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Maheta Molango advierte sobre la supervivencia en el Mundial

Maheta Molango, el aviso más duro: “Será la supervivencia del más fuerte”

El fútbol de élite avanza a un ritmo que ya roza lo inhumano. Y los jugadores, esta vez, no solo se quejan en privado: hablan de plantarse. Maheta Molango, director ejecutivo de la Professional Footballers’ Association (PFA), lo resume con crudeza: los futbolistas están “siendo llevados al límite” y este verano el Mundial corre el riesgo de convertirse en un examen de resistencia más que en una celebración del talento.

“El Mundial debería ser la culminación de un sueño, pero la realidad es que será la supervivencia del más fuerte. No está bien”, advierte.

Su diagnóstico es claro: el calendario ha dejado de premiar al mejor equipo para premiar al más fresco. “Ahora ves partidos que no los gana el mejor, los gana el más en forma”, lamenta.

Los jugadores, recuerda, son “superhéroes” a ojos del aficionado y cobran salarios astronómicos, pero eso no les convierte en máquinas. “Eso no significa que se les pueda empujar hasta el límite desde una perspectiva humana”, subraya. El riesgo no es solo físico. Es existencial para el propio espectáculo: “Hay un riesgo real para el jugador. Y, para los que no se preocupan por eso, hay un riesgo real para el producto, porque la gente pagará miles de libras para ver a futbolistas ‘caminando’, en el mejor de los casos”.

Un vestuario que empieza a decir “basta”

Molango desliza una idea que hasta hace poco sonaba impensable: la autorregulación desde dentro. Jugadores que, sencillamente, decidan no participar en ciertos partidos. “Quizá los jugadores tengan que autorregularse. Ese amistoso que has organizado, yo no lo voy a jugar”, plantea.

El dirigente denuncia un ecosistema dominado por “abusones” que asumen que pueden seguir exprimiendo el calendario sin resistencia. Pero el vestuario ha cambiado. “La gente no parece darse cuenta de que trata con seres humanos y esos seres humanos no son tan estúpidos como quizá piensan. Entienden el poder del colectivo. No son tontos. Son listos y están enchufados”.

La referencia no es teórica. Molango recuerda el caso de los futbolistas de La Liga que se negaron a disputar un partido oficial en Miami. “La Liga ha hecho un trabajo fantástico durante años”, reconoce, pero cuando decidió tirar para adelante con un encuentro en Estados Unidos, los jugadores dijeron basta. “Simplemente dijeron: no vamos. Al final, el partido se canceló”.

El mensaje, para él, debería haber retumbado en todos los despachos del fútbol mundial: “Si hay una liga con un liderazgo fuerte, es La Liga. Y aun así no hubo partido porque los jugadores se dieron cuenta de que ellos son el producto. Puedes vender entradas, pero si nosotros no vamos, no hay partido”. Ahí está el núcleo de su discurso: “Si los jugadores no están, no hay juego. Tienen que entender lo que piensan los jugadores”.

Van Dijk, Szoboszlai, Rice… cifras de otro planeta

Los datos sostienen la alarma. Según Opta, 19 futbolistas de la Premier League que ya han superado los 4.000 minutos esta temporada llegarán así al Mundial. Entre las cinco grandes ligas europeas, 11 de los 20 jugadores con más minutos pertenecen a clubes ingleses.

En la cima de esa lista aparece Virgil van Dijk, de Liverpool, con 4.761 minutos. Su compañero Dominik Szoboszlai ocupa el cuarto puesto, con 4.556. El inglés más exigido es Morgan Rogers, de Aston Villa, undécimo con 4.382 minutos.

No son casos aislados. Jugadores de Newcastle, Crystal Palace, Arsenal o Nottingham Forest aparecen también en los primeros puestos, empujados por la combinación de competiciones europeas y compromisos internacionales.

El último informe de Fifpro sobre carga de trabajo, que analiza la temporada 2024-25 con el Mundial de Clubes ampliado incluido, fue tajante: temporadas “sin precedentes por su longitud y congestión” y la recomendación de un mínimo de cuatro semanas de descanso en verano y un parón invernal.

Las advertencias no se quedan en el papel. En septiembre de 2024, Rodri, centrocampista de Manchester City, aseguró que los jugadores estaban “cerca” de ir a la huelga tras completar una temporada de 63 partidos. Ese mismo mes sufrió una rotura del ligamento cruzado anterior.

Mientras tanto, los grandes organismos siguen estirando el chicle. FIFA y UEFA han ampliado el Mundial, el Mundial de Clubes y la Champions League, y han añadido la Conference League. En Inglaterra se han eliminado los ‘replays’ de la FA Cup, pero la League Cup sigue en pie. Pequeños ajustes en un calendario que ya no respira.

Calor extremo, céspedes secos y partidos a la hora equivocada

Molango no solo mira al número de partidos. También al contexto en el que se juegan. Temperaturas extremas, horarios comerciales, terrenos de juego que no están pensados para el fútbol.

