitió cuando le preguntaron si habría preferido cruzarse con England más adelante en la fase de grupos. No hablaba en abstracto. En su memoria sigue fresca la Euro 2024, aquel 3-0 encajado ante Spain en el estreno que dejó a Croacia sin reacción. El arranque marcó el torneo. Y lo hundió.

Esta vez, la sensación es parecida: una selección grande, un escenario exigente y demasiadas dudas.

Un equipo tocado antes de despegar

Croacia cerró su preparación con una victoria por 2-1 ante Slovenia en Varazdin, un resultado que maquilla más que explica el estado del equipo. El marcador acompaña, las certezas no tanto. Dalic afronta el viaje a Estados Unidos con varios frentes abiertos en la alineación.

La preocupación se concentra en dos nombres que, en condiciones normales, son intocables: Mateo Kovacic y Josip Gvardiol. Ambos, jugadores de Manchester City, regresan de lesión y todavía arrastran falta de ritmo. Para una selección sin una plantilla amplia, el matiz no es menor: son pilares, no secundarios.

“Kovacic, Gvardiol y Modric no jugaron mucho durante mucho tiempo y no están en una forma óptima”, explicó Dalic tras el amistoso. El diagnóstico sobre Kovacic fue todavía más crudo: “Apenas jugó esta temporada y ahora le necesitamos. No es fácil y necesitamos tiempo”. Gvardiol ya está de vuelta, pero el técnico insiste: ninguno ha alcanzado aún su mejor nivel.

El problema es que el calendario no espera. Y Croacia no tiene margen para reservar a sus mejores hombres.

Modric, gol con máscara y dudas de fondo

En medio de las incógnitas, Luka Modric volvió a poner algo de luz. El capitán, con una máscara protectora tras fracturarse el pómulo, firmó un gol magnífico ante Slovenia, un destello de la clase que le ha acompañado durante toda su carrera. El gesto técnico sigue intacto; la cuestión es cuánto combustible le queda para sostener un torneo largo.

Modric forma parte de ese núcleo duro al que Dalic sigue aferrado: veteranos, con jerarquía, pero cortos de minutos competitivos en los últimos meses. El seleccionador lo sabe y lo dice sin rodeos: la base que le llevó a ser subcampeón del mundo en 2018 y tercero en 2022 llega al siguiente gran reto con el depósito a medias.

“No tenemos una gran plantilla y estos son algunos de nuestros jugadores más importantes”, subrayó. En otras palabras: no hay plan B de la misma calidad. Si los líderes no responden desde el primer día, el castillo puede venirse abajo demasiado pronto.

El peso del primer partido

Dalic insiste en una idea: el debut marca el torneo. Lo vivió en Rusia 2018, cuando un triunfo ante Nigeria abrió el camino hacia la final. Lo comprobó de nuevo en Qatar 2022, con un empate ante Morocco que sostuvo la confianza y acabó desembocando en un nuevo podio mundialista.

Por eso, el técnico ve el cruce con England como una especie de examen final adelantado. El margen de error se reduce a casi nada. “El primer partido es el más importante. Contra England lucharemos, intentaremos hacer lo mejor posible e intentaremos ganar”, afirmó, sin matices.

No hay opción de dosificar, ni de especular con un punto. Croacia sabe lo que es llegar lejos. También sabe cómo se derrumba un plan por un mal arranque. Esa dualidad sobrevuela cada respuesta del seleccionador.

England, viejas heridas y presente imponente

El relato invita a mirar atrás, a aquella semifinal de 2018 en la que Croacia eliminó a England y se plantó en la final del mundo. Dalic, sin embargo, rehúye cualquier lectura psicológica ventajista. Recuerda que, desde entonces, los ingleses han ganado dos veces a su equipo. El pasado ya no protege a nadie.

Esta versión de England, a ojos del técnico croata, impone respeto. “Un equipo muy fuerte, cuya liga es la mejor del mundo y que juega muy ofensivo, muy rápido”, los definió. Un bloque trabajado, con un ritmo alto y una preparación larga en Estados Unidos. El conjunto de Thomas Tuchel —al que Dalic elogió sin reservas— se instaló en Miami una semana antes, afinando detalles para llegar a Dallas con la maquinaria engrasada.

Croacia, mientras tanto, intenta recuperar piernas y sensaciones a contrarreloj. Dalic lo asume: “Tendremos que hacer algo más”. No basta con competir bien; habrá que superar límites físicos y emocionales desde el minuto uno.

El escenario está claro. Un gigante delante, un vestuario corto de aire detrás y un seleccionador que sabe que, esta vez, el primer paso puede ser el que marque todo el verano.