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La nueva casa del campeón femenino del City

En el mismo campus donde entrenan los hombres y crece la academia, pero con su propio territorio, su propio pulso. El equipo femenino del Manchester City ya vive en su nueva ciudad deportiva, un proyecto gestado durante casi cuatro años que por fin ha abierto sus puertas. El traslado se completó hace apenas unas semanas. El impacto, dentro del vestuario, es inmediato.

Hasta ahora compartían instalaciones con los equipos de formación. Hoy tienen un universo propio: áreas específicas de medicina, readaptación, fisioterapia, hidroterapia y recuperación; cocina propia, nutricionistas dedicados exclusivamente al primer equipo femenino y una estructura pensada al milímetro para la élite.

No es un edificio impuesto desde los despachos. Jugadoras y cuerpo técnico han participado en su diseño. Laura Coombs, por ejemplo, ha tenido un papel relevante en la parte interior, en detalles que van desde los espacios comunes hasta la sensación que transmite cada estancia. En el vestuario, circular y concebido para reforzar el vínculo del grupo, las futbolistas eligieron cómo aparece su nombre en cada taquilla. El guiño es claro: recuerda al del Etihad Stadium, pero con identidad propia.

“Me encanta este edificio. Me encanta llegar a las puertas cada mañana”.

Habla de un salto de nivel. De un club que ya tenía instalaciones admirables y que, de repente, ha decidido ir un paso más allá solo para ellas.

Cuando le preguntan si es el mejor espacio en el que ha estado, la respuesta de la internacional inglesa, con más de 100 partidos con su selección y experiencia en un gigante como Lyon, no deja lugar a dudas: para un equipo femenino, sí. St George’s Park, dice, es espectacular. En Lyon, las instalaciones cumplían de sobra. Pero nada se le acerca a esto. La clave, para ella, está en que todo está pensado específicamente para el equipo, en cada detalle.

La nutrición, el gran cambio

Hay muchas razones por las que el nuevo centro ha sido recibido casi como un título más. Greenwood se detiene en una: la comida. La sensación de control absoluto. “Aquí controlamos todo lo que hacemos, la comida, el gimnasio, es todo nuestro”, explica. En un vestuario con múltiples nacionalidades y gustos muy distintos, poder adaptar cada menú marca la diferencia.

Emma Deakin, directora de servicios de rendimiento, va más allá al comparar el nuevo escenario con el anterior, compartido con los chicos de la academia. Allí había que alimentar a unos 200 jóvenes de entre 14 y 19 años. Otras necesidades. Otro paladar. Aquí, la cocina se convierte en una herramienta de alto rendimiento. Se puede planificar al detalle cómo debe ser la carga previa a un partido para una jugadora japonesa, para una jamaicana o para una brasileña. No es un buffet genérico: es combustible a medida.

Conexiones a pie de pasillo

Para Andree Jeglertz, el entrenador, el gran tesoro del nuevo complejo no está solo en la tecnología o en el diseño. Está en las distancias cortas. En que casi desaparecen.

Ya no hace falta reservar una sala para hablar con alguien. Basta con cruzarse en el pasillo, bajar un momento al gimnasio, sentarse a la hora de la comida junto a la jugadora con la que quiere comentar un detalle táctico. La palabra que repite es “conexiones”. Entre futbolistas. Entre técnicos. Entre todos los que sostienen el día a día del equipo.

El técnico atiende a la prensa en la zona lounge, un espacio híbrido: sofá y café por la mañana, pizarra y vídeo por la tarde. Allí se relajan las jugadoras. Allí mismo, con las luces bajadas y la pantalla encendida, se disecciona al siguiente rival. Esa dualidad lo convierte, para Jeglertz, en el corazón del edificio.

Hace unos días, ese mismo salón fue el escenario de otra imagen poderosa. La plantilla, junta, viendo el empate entre Arsenal y Brighton que certificaba su título de la WSL. De un entorno distendido a la tensión de saber que estaban a punto de ser campeonas. De la celebración al análisis. En cuestión de minutos.

“¿No es genial poder pasar de un ambiente relajado a un análisis táctico afilado en cinco minutos?”

En esa capacidad de cambiar de chip sin salir del mismo espacio ve la esencia del equipo que quiere construir: cercano, exigente, conectado.

Del trono de Chelsea al reto de dominar

Este nuevo hogar llega en un momento simbólico. El City acaba de destronar a un Chelsea que llevaba seis títulos de liga consecutivos. El mensaje es claro: no se conforman con haber interrumpido una dinastía, quieren levantar la suya.

El domingo, la victoria en semifinales de la FA Cup ante las londinenses añadió otra pieza al relato. Chelsea también dejará de ser el campeón de esa competición, que había ganado en cuatro de las últimas cinco ediciones. El City se ha ganado el papel de gran favorito para la final en Wembley frente al Brighton a finales de mes. Un escenario perfecto para estrenar la nueva era con otro trofeo.

No todo son certezas

En medio de esta sensación de crecimiento estructural y deportivo, sobrevuelan las dudas sobre el futuro de una figura capital: Khadija “Bunny” Shaw. Los informes que la sitúan fuera del club este verano, libre, no cesan. Y el nombre que más suena como destino es, precisamente, Chelsea.

Greenwood, que tiene su taquilla junto a la de la delantera en el vestuario —la única licencia que rompe el orden numérico—, no esconde su deseo: quiere que Shaw se quede “para siempre” en el club. La define como una persona increíble y sueña con seguir celebrando títulos a su lado durante muchos años.

El club, sin embargo, se prepara para cualquier escenario. Jeglertz dejó claro el fin de semana que su objetivo es tener, en julio, un equipo capaz de pelear de nuevo por el título, con Shaw o sin ella. La estructura, insiste, debe estar por encima de cualquier nombre.

Charlotte O’Neill, directora general del City, lo condensa en una frase que encaja con cada ladrillo del nuevo edificio: “Estamos intentando construir la máquina ganadora”. Y añade un matiz que pesa tanto como cualquier fichaje: basta mirar estas instalaciones para entender qué piensa City Football Group del fútbol femenino y de este equipo.

El mensaje ya no se escribe solo en el marcador. También en el hormigón, el cristal y el acero de la nueva casa del campeón. La pregunta es cuánto tardará esta “máquina” en convertir ese potencial en una hegemonía que marque época.

La nueva casa del campeón femenino del City