En el último Mundial de Clubes, Enzo Fernández, de Chelsea, calificó las temperaturas de “increíbles” y “peligrosas”, y confesó que llegó a sentirse “muy mareado”. El jefe de la PFA coincide: “Las temperaturas, el clima y los partidos al mediodía fueron una gran preocupación”. Reconoce que FIFA escuchó en parte y ajustó horarios y sedes, pero insiste en que las dudas persisten de cara a este verano.

Su experiencia en la Premier League Summer Series en Estados Unidos refuerza esa sensación. “Fui a un partido en Philadelphia a las 3 de la tarde y, con esas temperaturas, no podía respirar. Los partidos eran uno detrás de otro y la diferencia entre el primero y el último era como la noche y el día”, relata.

Los propios jugadores le trasladan sensaciones similares. “Me dijeron que no podían respirar. El césped está tan seco porque son campos de fútbol americano. Vas a Atlanta y el campo está tan seco… y no están jugando NFL”. El negocio manda, pero el cuerpo pasa factura.

Una generación que entiende el fútbol desde abajo

La PFA tiene una particularidad que Molango valora como su gran fuerza: es un sindicato donde los multimillonarios del escaparate comparten intereses con los profesionales de League One y League Two. Y todos, asegura, se sienten parte de la misma causa.

“Hay que recordar que la mayoría vienen de la pirámide del fútbol”, explica. “Incluso la selección nacional. Harry Kane ha jugado en Leyton Orient. No necesito explicarle lo que significa. No necesito explicárselo a Kyle Walker. Declan Rice fue rechazado de una academia.”

Jude Bellingham creció en el Championship con Birmingham City. “No necesito decirle lo que significa. Lo entiende. No es solo una lucha por ellos, también es una lucha por lo que viene después.”

Molango se apoya en una frase que popularizaron las Lionesses: “Queremos dejar la camiseta en un lugar mejor”. Nombres como Kim Little o Leah Williamson encarnan esa mentalidad. “No se trata solo de ellas. Quieren dejar un legado y dejar la camiseta en un lugar mejor. Eso no necesariamente ocurría hace 20 años.”

El cambio se nota en los gestos cotidianos. “Tengo capitanes que me llaman y algunos ni siquiera son titulares, pero llaman porque les importa. En el fútbol masculino y en el femenino”. Para él, el mensaje es inequívoco: “La PFA está aquí por las razones correctas. La gente no va a imponer las cosas a base de empujones cuando quiera. Por suerte vivimos en un país con leyes y eso siempre será el último recurso. Los días en los que se pensaba que los jugadores eran el eslabón más débil se han acabado. Son el eslabón más fuerte.”

El caso Rice: 70 partidos y cero compasión

En medio de este escenario, Molango pone un nombre propio sobre la mesa: Declan Rice. El centrocampista de Arsenal puede terminar la temporada con cerca de 70 partidos entre club y selección. A sus 27 años, ya suma 4.246 minutos en todas las competiciones, décimo jugador de la Premier con más carga y segundo inglés más exigido tras Morgan Rogers.

Y, sin embargo, el dirigente de la PFA tiene claro lo que le espera si llega fundido al Mundial: “¿Quién va a tener simpatía por Declan Rice? Todo el mundo se olvida de los 68 partidos. Si tiene suerte, puede llegar a 68 incluso antes del Mundial. ¿Quién se acuerda de eso? Nadie. Estarán ocupados diciendo: tenemos que ganar el Mundial”.

Ahí está, para Molango, la gran contradicción. El sistema exige más partidos, más dinero, más derechos de televisión… y borra del mapa el desgaste de quienes sostienen el espectáculo. “Tenemos que volver a poner el juego en el centro de la industria”, reclama. Y recurre a una comparación empresarial: “Es como si Apple tuviera una reunión del consejo y hablara de todo sobre el próximo iPhone. No tiene sentido hablar de la tienda o del vendedor si el próximo iPhone es malo”.

En el fútbol, asegura, ocurre lo mismo: “Vamos a reuniones y hablamos de todo menos de los jugadores. Hablamos de todo menos de lo que pasa en el césped. Hay que devolver el fútbol al centro del juego”.

La PFA defiende límites claros: un máximo de 50 a 60 partidos al año, con un tope de 45 en temporadas consecutivas, y al menos un mes de descanso cada verano. La respuesta que reciben, según Molango, es siempre la misma: “Lo siento, pero el calendario está bloqueado hasta 2030”. Curiosamente, cuando se trata de añadir partidos, nunca está tan bloqueado. “Cuando se trata de reducir partidos, entonces sí está bloqueado”, ironiza. “Así no funciona. Lo quieren todo. La gente en el estadio. Los derechos de televisión. Las autoridades están subestimando enormemente cómo han evolucionado los jugadores con los años”.

La pregunta ya no es si el fútbol puede seguir exprimiendo a sus estrellas. La pregunta es cuánto tardarán esas estrellas en usar de verdad el poder que, como recuerda Molango, siempre han tenido: sin ellos, no hay juego. Y el próximo Mundial puede ser el escenario donde esa verdad deje de ser una amenaza y se convierta en un hecho.