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Hat-trick de Joao Pedro en el debut de Xabi Alonso con Chelsea

El primer partido de la era Xabi Alonso en el Chelsea fue cualquier cosa menos un amistoso rutinario. En un campo irregular, más acostumbrado a los golpes del rugby que al balón al pie, el equipo londinense se impuso 6-4 a Western Sydney Wanderers en un duelo descontrolado, lleno de errores atrás y destellos de enorme calidad arriba.

El resultado, casi de videojuego, dejó una certeza: cuando Joao Pedro pisó el césped, el encuentro cambió de deporte.

Un inicio ilusionante… y una defensa en ruinas

A los seis minutos, el nuevo Chelsea ya enseñaba el sello que Alonso quiere para Stamford Bridge. Salida limpia desde atrás, circulación rápida pese a los botes traicioneros del césped y una finalización de veterano de un chico de 17 años: Dastan Satpaev. Controló, definió con calma y firmó el primer gol de la etapa Alonso.

Parecía el guion perfecto. Pero el equipo se deshizo atrás con la misma facilidad con la que construía por dentro.

En el 14’, Pantazapoulos empató para Western Sydney cabeceando en el segundo palo tras un córner mal defendido. Aviso serio. No fue el último. A los 32’, Hammond aprovechó otro desajuste defensivo para poner el 2-1. Demasiado castigo para un Chelsea que con balón era reconocible, pero sin él se quedaba desnudo.

La reacción llegó antes del descanso. Otra jugada de tiralíneas, esta vez con Dario Essugo como protagonista. Una pared a un toque con Reggie Walsh, ruptura al espacio y definición limpia para el 2-2 en el 38’. Fútbol de escuela, pero con un equipo que seguía dando vida al colista de la última A-League cada vez que tenía que defender su área.

Cambios, dudas y un nuevo golpe

Alonso arrancó la segunda parte con calma: solo dos cambios al descanso, Kellyman y Mahdi Nicoll-Jazuli por Essugo y Kavuma-McQueen. El plan parecía dar minutos, no revolucionar el partido. Pero Western Sydney no entendió de tiempos de pretemporada.

En el 62’, un despeje defectuoso de la zaga blue cayó a los pies de Scicluna, que ajustó al palo y devolvió la ventaja a los australianos (3-2). El Chelsea defendía en línea de cuatro, pero la estructura se rompía con facilidad en cuanto el rival aceleraba. Josh Acheampong y Tosin, dos de los pocos con experiencia, sufrían ante un equipo que el curso pasado acabó último en su liga.

El 64’ fue el punto de inflexión. Alonso miró al banquillo y tiró de artillería pesada: Sánchez, Palestra, Levi Colwill, Fofana, Anselmino, Estevao, Cole Palmer, Jamie Gittens y Joao Pedro. Nueve cambios de golpe. Otro partido.

Palmer en la sala de máquinas, Gittens enciende la mecha

Dos minutos después, la nueva versión del Chelsea ya había dejado huella. Joao Pedro arrancó desde la izquierda, encaró, se metió en el área y en lugar de buscar el disparo, sirvió atrás para Gittens, que llegó desde segunda línea y empató a 3-3 en el 66’. Un gol de extremo clásico con lectura de delantero y timing de interior.

El equipo se ordenó con Palmer como mediapunta, Estevao abierto a la derecha y Gittens en el otro costado. La sensación era de control, de superioridad técnica. Pero el caos seguía agazapado atrás.

En el 78’, una acción que explica por qué Alonso habló luego de “gestión del partido”. Un pase blando de Estevao hacia atrás, Watson comprometido, pérdida en zona prohibida y Awan Lual, recién salido desde el banquillo local, castigó sin piedad: 4-3 para Western Sydney. Tercera vez que los australianos se ponían por delante. Demasiado castigo para un equipo que aspiraba a mandar.

El show de Joao Pedro en nueve minutos

Ahí se encendió Joao Pedro. Y ya no hubo respuesta posible desde el otro lado.

En el 80’, el brasileño controló cerca de la frontal, se acomodó el balón y definió con precisión desde dentro del área para el 4-4. Frío, clínico. El tipo de remate que no permite al portero ni adivinar.

Cinco minutos después, el Chelsea por fin volvió a mandar en el marcador, algo que no hacía desde el 1-0 de Satpaev. Palmer, instalado en el carril central, filtró un pase perfecto al espacio. Joao Pedro atacó el hueco, cruzó con serenidad y firmó el 5-4 en el 85’. Misma calma, mismo gesto: un delantero que parece llegar a la pretemporada sin rastro de óxido.

El golpe definitivo llegó en el 89’. Córner, barullo en el área pequeña y Joao Pedro, bien colocado a un par de metros de la línea, empujó el balón para completar un hat-trick en nueve minutos. 6-4. Partido roto, pero decidido.

Ningún ensayo veraniego debería explicar una temporada, pero hay noches que marcan jerarquías. La de Sydney presentó a Joao Pedro como una pieza central del proyecto y recordó que Palmer, incluso con solo media hora, sigue siendo el metrónomo de este equipo.

Lo que dejó el debut de Alonso

Más allá del marcador desorbitado, el amistoso dejó varias pistas claras.

La estructura fue flexible. El Chelsea defendió con línea de cuatro, pero con balón, Landon Emenalo se soltó una y otra vez por el carril izquierdo, doblando a Satpaev y generando superioridad por fuera. Ese desdoblamiento dio profundidad, pero también expuso la espalda de la defensa, que sufrió en las transiciones.

Los jóvenes respondieron. Reggie Watson y Reggie Walsh se asociaron con personalidad en el centro del campo, con Watson como único futbolista que completó los 90 minutos. Nicoll-Jazuli firmó una entrada al partido muy viva tras el descanso. Satpaev arrancó con brillo y gol, aunque se fue apagando con el paso de los minutos.

Los pesos pesados, en cambio, necesitaron poco tiempo para demostrar jerarquía. Palmer y Joao Pedro entraron con el duelo torcido y lo giraron casi a voluntad. No hubo rastro de falta de ritmo en sus decisiones con balón ni en la agresividad de sus desmarques.

La gran alarma se encendió atrás. Ante un rival que terminó último en la A-League, la zaga del Chelsea concedió cuatro goles y muchas más situaciones de peligro. Acheampong y Tosin, llamados a aportar oficio, vivieron una noche incómoda, sin demasiada ayuda del centro del campo en la protección del área.

La voz de Alonso: aprendizaje entre golpes

Tras el choque, Xabi Alonso no se dejó llevar por el marcador. Habló de “amistoso muy útil” y de la necesidad de “gestionar mejor los partidos”. Reconoció que su equipo sufrió cuando Western Sydney apretó arriba y les obligó a buscar soluciones por dentro, a leer mejor lo que pedía el juego y a ajustar sobre la marcha.

El técnico subrayó que este tipo de situaciones se repetirán durante la temporada y que, precisamente por eso, este test sirve como laboratorio: sufrir, corregir y crecer. También valoró los minutos repartidos entre todos, pieza clave en el arranque de una pretemporada larga.

Sydney dejó un festival de goles, un aviso defensivo y un mensaje nítido: el Chelsea de Alonso quiere mandar con el balón, acelerar por dentro y vivir cerca del área rival. La pregunta es cuánto tardará en conseguir que ese vértigo no se convierta, como en esta noche australiana, en una montaña rusa cada vez que el rival cruza la mitad del campo.